miércoles, diciembre 7, 2022

Dener, el enésimo prodigio de Brasil que la muerte nos privó

 

Dener pudo haber puesto en duda el reinado del joven Ronaldo en 1994 como mayor promesa del fútbol brasileño de finales del siglo XX. Era un jugador realmente espectacular que sorteaba rivales con extrema velocidad al más puro estilo Mané Garrincha.

Uno de los mejores artistas del balón que dio Brasil durante la década de los 90, aunque un accidente mortal cuando tan solo tenía 23 años le cortó una carrera meteórica. Justo en aquel momento tenía apalabrado su traspaso al VfB Stuttgart, e incluso se rumoreaba su presencia en la lista de preseleccionados de Carlos Parreira para el Mundial de Estados Unidos de 1994.

 

 

Apenas lo pudimos disfrutar 116 partidos en primera, con 42 goles. Un centrocampista extremadamente rápido y hábil, considerado uno de los prodigios brasileños más prometedores de su generación, que tuvo que luchar también contra las lesiones, que le complicaron su corta carrera. También es considerado el último gran jugador en la historia de la Portuguesa, donde fue conocido como el “Reizinho do Canindé”.

Tras la eliminación del Mundial de Italia a manos de Argentina, el fútbol brasileño comenzó a plantearse una seria limpieza en la canarinha. Si bien aquel equipo no tenía una media de edad que rozara la trentena, sí que necesitaba sangre fresca. Para la Copa América de 1991 disputada en Chile, se cambiaron hasta 15 jugadores respecto a la convocatoria para Italia 90. Fuera de esa lista se quedó un jugador que lo tenía todo, pero que aún era demasiado joven, era Dener. Su debut con la selección brasileña absoluta tuvo que esperar y le llegó a sus recién cumplidos 20 años, de manos del seleccionador Paulo Roberto Falcão, un 27 de marzo de 1991 contra la selección de Argentina, en un vibrante empate a 3 en la cancha del Club Atlético Vélez Sarsfield.

 

 

El 28 de mayo repitió contra la selección de Bulgaria, con Hristo Stoichkov como superestrella. Aquellos partidos con la canarinha le sirvieron para despertar el interés del Anderlecht y Brujas, aunque la Portuguesa lo acabaría convenciendo para permanecer en Brasil. En total sumó 9 participaciones con Brasil Sub23, y dos partidos con la absoluta bajo las órdenes de Paulo Roberto Falcão.

 

 

El origen humilde de un niño premiado con el don del ginga

Dener Augusto de Sousa nació el 2 de abril de 1971 en Vila Ede, un barrio humilde de la periferia norte de São Paulo. Al igual que muchos niños brasileños, tuvo una infancia complicada, aunque nunca renunció a su sueño de triunfar en el mundo del fútbol. Sus primeros pinitos con el balón los realizó, como no, jugando a fútbol sala hasta los 11 años, cuando fichó por el fútbol base del São Paulo.

 

 

Cumplía perfectamente con el tópico del futbolista brasileño de origen pobre y crecido en el fútbol callejero. Decía su madre en un reportaje que el pequeño Dener jugaba antes de andar, tan menudo que rodaba con el cuerpo encima de la pelota. Combinaba una velocidad fuera de lo común con una coordinación extraordinaria, un malabarista del balón sobre piernas de alambre. Asombraba en especial por su coordinación de velocidad y elasticidad: eludía patadas con una plasticidad pocas veces vista, con un cuerpo casi raquítico, producto de una alimentación deficitaria acorde a la situación de pobreza en la cual vivía.

 

 

En poco tiempo demostró que en esos pequeños campos no se podía expresar en su totalidad como artista que era, su estilo de juego necesitaba más metros. Pronto dio el paso al fútbol 11, con un equipo de Vila Ede. Su posición perfecta era la de mediapunta escurridizo pero con cierta precisión para habilitar delanteros y una interesante efectividad delante del arco. Pero la vida le tenía preparada otra zancadilla, y el jugador, huérfano de padre desde los ocho años, tuvo que aparcar momentáneamente sus aspiraciones de llegar a ser un futbolista profesional con 15 años para poder trabajar.

 

 

Si bien en un principio sus hermanos le propusieron que él siguiera jugando al fútbol y buscando acceder al fútbol base de algún gran club brasileño, mientras ellos trabajaban, Dener consideró que eso era injusto y se negó. Por la mañana iba al colegio y por la noche trabajaba, mientras que los fines de semana jugaba con el Familia Vila Ede FC en los campeonatos intercolegiales. Taquá, compañero y amigo de Dener en aquel equipo, recuerda una anécdota sobre aquellos torneos: “Dener era muy pequeño físicamente y jugábamos contra equipos que no solo tenían jugadores mayores que nosotros, sino también mejores. Recuerdo uno en particular contra un equipo que tenía un crack llamado Rodolfo. Dener sabía que para ganar había que pararlo. En una pelota dividida fue directamente con la mano hacia la cara de Rodolfo y le metió un dedo en el ojo. Rodolfo no pudo seguir jugando y ganamos el partido. Dener era muy vivo”.

 

 

En aquellos campeonatos inter colegiales Dener era una de las figuras que todo el mundo iba a ver, pero la situación económica se volvía cada vez más complicada y pública. Después de un partido en Familia Vila Ede FC, fue acusado de robarse un reloj, el cual apareció en su mochila. Él juró y perjuró que no había sido, que se lo habían colocado allí. Fue suspendido durante un tiempo y su equipo perdió fuelle. Fue perdonado y volvió a jugar. Sus hermanos, enterados del hecho, nunca creyeron que había sido inculpado. Temían que el talento de su hermano se desviase por mal camino. Hablaron con su madre y le pidieron que permitiera que el pequeño se pudiera dedicar solo al fútbol. Fue así como Dener se fue a probar al equipo de sus amores, el São Paulo.

 

 

Fracaso en el São Paulo, un futuro prometedor en la Portuguesa

Tras convencer a los técnicos del fútbol base del tricolor, tan solamente permaneció allí dos meses, a causa de sus pocas participaciones en el equipo titular, y prefirió acceder a las categorías inferiores de la Portuguesa, donde debutó con António Lopes. Un clásico de los banquillos brasileños, que lo recuerda de este modo, “en aquella época había un directivo que me pidió probarlo en el primer equipo. Llegó un día de partidillo. Le dije al utillero que le diera la ropa, pero él se quedó a un lado, fuera, y yo ni me di cuenta. Al final de la pachanga lo hice entrar. A la primera le hizo un lençol (sombrero) al central titular. A la segunda, se elevó con la pelota sobre una entrada con las dos piernas por delante. Yo no tenía ninguna fe al verlo, era un negrito flaco con piernecitas. Pero la reventó. Hablé inmediatamente con el presidente, pedí que se alojara en la residencia del club y que le dieran un buen salario, muy superior al del fútbol sala”.

 

 

Sus actuaciones en la Portuguesa comenzaron a asombrar, a la vez que convivían con sus berrinches e indisciplina. Pero todos sabían, desde el presidente hasta el último suplente, que Dener aportaba al equipo un plus. Capitao, uno de los jugadores más experimentados que tenía Portuguesa en aquel entonces, cuenta que “le pedíamos por favor al entrenador que no lo sancione. Llegaba tarde, a veces desaparecía… pero era el que nos hacía ganar los partidos”. Uno de esos entrenadores fue José Macia, compañero de Pelé en el Santos y entrenador de la Portuguesa en 1990. Pepe confirma lo que decía Capitao: “Dener fue el único jugador con el cual hice excepciones en toda mi carrera como entrenador. De lo que yo viví y vi jugar, fue lo más cercano a Pelé”. Pavada de elogio. Véanlo con sus propios ojos”.

 

 

Su calidad en la media punta le llevó a ser nombrado como el mejor jugador de la Copa São Paulo Junior que conquistó su equipo. Su espectacular rendimiento y su estilo de escuela Ginga le permitieron subir al primer equipo, donde comenzó a llamar la atención de todo Brasil con sus endiablados regates. Debutó en septiembre de 1989 con el primer equipo, sustituyendo a Roberto Dinamita, y permaneció en el once inicial hasta 1993, jugando 47 partidos de la Serie A del Campeonato Brasileño y marcando siete goles.

 

 

Buscando un futuro mejor

En 1993, el Corinthians se encaprichó de él, pero finalmente la operación no avanzó por las altas pretensiones económicas de la Portuguesa, y acabó siendo cedido primero al Grêmio de Porto Alegre, donde ganó el Campeonato Estatal de Río Grande do Sul y jugó cuatro partidos de la Copa de Brasil durante ese año.

 

 

Al año siguiente, fue cedido por segunda vez al Vasco de Río de Janeiro, donde jugó dos partidos de la Copa de Brasil y marcó un gol, y ganó el Campeonato Estatal de Río de Janeiro a título póstumo. En aquel momento ya era padre de tres hijos con su novia de toda la vida.

 

 

Brilló clasificando al equipo en la final del campeonato Carioca, un torneo plagado de clásicos que dan pie a la mayor de las rivalidades. En este caso, ganó la Taça Guanabara, una copa previa al cuadrangular final, frente a Fluminense. Dejó perlas en los campos y en los micrófonos: “Yo creo que muchas veces un regate es más bonito que un gol”, aseguraba en una entrevista al inicio de 1994. Por aquel entonces Maradona jugaba en Newell’s Old Boys y el Vasco fue a jugar un amistoso en Rosario. Quedaron 0-0, pero efectivamente Dener demostró que no hace falta marcar gol para dejar asombrado a alguien, incluso a Maradona. “Hizo una jugada que dejó tumbado a medio equipo argentino y recuerdo a Diego preguntando por él, alucinado”, comenta Luisinho. El diario argentino Clarín dijo en la crónica de aquel partido que en la primera arrancada demostró “por qué su pase vale tres millones de dólares”.

 

 

Su compañero de delantera en el Vasco, el goleador Valdir, aún a día de hoy lo compara con Neymar: “Ambos fueron estrellas en grandes equipos brasileños, pero Neymar saltó al Barcelona y Dener ya no tuvo oportunidad de nada”. Dice Valdir, igual que otros compañeros en Vasco, que en Río de Janeiro, lejos de su casa y amistades de São Paulo, Dener estaba más centrado. Que salía menos y entrenaba más y mejor. Pero algo ocurrió aquel fin de semana que se hizo acompañar por Otto Gomes Miranda, amigo de futbolistas como Romário y Edmundo y muerto años después en un tiroteo relacionado con el tráfico de drogas. “A mí me pareció raro que se fuera en coche a Río de Janeiro. Vino aquel domingo, yo acababa de entrenar y nos vimos en el parking de la Portuguesa. Me dijo que lo acababan de vender al Stuttgart. Pero mientras me hablaba, un tipo con los pies sobre el salpicadero le metía prisa para irse. Cuando vi marcharse el coche me quedé pensando por qué no iba en avión si entrenaba al día siguiente y me quedé en blanco, como si ya supiera que era la última vez que lo vería”, afirma su colega Tico.

 

 

Un final fatídico

A pesar de jugar en Vasco, Dener seguía perteneciendo a la Portuguesa. Por ello, el fin de semana del 16-17 de abril de 1994 viajó a São Paulo para reunirse con los dirigentes del club para negociar su pase a Europa, concretamente al Stuttgart alemán. Sin embargo, cuando Dener volvía de São Paulo dirección Lagoa Rodrigo de Freitas el lunes 18, sufrió un terrible accidente que acabó con su vida. El conductor del coche se durmió al volante y Dener, que iba de copiloto, falleció ahogado por el cinturón de seguridad después de una fuerte colisión.

Empotrado contra un árbol, con el morro convertido en chatarra, un deportivo Mitsubishi blanco, con matrícula, DNR-0010, mantenía entreabierta la puerta del copiloto. Allí yacía tumbado Dener, con el asiento reclinado, el impacto del coche contra el árbol lo lanzó contra el cinturón de seguridad, que le estranguló la laringe provocándole la asfixia. Luisinho, emblema de aquel Vasco tricampeón carioca, lo relataba, “parecía que estaba dormido, lo veía allí y quería despertarlo: ‘Vamos, Dener, a entrenar, tenemos partido el domingo’, le llegué a decir”.

 

Los hijos de Dener reparando el coche de su padre 26 años después.