viernes, septiembre 30, 2022

Camerún en el Mundial de Italia 90

 

Camerún en el Mundial de Italia de 1990 dejó al mundo entero fascinado convirtiéndose en la revelación del torneo por su alegría, entusiasmo e intensidad sobre el terreno de juego. A su vez, fue la primera gran hazaña de la historia del fútbol africano en la máxima competición de selecciones.

Antes del comienzo de la competición, el pase de Camerún más allá de la fase de grupos parecía improbable, y menos aún que llegara hasta los cuartos de final. Aunque había ganado la Copa Africana de Naciones en 1982 y 1988, y quedado finalista en 1986, su potencial parecía estar lejos de dar una gran campanada. Por aquel entonces había solamente dos plazas de clasificación para los países africanos, y fueron ocupadas por Leones Indomables y Egipto.

 

 

Es cierto que Marruecos, en la edición de 1986, ya había realizado una gran hazaña al convertirse en el primer equipo africano en clasificarse para los octavos de final. Sin embargo, no se esperaba un rendimiento similar por parte de Camerún. Su entrenador, nombrado en julio de 1988, era el soviético Valeri Nepomniachi. Este no hablaba ni una palabra de francés, a pesar de ser una de las dos lenguas oficiales del país junto con el inglés. Su cargo fue muy discutido después de la Copa Africana de Naciones, celebrada en Argelia el enero de 1990. Camerún fue derrotada dos veces en la fase de grupos y fue lamentablemente eliminada en la primera ronda.

Encima para el Mundial de Italia quedaron encuadrados en el sorteo en un grupo formado por equipos muy potentes: la URSS, subcampeona de Europa en 1988. En segundo lugar, Rumanía, cuyo equipo estaba formado por muchos jugadores del Steaua de Bucarest, campeón de la Copa de Europa de 1986. Y por último, el rival más temible, la Argentina de Diego Armando Maradona, la última campeona del mundo y con la que compartirían el partido inaugural.

 

 

La preparación para la gran cita

Con la presión asfixiante de la decepción de su participación en la CAN argelina, la preparación para el Mundial estaba lejos de poder ser relajada. Fue entonces cuando el propio presidente camerunés, Paul Biya, decidió utilizar su autoridad como jefe de Estado con el entrenador Valeri Nepomniachi. ¿Su objetivo? Conseguir un golpe de efecto pidiendo el retorno de un jugador recién retirado del modestísimo Saint-Pierre de la Isla Réunion para que ayudara al equipo. Su nombre lo conocemos todos, Roger Milla. El Presidente Biya utilizó toda su influencia para que el delantero, de 38 años, fuera convocado a la cita mundialista.

Con la incorporación de su última gran estrella en horas bajas, la expedición camerunesa se puso en marcha para la preparación en la antigua Yugoslavia. Sin embargo, no se trataba de un stage de preparación, sino de un «campamento militar», según explicó André Kana-Biyik. La preparación fue extremadamente densa y dura, centrada principalmente en el trabajo físico. Además, fueron alojados en un albergue de bajo coste por la Federación de Camerún. Incluso el portero Joseph-Antoine Bell, se atrevió a denunciar públicamente aquellas condiciones a los medios de comunicación franceses.

 

 

Entonces, justo antes del comienzo de la competición, surgió un grave conflicto sobre las primas entre los jugadores y la Federación de Camerún. Aunque se llegó a un acuerdo el día antes del partido inaugural. La cruel consecuencia de toda aquella disensión fue que Bell se vio excluido de la alineación titular, incluso amenazado con la exclusión del equipo. Thomas N’Kono ocupó su sitio en un vestuario con ambiente tenso y conflictivo.

 

El inicio de una bella historia

Por fin llegó el 8 de junio de 1990. Desde los primeros minutos, los espectadores del Giuseppe Meazza (San Siro) de Milán disfrutaron de un partido sorprendentemente igualado, apretado y carente de ocasiones. Los argentinos se apoyaron en el genio de Maradona para crear peligro y desequilibrar al rival, aunque sin suerte. En el minuto 62, André Kana-Biyik fue expulsado por una fuerte falta sobre Caniggia. Con 10 hombres, los cameruneses debieron perder su fe, pero lo cierto es que pasó todo lo contrario. Cuatro minutos después, los Leones Indomables ejecutaron un tiro libre envenenado. El balón, desviado por Makanaky, se fue al cielo del área argentina. Ese fue el momento que eligió François Omam-Biyik para levantarse con un salto extraterrestre a 2,96 metros del suelo! ¡1-0 a Camerún!

 

 

Argentina intentó entonces por todos los medios volver al partido. En el minuto 88, Camerún vio la segunda tarjeta roja. Los campeones del mundo terminaron el partido con once hombres contra nueve. Pero no se pudo hacer nada. Maradona y su equipo fueron derrotados desde el principio por los organizados y unidos cameruneses.

La fiesta organizada en el hotel de los jugadores cameruneses fue digna de la inmensa hazaña que acababan de conseguir. Ninguno de ellos sabía que en realidad solamente habían puesto la primera piedra de una formidable epopeya. De hecho, lo que parecía ser una actuación afortunada y puntual se convirtió en magia en el segundo partido contra Rumanía. Al igual que contra Argentina, Roger Milla comenzó el partido en el banquillo. Cuando entró en el minuto 59, el marcador seguía 0-0. Y el veterano camerunés solamente necesitó veinte minutos para poner a todos de acuerdo. En primer lugar, no dudó en entrar en contacto con su defensor para salir victorioso de su duelo. Su sangre fría marcó la diferencia: 1-0. Luego, aprovechando su velocidad y facilidad técnica, marcó dos goles en menos de 10 minutos. 2-0 para los Leones Indomables, y una imagen mítica, la de Roger Milla yendo directo al banderín de córner bailando. A sus 38 años, «el viejo León» se convirtió en el delantero más veterano de la historia de la Copa del Mundo. Y con dos victorias en dos partidos, Camerún logró la hazaña de clasificarse para los octavos de final. A pesar de la derrota por 4-0 contra la URSS en su último partido, incluso terminaron primeros de grupo.

 

 

Y lo que fue un gran logro inesperado se convirtió más tarde en una leyenda. En la octava ronda, fueron los talentosos colombianos liderados por Carlos Valderrama y el portero René Higuita quienes se enfrentaron a Camerún. El partido estuvo equilibrado y, una vez más, fue la entrada de Milla la que cambió las tornas. En plena prórroga, despejó a dos defensas tras un sutil control y una aceleración fulgurante. Higuita no pudo hacer nada con su hermoso disparo de zurda: ¡1-0 para los Leones Indomables!

¿Se clasificaría Camerún para los cuartos de final del Mundial? Colombia presionaba para volver al partido. Pero la leyenda se convirtió en mito. Tras un despeje camerunés, Higuita viene a recoger el balón en el centro del campo para lanzarlo rápidamente hacia atrás. Milla se acercó a él para presionarle y el portero colombiano intentó regatearle. Lo que ocurrió a continuación fue una de las imágenes más icónicas de la historia de la Copa del Mundo. Milla recogiendo el balón de los pies de Higuita, y corriendo hacia la portería vacía, con todos los Leones rugiendo de alegría detrás de él. Ningún colombiano lo atraparía. 2-0. A pesar del gol de Redin, el partido había terminado. ¡Camerún se clasificaba para los cuartos de final! En cuatro partidos, Milla, N’Kono, Omam-Biyik y los demás habían puesto a Camerún y a África en el mapa del fútbol mundial. Habían llenado de orgullo los corazones de todo un continente.

 

 

«Esta victoria contra Colombia demuestra al mundo entero que estos pequeños africanos, acostumbrados a hacer el ridículo, deben ser tomados en serio a partir de ahora», anunciaba André Kana-Biyik.

 

Vuelta a la realidad

¿Podría Camerún derrotar a la Inglaterra de Gary Lineker, Chris Waddle y Paul Gascoigne? Omam-Biyik estuvo a punto de abrir el marcador en el minuto 12, pero Shilton realizó una parada decisiva. En un contragolpe, fueron los Rosebuds los que se adelantaron con su única ocasión de la primera parte. El cabezazo de Platt encontró el fondo de la red, y en el descanso Inglaterra ganaba 1-0.

Nepomniachi no esperó más para sacar a su «arma secreta». Milla entró en el minuto 46, y otra vez todo cambió. Camerún se hizo con el control del partido, y en el minuto 61, el abuelo de los Mundiales recibió un pase ideal en el área por parte de Omam-Biyik. Gascoigne solamente tiene una solución: secar al león antes de que rugiera. ¡Penalti! Kunde se apresuró a convertirlo: 1-1 en el marcador.

Los cameruneses se sintieron más esperanzados cuando, cinco minutos más tarde, Milla envió un magnífico balón en profundidad a Ekeke. Este solamente tuvo que superar a Shilton, que había salido a su encuentro, con un fantástico balón picado: ¡2-1! Era una locura, Milla y su equipo bailan al unísono en el campo.

 

 

Pero aquella alegría se convirtió en miedo cuando Inglaterra, gracias a un penalti de Lineker en el minuto 83, empató. Los cameruneses siguieron dominando, pero hizo falta un Shilton atento en todo momento para salvar a su equipo. Los ingleses tuvieron que recurrir a un Gary Lineker con nervios de acero para salvarse, y el delantero volvió a anotar otro penalti, haciendo el 3-2 para Inglaterra en el minuto 105.

Esta vez, a pesar de sus esfuerzos, los Leones Indomables no remontarían. Fue el final de una fiesta maravillosa y una sorpresa divina. Milla y su equipo se merecían la vuelta de honor que dieron después ante los vítores del público y las felicitaciones de los ingleses. De hecho, como escribió más tarde L’Equipe: «Inglaterra jugará en semifinales, pero es Camerún quien merece los aplausos».

 

 


Paola Murrandi