El uso político del fútbol por las dictaduras sudamericanas

 

La Secretaria Especial de Cultura del gobierno de Jair Bolsonaro, Regina Duarte, fue despedida de su cargo. De entre los miles de comentarios sobre el adiós de la actriz, muchos coincidieron en que no fue suficiente que cantara la canción de la dictadura para complacer a su jefe.

La nota se refiere al discurso de Regina del 7 de mayo de 2020, en una entrevista para CNN Brasil, cuando dijo: “siguen recriminando cosas que pasaron en los años 60, 70, 80… la gente, vamos, adelante. Adelante, Brasil, viva la Seleção. ¿No era bueno cuando cantábamos eso?”.

La canción citada por Duarte es una canción ufanista compuesta por Miguel Gustavo con motivo del Mundial de 1970 y utilizada como propaganda de la dictadura militar, que pretendía relacionar su imagen con la de la selección brasileña, aprovechando el prestigio de los atletas en beneficio propio.

Siete días antes de la declaración de la actriz, el ex-jugador Caio Ribeiro había criticado un discurso del ex-atleta Raí, durante el programa Bem Amigos, del canal de pago SporTV. “No me gustó el discurso de Raí, porque habló muy poco de deportes y habló mucho de política. […] Cuando habla de renuncia, de hospitales públicos y todo eso, me parece que tiene connotaciones políticas en relación con las preferencias.

 

 

Raí es el hermano de Sócrates, uno de los principales líderes de pensamiento de la “Democracia Corintiana”, un movimiento de los años 80 que también incluía al antiguo compañero de equipo de Caio, el delantero Walter Casagrande. El grupo luchó por reformular la estructura democrática en el club y en la política nacional.

En medio de una pandemia causada por el nuevo coronavirus, Raí, que es el jefe del São Paulo Football Club, se opuso al regreso del calendario de fútbol profesional masculino debido a una serie de incertidumbres sanitarias y políticas. Ribeiro, por su parte, lo refutó cuando dijo que “él [Raí], por mucho que diga que es su opinión personal, hoy es el hombre fuerte de São Paulo y las declaraciones y opiniones que emite salpican a la institución. Creo que tiene que hablar de deportes.

Aunque está de acuerdo con el refuerzo del aislamiento social, principal recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) contra la propagación de la enfermedad que afecta a todo el mundo, Caio insistió en que la política y el fútbol en este caso no se mezclan, aunque represente mejores condiciones de vida para todo un sector, que mueve millones de reales (1.500 millones de dólares) y emplea a una serie de profesionales en el país.

Sócrates fue una de las muchas voces que se unieron a favor de la democracia en el país y, en la lucha contra el autoritarismo presente en el régimen militar de 1964, mezcló la política y el fútbol. Al igual que otros contextos que relacionan estos dos temas, los regímenes militares (comunes en el último siglo en los países sudamericanos) han utilizado constantemente los logros y contextos deportivos como una forma de propaganda política.

 

Brasil

El 11 de abril de 1964, Humberto de Alencar Castello Branco asumió la presidencia del país. El mariscal fue el primer presidente de la nación después del golpe militar que tuvo lugar en abril de ese mismo año contra el presidente João Goulart; como estrategia de gobierno, el dictador decidió acercar la Selección Nacional de Brasil a su mandato.

 

 

El trabajo alineado entre el gobierno y la Confederación Brasileña de Deportes (CBD) afectó directamente el rendimiento de Brasil en los años siguientes. Las instituciones decidieron hacer una gira con los jugadores brasileños en varias ciudades del país en 1966, principalmente en los estados del sudeste, con el fin de acercar a los populares a la Seleção, trabajando de forma propagandística tanto con los atletas como con la imagen de la selección nacional, que jugaría la Copa del Mundo ese mismo año en Inglaterra. El torneo fue ganado por los anfitriones y el objetivo de la dictadura fue frustrado, con Brasil eliminado en la primera ronda.

En 1968, con el establecimiento de la Ley Institucional No. 5 (AI-5) en el país, los clubes y los funcionarios del fútbol comenzaron a ser controlados por los gobernadores, debiendo presentarles informes periódicos para su inspección. Durante este período, la Seleção fue entrenada por el periodista y militante comunista João Saldanha, responsable de la formación inicial del equipo que sería tricampeón mundial en 1970. Saldanha fue monitoreado y bajo la presión del régimen, fue despedido y cedió el puesto a Mário Jorge Lobo Zagallo, entonces entrenador del Botafogo.

 

 

Según las publicaciones periódicas de la época, “João Sem Medo” (apodo del entrenador) fue retirado de la Seleção por no cumplir con las intervenciones del dictador Emílio Garrastazu Médici en su equipo. Miembro del Partido Comunista Brasileño (PCB), fue despedido del equipo poco antes de la Copa del Mundo, durante lo que se considera el período de mayor censura y con la mayoría de los casos de tortura por el régimen militar.

Despedido del equipo nacional, fue contratado por la BBC de Londres para emitir opiniones durante la competición. Como el seguimiento del equipo brasileño por la prensa durante la Copa del Mundo de 1970 en México estaba siendo temorizado por las autoridades, a João Saldanha no se le permitió permanecer cerca del equipo.

Argentina

La última dictadura de Argentina comenzó con el golpe de la junta militar que nombró al General Jorge Rafael Videla como su primer líder el 24 de marzo de 1976. Fue la segunda vez en tres años que el país pasó por un régimen excepcional impuesto por los militares – el anterior comenzó 10 años antes y terminó en 1973.

El país del platino atravesaba una crisis política y económica que llevó al retorno de la junta al poder y al derrocamiento de Isabelita Perón, viuda del folclórico presidente Juan Domingo Perón, que murió en 1974 (Evita, la más famosa de las esposas de Perón, murió en 1952). Con la nueva dictadura, el gobierno tenía “carta blanca” para hacer lo que quisiera.

Para dejar claro que todo era normal y que el régimen era un éxito, Argentina tuvo la oportunidad de organizar la Copa del Mundo de 1978, dos años después del golpe. No importa cómo, el equipo local tenía que ser campeón. En el torneo en el que Mario Kempes fue el máximo goleador y el más destacado del equipo, hubo una campaña muy fuerte para que los equipos europeos boicotearan la Copa del Mundo. Todos participaron, pero los Países Bajos (Holanda) dijeron que si ganaban no le darían la mano a Videla.

Sin embargo, antes de que empezara, la Copa del Mundo ya había terminado para Argentina. El equipo nacional ganó dos veces en la primera ronda, pero pasó a la segunda por detrás de Italia. En la segunda fase, que sería una “semifinal”, Argentina estaba en el mismo grupo que Brasil, Polonia y Perú.

El equipo argentino logró pasar la fase después de vencer a Polonia; empatar con Brasil en la “Batalla de Rosario”, un juego con una serie de errores de arbitraje a favor de los locales; y vencer a Perú en la controvertida ronda final por 6-0. Debido a la diferencia de goles, el equipo local necesitaba vencer a los peruanos por al menos cuatro goles para avanzar. El ex jugador José Velásquez, que formó parte de la selección peruana en ese Mundial, dijo en 2018 que seis de los jugadores en la cancha habían recibido dinero para que Argentina marcara la cantidad necesaria de goles. La final contra Holanda fue la de Mario Kempes, anotó dos y Bertoni anotó el intento de título. Ese fue el final de la Copa de la Junta Militar en 1978.

 

 

A la cabeza del régimen autoritario se encontraban cuatro presidentes militares: Videla (1976-1981), Roberto Eduardo Viola (1981), Leopoldo Galtieri (1981-1982) y Reynaldo Bignone (1982-1983).

En el decenio de 1980, debido a delitos como la corrupción, los secuestros y la tortura, que dieron lugar a presiones políticas y populares, el régimen comenzó a derrumbarse. El fracaso final de la dictadura llegó con la derrota de Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas, que costó la vida de miles de jóvenes y llenó de vergüenza a la opinión pública. Tras la muerte de más de 30.000 personas, Raúl Ricardo Alfosín asumió la presidencia del país y la junta se disolvió a finales de 1983.

A diferencia de Brasil, los movimientos “negacionistas” de la dictadura no son comunes en Argentina. El fútbol es el deporte más político y los clubes lo ilustran con el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el 24 de marzo, cuando se hace eco del “nunca está mal” contra el autoritarismo.

Chile

El mayor escenario del fútbol andino también ha dado paso a una serie de detenciones y torturas por parte de la dictadura chilena. El Estadio Nacional de Chile, que acogería la primera final única de la Copa Libertadores en 2019 si no fuera por el actual escenario político, fue donde los opositores al régimen militar sufrieron las consecuencias por buscar la libertad.

La dictadura militar en Chile comenzó el 11 de septiembre de 1973, cuando el Palacio de La Moneda fue bombardeado por las tropas comandadas por el General Augusto Pinochet, que sacó del poder al socialista Salvador Allende. Tres mil fueron asesinados y desaparecieron durante el período.

15 días después del golpe, el entonces mediocampista del Colo Colo Leonardo Véliz, una de las muchas voces que se oponían al régimen, se suponía que iba a saltar al campo contra el equipo de la Unión Soviética en un partido de desempate para la Copa del Mundo de 1974.

Los chilenos, tanto los futbolistas como el gobierno, no esperaban que los soviéticos se negaran a jugar el juego. Contra el régimen dictatorial de Pinochet, pidieron a la Federación Internacional de Fútbol Asociado (Fifa) que jugara el partido en terreno neutral. La solicitud fue denegada por el órgano rector del deporte y, como forma de represalia política, los atletas se negaron a viajar a la capital Santiago.

Después del golpe, Pinochet se apoderó del Colo Colo, el club del corazón donde jugaba Véliz, el más popular y ganador de Chile. Tres años después de la instauración del régimen, el dictador ordenó la salida de los dirigentes del club e impuso una especie de consorcio económico para gestionar el equipo, recibiendo a cambio el título de presidente honorario de Colo Colo.

 

 

En estos días, los seguidores del club están luchando para cancelar lo que llaman una “decisión ilegítima”, que ha manchado de sangre la historia de Colo Colo. En febrero de este año, la presión de los aficionados impidió que el club contratara al entrenador Luiz Felipe Scolari, debido a la admiración del entrenador brasileño por Pinochet. “Scolari, en el bienvenido eres”, decían algunos de los mensajes y carteles de la campaña de los fans. En un comunicado, los hinchas de La Garra Blanca, uno de los principales organizadores del club chileno, dijeron que se sentían “disgustados” por la encuesta, que abandonó la negociación.

 


Alison Silva, Gabriel Neri, Guilherme Correia & Norberto Liberator
Revista Badaró
https://revistabadaro.com.br/