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Ronaldo y Héctor Cúper, una historia sin perdón

 

Ronaldo y Héctor Cúper, quienes coincidieron en el Inter de Milán durante la temporada 2001-2002, aun a día de hoy no han llegado a firmar la paz. El brasileño le sigue guardando rencor y no se corta ni un pelo en criticar al técnico argentino en cualquier entrevista y acusarlo de haber puesto en peligro su carrera.

Aquella temporada en el Inter coincidieron muchas otras estrellas como Toldo, Materazzi, Córdoba, Seedorf, Recoba, Adriano, Christian Vieri y Javier Zanetti, entre otros. Precisamente este último recuerda al técnico argentino por su dureza: «en los entrenamientos de Cúper había gente que hasta vomitaba”.

 

 

Héctor Cúper durante su etapa como futbolista, jugando como defensa, fue bicampeón nacional con el pequeño equipo Ferro Carril Oeste y llegó a la selección absoluta argentina. Al final de su carrera, el zaguero destacó en Huracán, al que devolvió a la máxima categoría y fue allí donde comenzó a entrenar. En sus primeros años fue subcampeón argentino con «El Globo» y luego condujo al pequeño Lanús a tres terceros puestos consecutivos en torneos locales y al título de la desaparecida Copa Conmebol, el primer trofeo internacional de los granas. Su éxito le valió cruzar el charco, y en 1997 Cúper llegó a las paradisíacas Islas Baleares para entrenar al RCD Mallorca, con el que sería subcampeón de la Copa del Rey y de la extinta Recopa de la UEFA (cayó en la final ante el Lazio). El único título fue una Supercopa de España, aunque su mayor logro fue conseguir la mejor clasificación en la Liga de los mallorquines: el tercer puesto durante la temporada 1998-1999.

Todo ello despertó la atención del Valencia CF, en el que estuvo al frente del banquillo durante dos temporadas y, en ambas, alcanzó la final de la Liga de Campeones con los valencianistas de forma sorprendente, aunque en ambas cayó derrotado. Tras dos títulos europeos, una Supercopa de España y un sólido trabajo, el junio de 2001 Héctor Cúper fichó por el Inter, que buscaba poner fin a una sequía de 12 años en la competición doméstica.

 

 

El comienzo de Cúper en la carrera por el Scudetto fue positivo, con una racha de imbatibilidad en los siete primeros partidos de la Serie A, que solo se vio interrumpida por una derrota en el derbi contra el AC Milan, pero esa fue solo una de las dos caídas de los nerazzurri en la primera mitad de la temporada. La Beneamata terminó la primera parte de la competición en primera posición, gestionaba con tranquilidad su participación en la Copa de la UEFA y el único motivo de sospecha sería una temprana eliminación de la Coppa Italia. Así habría sido, si Cúper no hubiera librado una Guerra Fría entre bastidores con Ronaldo, la mayor estrella del equipo. El astro brasileño regresaba lentamente de dos lesiones que le habían mantenido alejado de los terrenos de juego durante casi dos años y, en un principio, Cúper lo utilizó de forma puntual.

La Nochebuena de 2001, en la última jornada antes del parón invernal, el brasileño, que había marcado tres goles en 10 días y celebraba su regreso con goles, fue convocado para ser titular en un partido contra el Piacenza, a pesar de que cuatro días antes había sufrido una distensión muscular contra el Verona. Se acordó que el ariete solo jugaría la primera parte, pero el entrenador pidió al delantero que esperara 10 minutos más. Pasaron 10, 15, casi 20 minutos y en el minuto 64, Cúper sustituyó a Sérgio Conceição. Dos minutos después, Ronaldo sufría una distensión muscular y quedaba apartado de los terrenos de juego durante cuatro meses. «El Fenómeno» se sintió traicionado por el entrenador, que nunca se disculpó por no cumplir el acuerdo.

 

 

Ronaldo regresó a principios de abril para ayudar al Inter en el tramo final de la temporada, pero no pudo evitar caer ante el Feyenoord en semifinales de la Copa de la UEFA. En la Serie A, con cuatro goles del número 9, la Beneamata llegó a la última jornada necesitada de una victoria en el Olímpico contra el Lazio para poner fin a una racha de 13 años sin ganar el Scudetto. Aquel fatídico 5 de mayo de 2002, los nerazzurri cayeron derrotados por 4-2 y se hundieron en el tercer puesto de la Serie A. El ambiente se enrareció aún más porque Cúper decidió sustituir a Ronaldo por Mohamed Kallon tras el cuarto gol del Laziale, en un gesto que se vio como una forma de que el astro rindiera cuentas ante la afición. Ronaldo rompió a llorar, pero dos meses después estaba conquistando el mundo para Brasil.

Durante los preparativos de la temporada siguiente, Ronaldo decidió dar un ultimátum a Massimo Moratti: o Cúper o él. Como en aquella época el Inter cambiaba a menudo de entrenador y el argentino había dado estabilidad y competitividad al equipo, Moratti no quería volver a cambiar de técnico. Ronaldo se entrenó aparte en Milán durante todo el verano europeo y no fue incluido en ningún partido hasta que se cerró el mercado: el acuerdo con el Real Madrid no se materializaría hasta el último día del periodo de traspasos. Ese mismo día llegó Hernán Crespo para ocupar su puesto.

 

 

Cúper ganó el pulso, pero no volvió a triunfar en su carrera. Mientras Ronaldo fue pentacampeón del mundo con la selección, se convirtió en ídolo en la capital de España. «Dejé el Inter por culpa de Cúper. Se lo dije también a él, todo se lo dije en la cara, que no quería continuar, que no creía en su trabajo, que conmigo estaba actuando de mala fe. Me hacía entrenar o me mantenía en el campo cuando no era el caso. A veces no seguía ni siquiera las indicaciones de los médicos. Yo sé que con Cúper estuvo en peligro mi carrera, o casi. Había tenido lesiones musculares cuatro o cinco veces, cosas serias, no problemillas, mientras que en el Mundial se demostró que trabajando bien podía no tener problemas, Héctor Cúper no entiende el trabajo diferenciado, un entrenador que durante toda la semana hace trabajar poquísimo con el balón, me parece un entrenador anómalo. Aquel año en el Inter hubo 23 lesiones de bíceps femoral de 18 jugadores distintos: un asunto para entrar en la historia del fútbol. El 60 % del equipo, lo detestaba, y es que es un entrenador que no ha ganado nada en ninguna parte y que cuando llega a una final nunca consigue vencerla».

 

 

Ronaldo, además, también se ha encargado de resaltar en diversas entrevistas la diferencia en la calidad de los entrenamientos, lo que se aplicaba antes y como es ahora para fortuna de los futbolistas actuales: «En el fútbol de nuestra generación teníamos muy malos entrenamientos. Recuerdo que teníamos que hacer 6 o 7 kilómetros de carrera que no necesitaba porque yo era velocista. Yo hacía 30-35 sprints (piques en velocidad) por partido, y creía que tenía que llegar a los 40, pero no podía convencer a los entrenadores de ello. Con Cúper, porque hay que hablar de él, hacíamos un calentamiento de 3 kilómetros. Menos mal que las cosas han mejorado con los años». Tras una mala temporada 2001-02 en Italia y con la consagración de Brasil en el Mundial de Corea-Japón, Ronaldo se mudó a España, al Real Madrid.

 

 

«Nunca pensé que se iba a llegar a la situación de pedirle al presidente (Moratti) que eligiera: era yo o el entrenador, y para mi sorpresa eligió al entrenador, lo cual fue maravilloso porque me pude ir al Real Madrid». El octubre de 2002, cuando el brasileño ya no estaba en Italia, Héctor Cúper habló por primera vez sobre Ronaldo. «Nunca le hice nada a Ronaldo. Yo nunca tuve un solo problema con él. No conozco un entrenador que haya aguantado todo un año con alguien que no soporta, eso no pasó. Tuve una charla con Ronaldo veinte días antes de fichar por el Madrid. Nada más. Él dice que puse en riesgo su carrera, ¡Cómo puedo hacer yo eso! Cada entrenamiento contaba con el visto bueno del médico, incluso si en algún partido notó molestias abandonó directamente el campo, sin esperar el cambio».

 

 

Por su parte, el francés Stephane Dalmat en 2019 quiso dar su versión sobre los hechos para esclarecer el conflicto entre Ronaldo y Héctor Cúper. «Con Cúper, todos los martes por la mañana nos teníamos que pesar y Ronaldo nunca quiso subirse a la báscula. Era un asunto psicológico, no quería ver su peso porque era algo que le molestaba. Había tensión y muchas veces podía acabar mal. Cúper fue muy estricto al respecto, pero Ronaldo no quiso saberlo y nunca lo hizo».