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Gudelj en el Real Club Celta de Vigo

 

Vladimir «Vlado» Gudelj aterrizó en Vigo el 16 de julio de 1991 procedente del FK Velež Mostar para convertirse en la punta de ataque del conjunto celtiña en la Segunda División A. Poco se podía imaginar el delantero bosnio nacido en Trebinje que acabaría haciendo historia en el club vigués con 258 partidos, 113 goles, un ascenso a Primera División, finalista de la Copa del Rey de 1994 y una histórica clasificación para la UEFA.

“Lo cierto es que cuando llegué no pensaba quedarme tanto tiempo. Cuando firmé, mi idea era estar aquí unos años, quizá renovar mi contrato una vez y después volverme para Bosnia. La guerra me impedía regresar, así que seguí aquí algunos años más. Eso me hizo cogerle mucho cariño al club y a su gente, y parece que ellos me lo cogieron a mí también”, recuerda el delantero.

 

 

Poco conocía Gudelj de la liga española cuando llegó a España, «la verdad que puede sonar precipitado, pero el fichaje se cerró en tres días. Fue algo rápido. Cuando llegué, me desplacé hasta Manzaneda (provincia de Ourense) y empecé la pretemporada. En eso no fue muy diferente a cualquier otro equipo”.

Su primer año en el campeonato español de Segunda División A fue inolvidable. El 1 de septiembre de 1991, con Txetxu Rojo en el banquillo y ante la Unió Esportiva Lleida, en la primera jornada, disputaba su primer partido como céltico, en el que se apuntaba sus primeros dos goles. 25 más iba a conseguir esa temporada en segunda para impulsar al equipo al ascenso a la máxima categoría. De ahí, a jugar siempre en Primera y poder marcar ante el Liverpool en UEFA en su última temporada.

 

 

“Lo que más me gustó fue la competitividad que había en España. Los derbis gallegos, los partidos contra los equipos de Asturias… esos partidos entre conjuntos humildes. Me encantaba lo competidos que estaban. Además, la afición exigía y nosotros tratábamos de cumplir. Las dos temporadas siguientes después del ascenso a primera peleamos por no descender, pero después empezamos a darnos cuenta de que podíamos competir con cualquiera y el equipo comenzó a crecer”, recuerda.

 

 

Tras su despedida, el verano de 1999, al no entrar en los planes de Víctor Fernández, Vlado hablaba a las claras de lo que significaba el Celta para él. «No me perderá ningún partido. Me colaré en el banquillo para ver al equipo y llevaré el uniforme por debajo por si acaso», contaba entre risas al poco de fichar por el Compostela, donde se retiró dos años después. “Este deporte me enseñó que es universal. Cuando sales al campo, da igual en qué país juegues, siempre quieres demostrar tu valía. Además, gracias a la afición intentas disfrutar y complacer a esa gente que te apoya. Gracias al fútbol he vivido unos años espectaculares, tanto en mi tiempo de futbolista como ahora. A mi edad sigo disfrutando, y eso es lo más importante”, reconoce.