Rivaldo año cero, el cruel orígen de un campeón

 

“Construí mi carrera sobre un milagro, sin ningún recurso financiero, sin agente, y solamente con los ánimos de mi familia, desanimado por los médicos y los entrenadores. Pero vi un sueño hacerse realidad, fui reconocido como mejor jugador del mundo”.

Vitor Barbosa Ferreira, conocido popularmente como Rivaldo, nació el 19 de abril de 1972 en Recife (estado de Pernambuco, Brasil) en el seno de una familia numerosa sumida en la extrema pobreza. Malvivió durante toda su infancia, y gran parte de su adolescencia, en diversas favelas del puerto, a tan solo 50 minutos de la zona de playas abarrotadas de turistas, y a pocos minutos de un campo de tierra, con porterías oxidadas y sin redes.

 

 

La extrema pobreza en la que vivía quedó reflejada en su físico a muy temprana edad: sufrió malnutrición y la pérdida de varios dientes. Los graves problemas económicos de su familia no cesaban, y se vio obligado a buscar todo tipo de trabajos a muy temprana edad: vendedor ambulante en las playas vendiendo bombones, pasteles, bebidas y chicles a los turistas, organizador de inocentes rifas populares entre amigos y ayudando a cargar fardos en los mercados del puerto. Pequeños sueldos totalmente insuficientes como para poder paliar la catastrófica economía familiar o incluso comprarse un par de zapatos.

Rivaldo en busca de un futuro mejor jugó de los 11 a los 13 años en la cantera del Santa Cruz Futebol Clube de Recife, donde fue entrenado por Mário Santana. Pero, como era demasiado pequeño y endeble, fue expulsado del equipo. No le quedó más remedio que dedicarse a jugar torneos amateurs esperando que algún ojeador se fijara en él, y ese día llegó gracias a la intermediación de su padre. Un buen día anotó 4 goles en un partido, y entre los espectadores se encontraba el entrenador del Paulista Futebol Clube Claudio Ponei, amigo de su padre Romildo, que vino a verle en un torneo y quedó encantado con su juego. “El día que le vi jugar, Rivaldo marcó cuatro goles. Hablé con su padre y el Paulista lo contrató sin dudarlo”, afirmó Ponei.

 

 

En cuanto Rivaldo fue inscrito en la Federación de Fútbol de Pernambuco para la temporada 1989-1990, Claudio Ponei lo hizo jugar todos los partidos de delantero centro, porque era mucho más alto que sus rivales. “Le dije a Rivaldo que jugaría como delantero centro porque tendría una gran ventaja. Y fue un éxito, en total marcó 28 goles”.

 

 

Cuando parecía que la alegría aparecía por primera vez en la vida del joven Vítor, el destino le tenía reservada una enésima desgracia… Su padre, Romildo, falleció tras ser atropellado por un autobús en 1989, con el triste agravante de que su familia se enteró casi 24 horas más tarde al escuchar el accidente por la radio tras una madrugada de terrible ansiedad ante su ausencia.

Rivaldo, tras una grave depresión, decidió concentrarse en su objetivo de llegar algún día a ser profesional dándolo todo sobre el terreno de juego. “Nos enfrentamos al Santa Cruz, en Arruda, ganamos con dos goles de Rivaldo, y el presidente del Santa Cruz, después de ver las gilipolleces que había hecho el entrenador, quiso recuperarlo. El propietario del Paulista aceptó la propuesta y Rivaldo volvió a su club favorito para la temporada 1990-1991. Cuando empezó a jugar conmigo no tenía nada. Apenas se alimentaba. Recuerdo que le di un uniforme y mis botas para que jugara” explica Ponei, que hoy en día le recrimina que no lo haya reconocido como su gran descubridor/valedor.

 

 

Rivaldo acabó consiguiendo su anhelado propósito cuando firmó su primer contrato profesional con el Santa Cruz a los diecinueve años, para la temporada 1991-1992. Todavía como juvenil, jugó algunos partidos en el Campeonato de Pernambuco de 1990 (marcando un gol), ayudando al Santa Cruz a ganar el título, por fin la vida le sonreía.

 

 

Después de destacar en la Copa São Paulo de Juniores, en 1992 fue cambiado por cinco jugadores con el Mogi Mirim y ni siquiera regresó a Pernambuco después del torneo, dejaba atrás suficiente tristeza. Se fue al club del interior de São Paulo junto con sus compañeros Válber y Leto. En el Sapão participó con ellos en la Copa São Paulo y la conquista de la Serie A2 del Campeonato Paulista, aquel equipo fue conocido como “Carrusel Caipira”. Incluso en aquel momento, Rivaldo no era considerado la mayor promesa del club, y sí lo era Válber.

 

 

A mediados de 1993, cuando Rivaldo fue noticia por un espectacular gol desde el centro del campo, el Corinthians consiguió su cesión y la de otros jugadores clave del Mogi: Válber, Leto y el ala Admílson. Empezaba, ahora sí, su ascensión hasta convertirse en el mejor jugador del mundo.