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Gica Hagi en el Real Madrid

 

Gica Hagi fue presentado como nuevo jugador del Real Madrid el 27 de junio de 1990, procedente del Steua de Bucarest, campeón de Europa en 1986. Su participación en el Mundial de Italia acabó de convencer a la secretaria técnica del conjunto merengue que pagó 3,5 millones de dólares para hacerse con sus servicios. Tras ser preguntado por qué se le apodaba «El Maradona de los Cárpatos» el jugador se defendía ante los medios con total seguridad, «no puedo decir que soy mejor que Maradona. Porque entre otras cosas, él tiene más experiencia que yo. Pero voy a hacer todo lo posible para superarlo».

El exinternacional rumano no tuvo la suficiente regularidad como para ganarse una tercera temporada en el club blanco. 20 goles en 84 partidos, una Supercopa de España, partidazos como el 5-0 ante el Athletic de Bilbao (con hattrick incluido) o golazos imposibles como el que marcó ante Osasuna disparando desde 40 metros lejos de la portería fueron sus mejores regalos a la siempre exigente grada merengue.

 

 

La llegada al Bernabéu, el inicio de su liberación

Tras la consecución de la Copa de Europa con el Steua de Bucarest, a Hagi le llegaron ofertas de la liga más importante de Europa en aquel momento. Los gigantes de la Serie A, la Juventus FC y el AC Milan, parecían los únicos capaces de disputarse sus servicios, pero Georghe no podía ir a ninguna parte. Con la Securitate controlándolo, una de las policías secretas más conocidas del bloque comunista, su intento de fuga podría haber provocado consecuencias terribles: «Cada vez que iba a Occidente a jugar partidos fuera de casa, recibía ofertas. Me habría encantado medirme con jugadores de Occidente. Habría sido fácil para mí desertar, pero no quise hacerlo. Probablemente, no habría vuelto a ver a mi familia, y eso no me lo podía permitir por nada del mundo».

A cambio de su forzada lealtad, Hagi recibió regalos del hijo del presidente Nicolae Ceaușescu, como un Mercedes con chófer y un chalet con piscina. Pero tras la caída del gobierno comunista de Ceaușescu, se abrió una realidad totalmente diferente para él y para los centenares de deportistas de élite que buscarían una vida mejor lejos de su país.

 

 

Con 25 años y en la plenitud de su carrera, Hagi parecía haber encontrado un escenario propicio para mostrar su talento y cumplir su deseo de medirse con los mejores de Occidente tras la propuesta de Ramón Mendoza. «Cuando el presidente del Madrid vino a Bucarest y quiso verme, me sentí honrado. No tuvo que decirme mucho; las conversaciones no duraron mucho. Aquello fue un gran cambio, desde varios puntos de vista: mi forma de vivir, de comer y de comunicarme. Tardé unos cuatro meses adaptarme. El primer mes fue muy difícil, pero luego empecé a acostumbrarme al idioma y a comunicarme con los medios y con todos los que me rodeaban. Aprendí el idioma por mi cuenta. Poco a poco, todo empezó a volver a la normalidad y empecé a sentirme bien, a jugar bien y a convertirme en un jugador importante para el equipo».

 

 

El «Maradona de los Cárpatos» al entrar en el vestuario del Santiago Bernabéu no pudo mantener la irreverencia chulesca que había cultivado en su juventud. Años y años, siendo el pez más grande en el pequeño estanque rumano y aislado de las «verdaderas» estrellas del fútbol occidental, le habían generado un complejo de superioridad falso, que se derrumbó ante personalidades de fama mundial como Emilio Butragueño o Hugo Sánchez. «Fracasé, ante todas esas superestrellas, casi me cago en los pantalones», confiesa el jugador.

 

 

El fuerte calor de la capital española durante aquel verano de 1990, y la barrera idiomática, que le transmitió una cierta sensación de aislamiento durante sus primeros meses en Madrid, fueron otros de los aspectos negativos de su llegada. La aclimatación deportiva tampoco resultó nada sencilla, el Madrid sufrió las bajas de Schuster y de Martín Vázquez, Spasic no mejoró el rendimiento que había ofrecido Oscar Ruggeri… Llegaron derrotas dolorosas en Liga tras cinco años de éxitos. El lustro de las cinco Ligas dio paso a una época de inestabilidad, y los malos resultados propiciaron el cese de John Benjamin Toshack el noviembre de 1990.

 

 

Tiempos complicados en Madrid

Para desgracia del rumano le sustituyó Alfredo Di Stéfano, que llegó al equipo con José Antonio Camacho de ayudante. El equipo pareció recuperar el pulso e incluso doblegó al FC Barcelona en la Supercopa en diciembre, ganando 0-1 en el Camp Nou y goleando a los culés 4-1 en el Bernabéu, el día del famoso golazo de Santi Aragón. Hagi solamente jugó los minutos finales del encuentro de ida en Barcelona. Y es que, una de las decisiones de Di Stéfano nada más tomar las riendas del equipo fue la de sacar al rumano del equipo titular.

 

 

Aun así, el astro rumano llegó a disputar 29 partidos de Liga en su primera temporada con el Real Madrid y anotó cuatro goles, dos de ellos en el tramo final de campaña, ya con Radomir Antic en el banquillo madridista. La llegada del técnico serbio coincidió con la mejora en el juego del futbolista rumano, aunque su mejor nivel, sin ninguna duda, llegó al año siguiente. Georghe Hagi sacó el tarro de las esencias la 1991-92, a pesar de que sus críticos seguían acusándole de individualista.

 

 

«Mi segundo año allí fue increíble para mí personalmente, pero por desgracia perdimos el último partido y nos quedamos sin el título de liga, y también perdimos la final de la Copa del Rey. Perder esos partidos alimentó mi decisión de dejar el Real Madrid y empezar a buscar una nueva aventura en otro sitio. Decidí que quería tener otra experiencia en otro país, a pesar de que mi último año en el Real Madrid fue muy bueno, recuerdo meter muchos goles en Copa de Europa. Estaba muy bien adaptado al fútbol español, fue una lástima. Por supuesto, me arrepiento de haberme ido, cien por cien. Pero la vida es así, constituida a base de decisiones y oportunidades. Sin embargo, puedo decir que mi vida deportiva ha sido genial, no todos han tenido la oportunidad de jugar en Real Madrid y Barça».

 

 

El Real Madrid volvía a la senda de los triunfos y arrasó durante la primera mitad de la campaña. Encadenó goleadas y se hizo con el título honorífico de Campeón de Invierno. Curiosamente, dos hombres se encargaron de producir el grueso de goles del equipo, Fernando Hierro y Georghe Hagi. Sin embargo, desde un sector de la prensa se aseguraba que el equipo no jugaba bien. Incomprensiblemente, Ramón Mendoza tomó la decisión más absurda de su mandato como presidente del Real Madrid y cesó a Radomir Antić cuando el equipo era líder y el técnico contaba con el respaldo de todos sus jugadores.

El holandés Leo Beenhakker volvió a sentarse en el banquillo del Santiago Bernabéu con la promesa de devolver la “alegría” y el “espectáculo” al juego del equipo. Pero aquello no funcionó. Con Antic, el Madrid solamente había perdido dos partidos de Liga, mientras que con Beenhakker cayó en seis partidos, el último de ellos en Tenerife, jugándose la Liga. Pese a desperdiciar el colchón de puntos de ventaja que habían adquirido en el primer tramo de campeonato, llegaron al último encuentro con opciones de ganar la Liga. Y a pesar de ir ganando 0-2 aquel partido, con goles de Hierro y Hagi, con un lanzamiento de falta que dejaba la Liga encarrilada, la temporada se torció tras la histórica remontada del Tenerife.

 

 

El adiós

Aquel fue un palo muy duro para el equipo. Líderes desde la séptima jornada para perder la Liga el último día. Juanito había muerto en accidente de automóvil el mes de abril y aquello fue otra desgracia para una plantilla en la que aún había muchos futbolistas que habían compartido vestuario con el malagueño. A penas dos semanas después, el equipo fue eliminado en semifinales de la Copa de la UEFA por el Torino de Rafa Martín Vázquez. Demasiadas malas noticias en un equipo que tenía muy reciente la época en la que los títulos de Liga caían año sí y año también. El colmo llegó en la final de la Copa del Rey que se disputó en el Santiago Bernabéu el 27 de junio de 1992, en la que el Madrid perdió 2-0 con el Atlético de Madrid, en el que acabó siendo el último partido de Hagi con el Real Madrid. Solamente pudo jugar 12 minutos, cayó lesionado y tuvo que ser sustituido por Alfonso.

Finalmente, Georghe Hagi disputó 83 partidos oficiales y anotó veinte goles antes de dejar el Real Madrid por el Brescia de la Serie A. Una mala elección teniendo en cuenta que el conjunto italiano acabó bajando a la Serie B la penúltima temporada antes del Mundial de Estados Unidos de 1994.