Dener, el enésimo prodigio de Brasil que la muerte nos privó de disfrutar

 

Sí, Dener pudo poner en duda el reinado del joven Ronaldo en 1994 como mayor promesa de aquel entonces. Un jugador espectacular que sorteaba rivales con extrema velocidad al más puro estilo «Garrincha».

 



 

Fue sin duda uno de los mejores artistas del balón que dio Brasil durante la década de los 90 aunque un accidente mortal cuando tan solo tenía 23 años lo cortó una carrera meteórica. Justo en aquel momento tenía apalabrado su traspaso al VfB Stuttgart, y se rumoreaba su presencia en la lista de preseleccionados de Carlos Parreira para el Mundial de Estados Unidos de 1994.

 

 

Un centrocampista extremadamente rápido y hábil, considerado uno de los prodigios brasileños más prometedores de su generación, que tuvo que luchar también contra las lesiones, que le complicaron su corta carrera. También es considerado el último gran jugador en la historia de la Portuguesa, donde fue conocido como el «Reizinho do Canindé».

 

 

Su debut con la selección brasileña absoluta le llegó a sus recién cumplidos 20 años de manos del seleccionador Paulo Roberto Falcão, un 27 de marzo de 1991 contra la selección de Argentina en un vibrante empate a 3 en la cancha de Vélez.

 

 

El 28 de mayo repitió contra la selección de Bulgaria, con Hristo Stoichkov como superestrella. Aquellos partidos con la canarinha le sirvieron para despertar el interés del Anderlecht y Brujas, aunque la Portuguesa lo acabaría convenciendo para permanecer en Brasil. En total sumó 9 participaciones con Brasil Sub23, y dos partidos con la absoluta bajo las órdenes de Paulo Roberto Falcão.

 

 



 

El drama de un talento de ascenso meteórico

Dener Augusto de Sousa nació el 2 de abril de 1971 en Vila Ede, un barrio humilde de la periferia norte de São Paulo. Al igual que muchos niños brasileños, tuvo una infancia difícil viéndose obligado a trabajar, aunque nunca renunció a su sueño de triunfar en el mundo del fútbol. Sus primeros pinitos con el balón los realizó, como no, jugando a fútbol sala hasta los 11 años, cuando lo fichó por el São Paulo.

 

 

La etapa con los tricolor tan solo duró dos meses a causa de sus pocas participaciones en el equipo titular, y prefirió acceder a las categorías inferiores de la Portuguesa, donde debutó con António Lopes, clásico de los banquillos brasileños, que lo recuerda así, “en aquella época había un directivo que me pidió probarlo en el primer equipo. Llegó un día de partidillo. Le dije al utillero que le diera la ropa, pero él se quedó a un lado, fuera, y yo ni me di cuenta. Al final de la pachanga lo hice entrar. A la primera le hizo un lençol (sombrero) al central titular. A la segunda, se elevó con la pelota sobre una entrada con las dos piernas por delante. Yo no tenía ninguna fe al verlo, era un negrito flaco con piernitas. Pero la reventó. Hablé inmediatamente con el presidente, pedí que se alojara en la residencia del club y que le dieran un buen salario, muy superior al del fútbol sala”.

 



 

Su calidad en la media punta le llevó a ser nombrado como el mejor jugador de la Copa São Paulo Junior que conquistó su equipo. Su espectacular rendimiento y su estilo de escuela Ginga le permitieron subir al primer equipo, donde comenzó a llamar la atención de todo Brasil con sus endiablados regates. Debutó en septiembre de 1989 con el primer equipo sustituyendo a Roberto Dinamita, y permaneció en el once inicial hasta 1993, jugando 47 partidos de la Serie A del Campeonato Brasileño y marcando siete goles.

 

 

En 1993, el Corinthians se encaprichó de él, pero finalmente la operación no avanzó por las altas pretensiones económicas de la Portuguesa, y acabó siendo cedido primero al Grêmio de Porto Alegre, donde ganó el Campeonato Estatal de Río Grande do Sul y jugó cuatro partidos de la Copa de Brasil durante ese año. Al año siguiente, fue cedido por segunda vez al Vasco de Río de Janeiro, donde jugó dos partidos de la Copa de Brasil y marcó un gol, y ganó el Campeonato Estatal de Río de Janeiro a título póstumo.

 

 

A pesar de jugar en Vasco, Dener seguía perteneciendo a la Portuguesa. Por ello, el fin de semana del 16-17 de abril de 1994 viajó a São Paulo para reunirse con los dirigentes del club para negociar su pase a Europa, concretamente al Stuttgart alemán. Sin embargo, cuando Dener volvía de São Paulo dirección Lagoa Rodrigo de Freitas el lunes 18, sufrió un terrible accidente que acabó con su vida. El conductor del coche se durmió al volante y Dener, que iba de copiloto, falleció ahogado por el cinturón de seguridad después de una fuerte colisión.