martes, octubre 4, 2022

Djalminha, perfeccionismo e indisciplina de un mago brasileño

 

Djalma Feitosa Dias, más conocido como Djalminha, fue uno de los mejores centrocampistas de la historia del fútbol brasileño, aunque su carácter perfeccionista y sus indisciplinas le acabaron traicionando en momentos clave de su prometedora carrera.

Es recordado por ser el cerebro del juego del mejor Sociedade Esportiva Palmeiras de la historia, estrella de los grandes éxitos del último gran Real Club Deportivo de La Coruña, miembro intermitente de una selección de Brasil irrepetible, y por una habilidad con el balón en los pies superlativa. 14 años de puro fútbol de museo y filigranas imposibles que nos hicieron soñar con algo más grande. Una enésima estrella que pudo aspirar a brillar mucho más.

 

 

Una historia de predestinación

Hijo del exinternacional Djalma Dias, Djalminha nació un 9 de diciembre de 1970 en la ciudad brasileña de Santos, aunque creció en Rio tras el fichaje de su padre por el Botafogo en 1971.

Hábil con el balón, desde edades muy tempranas, el pequeño Djalminha se inspiró a lo largo de su vida en el juego de las estrellas brasileñas de los años 60 que compartieron vestuario con su padre, como “Garrincha” o “Pelé”. Cada uno de sus regates y movimientos acrobáticos eran auténticos homenajes a aquellas estrellas, siempre al más puro estilo ginga.

 

 

Con tan solo 5 años, y después de pasar un pequeño test de nivel, entró a formar parte de la academia de pre-benjamines del Flamengo, periodo en el que recibió todo tipo de elogios gracias a su dominio impecable del balón, incluso por parte del mismísimo Pelé.

 

 

Por aquel entonces Djalminha se sentía un auténtico privilegiado, por todos los recursos que el club ponía a disposición de los más pequeños: formación deportiva, psicológica y social, aunque los campos de entrenamiento distaban mucho de ser ejemplares. De aquello también supo sacar provecho, adaptando su técnica a todo tipo de terrenos de juego.

 

 

En 1987, ya con 16 años cumplidos, Djalminha fue convocado para participar como recambio en la Seleção de Masters, una especie de selección de veteranos en la que jugaba su padre. En ese partido se dio la curiosidad que consiguió llamar la atención más que la propia estrella del partido, Pelé. Sorteaba de forma endiablada a sus rivales con una facilidad impresionante, sin arrugarse ante la más mínima provocación, mostrando su carácter competitivo y también los primeros indicios de agresividad.

Dos años después de ese memorable encuentro, Djalminha empezó a ganarse un sitio en el primer equipo del Flamengo alternando sus actuaciones con los júniors, con los que consiguió la Copa São Paulo de 1990. Su debut tuvo lugar en el Campeonato Carioca de la mano de Telé Santana, concretamente en la victoria por 1-0 sobre el América-RJ, en Maracaná. Ese día coincidió sobre el terreno de juego con Bebeto, Zinho, Marquinhos, Jorginho, Zé Carlos y Aílton.

 

 

El primer contrato profesional

La temporada siguiente con Jair Pereira en el banquillo del Fla, firmó su primer contrato profesional y pasó a formar parte del primer equipo, asumiendo su responsabilidad y convirtiéndose en uno de los jugadores con más minutos a sus espaldas. Incluso con varios nombres importantes en la plantilla, se las arregló para ser titular en la mayoría de encuentros y ayudó a los “rubronegros” a ganar invictos la Copa de Brasil de 1990, jugando en seis de los diez partidos de esa campaña. Djalminha también jugó aquella temporada algunos partidos amistosos en el extranjero y en el Campeonato Brasileño, aunque el equipo carioca no estuvo muy fino en esta última competición. Durante toda la temporada, Djalminha sumó un total de 41 partidos y marcó siete goles.

Al año siguiente, el enganche brasileño participó en varios partidos del campeonato carioca de 1991, y consolidó su etapa en el Flamengo con la consecución del esperado título del Campeonato Brasileño de 1992. Ese año Djalminha marcó los mismos siete goles que dos años antes, pero en menos partidos, 28 encuentros. Aunque no fue titular indiscutible, se convirtió en una pieza fundamental por su extraordinaria visión de juego y su magia que volvió totalmente loca a la afición “rubonegra”.

 

 

Su último partido con el Fla tuvo lugar en julio de 1993, en una derrota por 3-2 contra el Fluminense, en Niterói, en el Torneo Río-SP. Fue ese día, en pleno partido Fla-Flu, cuando protagonizó su primera gran indisciplina, peleándose con la estrella de su equipo, Renato Gaúcho. Algo que provocó que la directiva le invitara a abandonar el club de forma inmediata. “O mago” escogió a consciencia a su siguiente destino con el objetivo de sumar minutos, así que acabó yéndose al modesto Guarani Futebol Clube de Campinas en 1993, donde coincidiría con Luizão y Márcio Amoroso.

 

 

Leyenda del Guarani de Campinas… y del Shimizu S-Pulse

Sus increíbles actuaciones en el Estadio Brinco de Ouro da Princesa durante su primera campaña llamaron la atención del fútbol japonés en 1993. El Guarani vio la cesión con buenos ojos, al igual que Djalminha, ya que ambos salieron beneficiados económicamente. En la J-League vistió los colores del Shimizu S-Pulse, con el que jugó 11 partidos y marcó 4 goles.

 

 

A pesar del interés de los japoneses para mantenerlo en plantilla el resto de la temporada, el enero de 1994 volvió al Guarani de Campinas para formar un tridente demoledor junto a Luizão y el prometedor Amoroso, máximo goleador y mejor jugador del campeonato brasileño de 1994. Los tres formaron una de las puntas de ataque más legendarias del «Bugre» y del campeonato brasileño.

 

 

Con un balance final de 96 partidos y 47 goles con el Guarani, Djalminha llegó a uno de los mejores momentos de su carrera, en el que también jugó un papel muy importante en su formación profesional su técnico Carlos Alberto Silva. A finales de 1995 Djalminha recibió la llamada del Sociedade Esportiva Palmeiras de Vanderlei Luxemburgo, con la promesa de formar parte de un equipo legendario, y no dudó ni un instante.

 

 

Palmeiras, el punto y aparte en su carrera

Djalminha no llegó solo al Palmeiras en 1996, sino que lo hizo acompañado de Luizão. El Verdão no podía dejar atrás su letal conexión en los últimos metros para perfeccionar aún más a un equipo que era conocido como «la máquina mortífera». Velloso, Cléber, Cafú, Galeano, Amaral, Rivaldo y Müller fueron otros de los grandes motivos para pensar que Vanderlei Luxemburgo no iba de farol cuando aseguraba que tenía entre manos un equipo de leyenda. El once ideal empezó a entreverse durante la pretemporada con Cléber en la portería, Sandro y Galeano en defensa flanqueados por Junior y Cafú en las bandas y a Flavio Conceição y Amaral en el doble pivote defensivo. Los centrocampistas ofensivos eran Rivaldo y Djalminha, y en ataque, Müller y Luizão completando un once demoledor.

 

 

“Fue el equipo donde más me divertí, fue un placer jugar. Salíamos siempre a ganar y a marcar goles”. Al final de aquella apabullante campaña del Palmeiras, que también incluyó una victoria por 6-0 sobre el Santos en el Vila Belmiro, el equipo contaba con 27 victorias, dos empates, una derrota, 102 goles marcados y 19 encajados en 30 partidos. Ni más ni menos que 83 puntos de 90 disputados, y con el subcampeón São Paulo, obteniendo solamente 55. La única nota negativa fue la perdida de la final de la Copa de Brasil a pesar de llegar como favoritos ante el Cruzeiro en el Palestra Itália y por remontada (2-1).

 

 

En 1996, Djalminha fue elegido mejor jugador del Brasileirão por la revista Placar, en gran parte por sus jugadas superlativas, su fútbol samba, y por la ejecución impecable de bellos tiros libres que dieron la vuelta al mundo a través de los televisores de la época. Tras todos estos éxitos la selección absoluta de Brasil le convocó primero para la disputa del Tournoi de France, una especie de competición amistosa para empezar a calentar el ambiente mundialista en Francia de cara su Mundial en 1998, y posteriormente para disputar la Copa América de 1997, en Bolivia.

 

 

El entrenador Mário Jorge Lobo Zagallo se llevó a sus mejores jugadores y apostó por la dupla RoRo (Ronaldo y Romário), así como por la buena forma de Leonardo como centrocampista y el talento de Djalminha, Denilson y Zé Roberto. Aunque durante el torneo Djalminha tuvo un papel determinante, en el partido decisivo no jugó, pero Brasil venció a Bolivia por 3-1 y ganó su primera Copa América fuera de casa, con seis victorias en seis partidos, 22 goles marcados y tres recibidos.

Aquel trofeo continental supuso el único de Djalminha con la selección nacional y su salto al estrellato internacional. Europa era su próximo destino y muchos fueron los clubes que se interesaron por sus servicios. Finalmente, el Dépor se impuso en el mercado.

 

 

La llegada al Deportivo de la Coruña

La colonia brasileña formada por Rivaldo, Mauro Silva, Donato y Flávio Conceição fue clave para la adaptación de Djalminha y Luizao (sí, volvieron a ser fichados juntos) en A Coruña, al menos durante los primeros meses posteriores a su llegada en julio. Ver juntos a Djalminha y Rivaldo en el mismo equipo por segunda vez fue una verdadera delicia para los amantes del fútbol, aunque solo lo pudimos disfrutar durante la pretemporada, en torneos como el Teresa Herrera.

 

 

Aquel verano el mercado español fue de locos: Ronaldo se fue del FC Barcelona al Inter de Milán, y con el dinero de su traspaso el FC Barcelona le quitó Rivaldo al Deportivo en el último suspiro del mercado de fichajes pagando la totalidad de su cláusula de rescisión de 4.000 millones, un fatídico 15 de agosto de 1997.

 

 

Un duro golpe de efecto que rompió el proyecto ganador del Dépor. El conjunto gallego terminó aquella temporada en la posición número 12 de la tabla clasificatoria, sin ningún poderío ofensivo que le permitiera inscribir a uno de sus jugadores en el top 10 de máximos goleadores de aquella temporada. También se quedó fuera a las primeras de cambio de la Copa de la UEFA ante el Auxerre, consiguió únicamente 3 triunfos en toda la primera vuelta y los malos resultados de inicio acabaron con la destitución del técnico Carlos Alberto Silva en la 6ª jornada liguera.

 

 

La temporada 1998-1999 con Javier Irureta en el banquillo, el Dépor volvió a clasificarse para competición europea y Djalminha consiguió jugar a un gran nivel. Los blanquiazules finalizaron en la 6ª posición, a únicamente 2 puntos de la cuarta plaza, que por primera vez daba acceso a la Liga de Campeones. El equipo cerró la primera vuelta con una goleada histórica al Real Madrid (4-0) y con únicamente 4 derrotas en toda la segunda vuelta consiguió aventajar a Espanyol y Athletic en la pugna por la última plaza en la Copa de la UEFA.

La Copa del Rey dejó de nuevo un sabor agridulce. Tras una memorable eliminatoria ante el Celta, resuelta en el último minuto de la prórroga en Riazor con un gol del “Turu” Flores, el Atlético de Madrid arrebató en semifinales a los coruñeses las opciones de levantar un nuevo trofeo. Tras el 0-0 en el Calderón, los colchoneros se colaron en la final merced a un solitario gol de Michele Serena en el encuentro de vuelta en A Coruña.

 

 

La primera Liga española

El gran sueño de Djalminha y el Dépor se hizo esperar, pero llegó un 19 de mayo de 2000. Tras el subcampeonato de 1950 y quedarse a 11 metros del título en 1994, llegaba la hora de celebrar el título de Liga en A Coruña. La Liga más igualada de la historia, como atestiguan los 69 puntos y 11 derrotas que subieron al casillero del Dépor y los 27 puntos de distancia entre el campeón y el primer descendido, tuvo un epílogo imborrable, en un Riazor abarrotado, con goles de Donato y Makaay.

Djalminha aquella temporada fue héroe contra el Real Madrid, con una descomunal lambretta al borde del área que acabó en pase de gol, con error final de Víctor del Amo. Pero también fue el villano ante el Zaragoza por su autoexpulsión al quitarse la camiseta para festejar el gol sabiendo que ya había recibido una amonestación previa. En la Copa del Rey y de la UEFA los coruñeses no pasaron de octavofinalistas.

 

 

La temporada 2000-2001 arrancó con un nuevo título, la Supercopa de España conquistada frente al Espanyol en Riazor (2-0, tras el 0-0 de la ida en Barcelona, y con un histórico estreno en la Liga de Campeones. En la máxima competición continental, el Deportivo superó las dos primeras fases de grupos, ganó en el Parque de los Príncipes y sacó un decisivo y merecido empate en Milán y se plantó en los cuartos de final ante el equipo revelación de la Premier League inglesa, el Leeds United.

Un mal día en Elland Road (3-0) dificultó una remontada que no se produjo por los pelos (2-0) en un arrollador encuentro de vuelta. En la Liga, el equipo alcanzó una enorme regularidad, que le dio para, en el ecuador del campeonato, situarse en una segunda plaza que no abandonaría hasta la conclusión del torneo. Por encima, un intratable Real Madrid, que no dejó que los coruñeses se acercasen a menos de 4 puntos. El Dépor sumó 4 puntos más que los que le valieron el año anterior para ser campeón, pero los merengues cantaron el alirón cuando aún restaban dos jornadas por disputarse.

 

 

El gran del declive

La temporada siguiente el Deportivo y Djalminha vivirían uno de los episodios más vergonzosos de la historia del fútbol español. El mayo de 2002 Djalminha protagonizó un grave enfrentamiento con el técnico Javier Irureta, que le costaría su cesión al fútbol austríaco para la temporada 2002-2003, y le pondría en el pasillo de salida al final de la temporada 2003-2004. El temperamento del centrocampista le llevó a ver tarjetas rojas muchas veces evitables.

Además, su constante desacuerdo con las ideas del entrenador acabó provocando roces cada vez más frecuentes y violentos, que aparecieron en los medios de comunicación y que incluso llevaron al jugador a calentar el banquillo del club gallego, sobre todo en el primer semestre de 2002. El centrocampista se mostró en contra de no jugar de forma ofensiva, criticando la mentalidad del club, que según él “se sentía cómodo alcanzando la cuarta o quinta posición en un campeonato”.

 

 

La chispa de esta relación se produjo en vísperas de la final de la Copa del Rey de 2002 en la que el Deportivo ganaría al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Concretamente cuando durante un entrenamiento, Djalminha no estuvo de acuerdo con la señalización de un penalti y comenzó a discutir con el asistente Paco Melo. El entrenador Irureta fue a defender al asistente y Djalminha discutió con Irureta. El entrenador maldijo al brasileño, que replicó con una mirada fija y un ligero cabezazo, que llegó a Brasil como si hubiera sido un “enorme” cabezazo.

Con la repercusión terrible del caso en la prensa internacional, Felipão dejó fuera del Mundial de 2002 a Djalminha y llevó a un recién llegado Kaká, que se proclamó campeón del mundo por primera vez. Las graves consecuencias del desencuentro con Irureta se cobraron la permanencia de Djalminha en el Deportivo. Fue cedido al fútbol austriaco durante la temporada 2002-2003, regresó a España poco después, pero dejó el club gallego en 2004 para una breve estancia en México.

 

 

El centrocampista llegó al América para retirarse del fútbol en el 2004 con 34 años donde no logró tener una gran cantidad de partidos en la institución y donde incluso se le acusó del despido de su entrenador Óscar Ruggeri, después de que este no lo alineara en el once titular. Djalminha alcanzó a jugar un total de 6 partidos con la playera azulcrema, con la que se le vio apático, lesionado y muy poco participativo, años luz de lo que fue. “No lo hacía jugar los fines de semana por el desgano que exhibía en los entrenamientos, ya que no practicaba con la misma intensidad que sus compañeros y hasta se mostraba demasiado displicente”, confesó el excampeón del mundo.

 

 

El final

Así pues con casi 35 años y con problemas de lesiones, el centrocampista brasileño decidió retirarse del fútbol ese año, muy a pesar de su “falta de pasión”, como él mismo dice. Nada hacía feliz al jugador, que se quejaba de los entrenamientos, de la concentración y de todo el ambiente futbolístico. De vuelta a Brasil, Djalminha estuvo dos meses disfrutando de su retiro, pero decidió retomar la vida deportiva jugando al Showball, perfecto para una estrella como él.

El jugador fue incluso el máximo goleador de la conquista de Brasil en el Mundialito de este deporte, en 2006, en España, con seis goles y mucha exuberancia en el país donde fue un gran showman. Posteriormente, vistió la camiseta del Flamengo y también ganó títulos de Showball, y en 2008 volvió al Depor para incorporarse al equipo de fútbol sala junto a grandes leyendas del club gallego como Donato, Fran, Noureddine Naybet y Jacques Songo’o.