Vinnie Jones, “bad boy” más allá del fútbol británico

 

Vinnie Jones es uno de los jugadores más rocosos, duros y violentos que se recuerdan en un estadio de fútbol, entre la década de los ochenta y noventa. Un “bad boy” del fútbol británico que pasó por equipos como el Wimbledon, Leeds United, Sheffield United o Chelsea. Allí donde pasaba dejaba un recadito en forma de falta, tarjeta roja o lesión a su rival.

Su nombre ha llegado a salir en la gran pantalla haciendo papeles en películas como “X-Men” o “EuroTrip”. Aunque antes de pasar al mundo de la interpretación, creció como un destacado futbolista con una carrera bastante polémica: siempre rodeado de críticas debido a su forma de entender y jugar al fútbol.

 

 

El jugador galés nació el 5 de enero de 1965 en Watford, en la villa de Hertfordshire, Inglaterra. En el seno de una familia de clase obrera, decidió marcharse de casa con tan solo 16 años para cumplir su sueño desde bien chico: convertirse en jugador profesional de fútbol. Sus primeros pasos en este deporte fueron de la mano del modesto Wealdstone, un equipo de la Alliance Premier, la actual Conference National, la quinta división inglesa. Compaginaba sus entrenamientos con un trabajo a media jornada como peón de obra.

 

 

Tras aquella primera experiencia decidió irse a Suecia a probar en un nuevo equipo con aspiraciones más altas como el IFK Holmsund, para ayudar al equipo en la conquista por el título liguero. Ese mismo año en 1986, el Wimbledon recién ascendido a la Football League, decide ficharlo con un traspaso valorado en 10.000 libras. Aún así, su juego se analizaba con lupa desde el primer momento que llegó. El propio jugador, siempre dejó claro que durante sus primeros meses allí, el cuerpo técnico fue bastante duro con él desde el primer momento: “El día de mi debut con el Wimbledon, el utillero del equipo entró en el vestuario y le pregunté cómo estaba jugando”. Me contestó, “Tengo 85 años, si me dieran la camiseta con el 4, lo haría mejor”.

 

 

Pero la fuerte personalidad de Jones hizo que se evadiera de todas esas críticas. Su fama de violento, después de varios partidos con los “dons”, empezó a ser legendaria en los estadios. Sobre todo, después de su hacerse famoso por haber retirado del fútbol, de manera literal, a Gary Stevens, después de una entrada terrorífica. Él, lejos de arrepentirse de sus acciones, se jactaba de ellas en los periódicos: “Si vas a por mí, mejor que acabes conmigo o seré yo el que vuelva a por ti en cinco minutos o la próxima temporada”.

Paul Gascoigne, entonces estrella emergente del Newcastle, pudo comprobarlo. Vinnie sometió a Gascoigne a un marcaje que nadie podría olvidar jamás. Derribó hasta 14 veces a su rival, le escupió en la cara y le amenazó de muerte. Gascoigne señaló: “Se me acercó y me dijo: “Me llamo Vinnie Jones, soy gitano, gano mucho dinero. Te voy a arrancar la oreja con los dientes y luego la voy a escupir en la hierba. ¡Estás solo, gordo, solo conmigo!’”. Jones, en su versión más bestia, fue mucho más lejos. Tal y como muestra una de las fotografías más famosas del fútbol británico, agarró de los testículos a Gascoigne como si pretendiera arrancárselos. Una vez consumada la agresión después del partido, contestó a su manera a Jones enviándole un ramo de rosas con una nota. Vinnie, sin demasiado sentido del humor, devolvió el obsequio y le mandó una escobilla de váter.

 

 

Pero no fue el único. Otro ilustre del fútbol mundial, el holandés Ruud Gullit, también fue víctima de Vinnie: “Es una cucaracha ladrona. Pero si todo falla con Gullit, siempre puedes esperar al primer córner y atar sus trenzas al poste de la portería”. En esa ocasión, por fortuna para el neerlandés, Vinnie no cumplió su amenaza.

El Wimbledon empezó a ganar de manera sistemática. El odio que despertaba era directamente proporcional a su desprecio por la pelota, aquel equipo se basaba en un fútbol directo: el «kick and rush» (balón arriba y a correr todo el mundo). Su entrenador, Dave Basset, tenía claro a quién se dirigía: “En este club los únicos hooligans son los jugadores”. Instalado a media tabla a base de patadas y un fútbol tan feo como efectivo, el Wimbledon se puso de moda durante tres años, donde se le atribuyó el apodo de “The Crazy Gang” (La pandilla de los locos).

 

 

Tommy Docherty, mítico entrenador escocés, les definía así: “El Wimbledon tiene tanto encanto como una botella rota de cerveza”. Al icono de Vinnie Jones, el líder espiritual del equipo más sucio de la historia contemporánea del fútbol británico, se hicieron populares los nombres de Dennis Wise (que llegó a morder el brazo de Marcelino, jugador del Mallorca), de Dave Beasant y de Lawrie Sánchez (uno de los pocos buenos del equipo). Precisamente Sánchez fue el autor del único gol que les dio el título a aquel Wimbledon, que dio la sorpresa al derrotar al Liverpool en la final de la FA Cup en Wembley. Aquella tarde, los “dons” destrozaron a uno de los equipos más técnicos del país. Vinnie Jones se mostró exultante y Tommy Docherty, mito del fútbol británico, hizo una broma que quedó para los anales de la historia: “El himno del Liverpool es “Nunca caminarás sólo”. El de Wimbledon es “Nunca volverás a caminar”. Algunos jugadores del Wimbledon, con el paso del tiempo, reconocieron que la noche antes de aquella final ante el Liverpool todos se emborracharon en un pub para preparar el partido.

 

 

Esa época dorada del Wimbledon fue el escaparate perfecto para que Vinnie Jones, macho alfa de la manada, se mudase a pastos más verdes. El Leeds United decidió incorporarle a su plantilla por 600.000 libras. Howard Wilkinson, su entrenador, dijo que se había decantado por Vinnie para “imprimir carácter” a su equipo. La bestia parda se lo tomó al pie de la letra. En su primer día de entrenamiento se dedicó a “imprimir carácter” a uno de sus compañeros, Bobby Davison, que tuvo que marcharse del campo después de recibir un puñetazo en plena cara, cortesía Vinnie Jones. Una vez transmitido su mensaje en el vestuario, Jones asumió la jefatura y fue líder de un equipo histórico en horas bajas que, a final de temporada, logró ascender. Tras un breve periplo en el Sheffield United y en el Chelsea, el hijo pródigo del Wimbledon regresó a casa jaleado por su hinchada.

 

 

El 28 de noviembre de 1992 protagonizó y comercializó un vídeo llamado Soccer’s Hard Men, un recopilatorio de entradas duras e imágenes violentas. Vinnie explicaba, con todo lujo de detalles, cómo amenazar a un rival, cómo fastidiar a un delantero o cómo pegar una patada que pudiera lesionar al contrario. “No hay para tanto. En el vídeo sólo imparto lecciones de lo que hago en el campo”. El presidente del Wimbledon, Sammy Hammam, no daba crédito: “Este chico tiene un cerebro de mosquito”. Pero a pesar de los esfuerzos de las autoridades inglesas por retirar el vídeo de los comercios, la cinta fue un éxito de ventas sin precedentes. Él se jactaba: “Cuando derribo a un rival le ayudo a levantarse. Le pongo las manos en las axilas y le estiro con fuerza de los pelos”. Vinnie, que llegó a acumular más de 40 sanciones disciplinarias, tuvo que pagar una multa de 20.000 libras esterlinas por su infamia del vídeo. “¿Yo un provocador? No, soy sólo Vinnie Jones. Juego al fútbol y me gustaría marcar diez goles esta temporada, pero no creo que la Federación me deje jugarla entera”. También fue amenazado con una suspensión indefinida, pero él siguió a lo suyo: “La Federación me ha dado una palmadita en la espalda porque he acabado con la violencia en las gradas. Yo la he llevado al campo”.

 

 

Vinnie Jones llegó a jugar unos cuantos partidos con la selección de Gales gracias a la ascendencia de su abuela materna. Al conocer la convocatoria de Jones un mito del fútbol británico, Jimmy Greaves, definió la internacionalidad de Vinnie así: “Que me apedreen. Tenemos la cocaína, la corrupción, incluso el Arsenal marcó dos goles en casa el otro día. Pero justo cuando piensas que no te queda nada por ver en el fútbol resulta que te cuentan que Vinnie Jones es internacional“. Con Gales, siguió con su juego sucio, ensañándose con los delanteros rivales. También dejó una frase contundente para el recuerdo: “¿Que si quiero jugar el Mundial? Hombre, soy Vinnie Jones, pero eso es imposible. Juego con Gales”. Nunca llegó a jugar una fase final de la Copa del Mundo. Es más, su paso por la selección galesa fue un vía crucis: no ganó ni un solo partido. Tras siete partidos como nuevo jugador de su último equipo, el Queen’s Park Rangers, colgó las botas con 330 encuentros disputados y una hoja de servicios terrorífica. En su currículum aparecían 12 expulsiones (segundo jugador más expulsado de la historia de la Premier) y un récord mundial: la expulsión más rápida de la historia (vio la tarjeta roja en tres segundos). Toda una joya.

 

 

En sus últimos días como jugador de fútbol, la vida de Vinnie se cruzó con la de Guy Ritchie, un extravagante director de cine que llegó a ser la pareja sentimental de Madonna, la reina del pop. Guy le ofreció un papel como actor principal del film «Lock and Stock» (1998), donde interpretó a Big Chris, un matón a sueldo que, a tenor de lo visto en la gran pantalla, le vino a Jones como anillo al dedo. La película lanzó al estrellato a Ritchie y sirvió para que el ‘asesino de Gales’ recibiera el ‘Empire’ a mejor actor debutante. La crítica no salió de su asombro cuando, de la mano de Guy Ritchie, Vinnie alcanzó fama mundial al interpretar a ‘Tony Dientes de bala’ en la caótica y genial «Snatch: Cerdos y Diamantes» (2000), junto a Brad Pitt o Jason Statham. Gracias a Snatch las puertas de Hollywood se abrieron, de par en par, para Vinnie. «Mean Machine», «X-Men», «60 segundos» y «Operación Swordfish» —con John Travolta y Halle Berry— le catapultaron a la condición de icono del cine. Increíble, pero cierto. El tipo más violento y áspero de la historia del fútbol se convirtió en una estrella del cine de acción. “Con el tiempo me veo en pelis de acción con Bruce Willis, eso me gustaría”.

 

 

Este fue el testimonio de Vinnie Jones, uno de los futbolistas más polémicos, violentos y frívolos que ha dado el fútbol inglés. Un futbolista más conocido por su violencia que por sus éxitos.

 

 


Álvaro Ramírez Narbón