Cafú, «Il Pendolino» en la ciudad eterna de Roma

 

«Miren mi sonrisa. Estoy sonriendo, pero es algo que debo contener dentro de mí», Marcos Evangelista de Moraes se emocionaba así durante la celebración de su trigésimo segundo cumpleaños tras derrotar a Turquía en el Mundial de 2002, imaginando lo que sería poder emular a Mauro, Bellini, Carlos Alberto o Dunga, los capitanes brasileños que tuvieron el honor de disfrutar ese instante mágico que supone la entrega del gran trofeo.

Y ese momento llegó, el capitán Cafú levantó la Copa del Mundo coincidiendo con su etapa como jugador de la AS Roma y convirtiendo a la vez a los giallorossi en uno de los 14 clubes del mundo que han visto levantar a uno de sus jugadores el máximo trofeo en el ámbito de selecciones.

 

 

Rumbo al Coliseo

Cafú dejó a uno de los mejores São Paulo de la historia para buscar el reto europeo. A mediados de los noventa, el Real Madrid soñaba con su fichaje, pero finalmente renunció por el alto coste de la operación para contratar poco después a Vítor, compañero de Cafú en el cuadro paulista. Los derechos de Cafú por aquel entonces habían sido adquiridos por la multinacional Parmalat, que en aquel momento gestionaba clubes como el Palmeiras o el Parma, pero una cláusula impuesta por el São Paulo no le permitía fichar por otro club grande brasileño sin antes pasar por Europa.

 

 

Ahí surgió la posibilidad de ir al Real Zaragoza, en el que jugó media temporada, fuera de forma y sin exhibir su auténtico potencial. Era simplemente un equipo puente, igual que los seis meses que jugó a continuación en el modesto Juventude de Caxías, para poder aceptar una oferta difícil de rechazar: la del Palmeiras con el dinero de Parmalat y el proyecto deportivo de un técnico con buen gusto como Wanderley Luxemburgo. Roberto Carlos se acababa de marchar al Inter, pero había llegado sangre joven: Rivaldo, Djalminha, Junior, Flavio Conceiçao, Müller, Luizao…, un equipazo que arrasó en el Campeonato Paulista, el más fuerte de Brasil, marcando la friolera de 103 goles en 30 partidos.

 

 

Brasil se le había quedado definitivamente pequeño a Cafú, y en el 97 fichó por la Associazione Sportiva Roma, en la que le esperaba otro técnico con talante ofensivo capaz de fomentar su descaro atacante, Zdenek Zeman que lo liberó para hacerlo jugar casi como extremo, en uno de los equipos más ofensivos que se han visto en el rocoso calcio. La fogosidad de su fútbol, sus asistencias, sus desbordes… Hasta el legendario Nils Liedholm, (que entrenó a la Roma en tres etapas: 1979-1984, 1987-1989, y 1996) lo comparó con Francesco Rocca, un lateral que desarrolló toda su carrera en la AS Roma. Nils era totalmente consciente de la magnitud del talento y potencial que acababa de aterrizar en la Ciudad Eterna.

 

 

La narrativa gloriosa de «Il Pendolino» en la ciudad eterna

Cafú impresionaba por su velocidad y por la forma en que agotaba a sus rivales por la derecha obligándoles a soportar unos tórridos 90 minutos. Sin embargo, el brasileño también estaba dotado de una rara habilidad técnica que le permitía incluso realizar sombreros a auténticos cracks de la época, como Nedved.

 

 

Durante su estancia en Roma, Cafú se ganó el apodo de «Il Pendolino», que significa «El Péndulo» o «El Tren Exprés». Esto se debe a su estilo de juego, ya que recorría la banda derecha de arriba a abajo todo el partido y sin aflojar. La coronación de su estancia de seis años en Roma fue la conquista del Scudetto de 2001 con un auténtico superequipo, un recuerdo tangible de sus innumerables actuaciones superlativas.

 

 

Sin embargo, su mejor partido con el club fue el 3 de octubre de 1999 ante la Fiorentina de Gabriel Batistuta. Los giallorossi ganaron el partido por 3-1, con una actuación virtuosa de Cafú, coronada por dos impresionantes disparos de larga distancia, de los que cualquier delantero estaría orgulloso.

 

 

Cafú entró en el Salón de la Fama de la AS Roma el 19 de octubre de 2012, declarando: «Cuando ganábamos el Scudetto salíamos al campo felices y seguros de lo que teníamos que hacer en él». En realidad, la mayor felicidad era la que daba él, el mejor lateral derecho de la historia, a los aficionados giallorossi, cada vez que subía y bajaba la banda derecha.

 

 

A sus ya 33 años, el brasileño acabó contrato con el Roma y marchó libre al Milán aunque ya lo tenía hecho con el Yokohama japonés. «Tenía un precontrato con el Yokohama, que me había enviado ya una parte del dinero que me tenían que pagar, pero apareció el Milán y me dijo que me quería 15 días antes de mi presentación en Japón» añadía en una entrevista para FourFourTwo. En Milán completaría su extenso palmarés.