FC Barcelona Real Sociedad final de Copa al Sardinero

La triple final de Copa del 1928 en el Sardinero entre el FC Barcelona y la Real Sociedad

Nadie, nadie se olvida, no, nadie, nadie, nadie. (Rafael Alberti)

Hace 91 años tuvo lugar la final de Copa más épica que el Barça ha jugado nunca. El Barça y la Real Sociedad jugaron la final de la Copa de España y no fue una final cualquiera. Fueron tres finales disputadas en El Sardinero de Santander, para que los dos primeros partidos finalizaron en empate y en aquel entonces no existían las tandas de penaltis, por lo que fue necesario realizar un tercer partido de desempate. Como dicen las crónicas, fueron tres partidos homéricos, llenos de épica, que trascendieron más allá del deporte y que fueron generadores de héroes legendarios, de poesía y música de dimensión planetaria, que los inmortalizó eternamente.

Alineación FC Barcelona durante el primer partido contra la Real Sociedad, con resultado de 1-1 (20-5-1928)

1 Platko                               
2 Walter                               
3 Mas                               
4 Guzmán                               
5 Castillo                               
6 Carulla                               
7 Piera                               
8 Sastre                               
9 Samitier (1)                               
10 Arocha                               
11 Parera
Entrenador Romà Forns

Alineación FC Barcelona durante el segundo partido contra la Real Sociedad, con resultado de 1-1 (22-5-1928)

1 Llorens
2 Walter
3 Mas
4 Guzmán
5 Carulla
6 Bosch
7 Piera (1)
8 Sastre
9 Samitier
10 Arocha
11 Sagi-Barba
Entrenador Romà Forns

Alineación FC Barcelona durante el tercer partido contra la Real Sociedad, con resultado de 3-1 (29-6-1928)

1 Llorens
2 Walter
3 Mas
4 Guzmán
5 Castillo
6 Carulla
7 Piera
8 Sastre (1)
9 Samitier (1)
10 Arocha (1)
11 Sagi-Barba
Entrenador Romà Forns

La leyenda se empezó a gestar durante el primer partido, cuando el portero húngaro del Barça Franz Platko, haciendo gala de una gran valentía, se jugó el físico para detener una jugada de gol, en la que recibió en la cabeza el impacto de la bota de un jugador rival. El golpe fue muy fuerte y le provocó una herida que ensangrentó su cabeza y camiseta. Después de unos cuantos puntos de sutura volvió al campo, con la cabeza vendada, a defender la portería azulgrana.

 

 

Entre el público había dos personajes singulares, el poeta gaditano Rafael Alberti, miembro destacado de la llamada generación del 27, y Carlos Gardel, el cantante más grande de tangos que nunca ha habido. El poeta Alberti impresionado por la fuerza del primer partido y por la capacidad de sufrimiento de Platko, le dedicó al portero húngaro una oda, que probablemente es el mayor homenaje que un poeta ha dedicado a un futbolista. Alberti se posicionó abiertamente al lado del equipo azulgrana, probablemente por lo que muchos años después dijo Menotti: “El Barça es el equipo de los Republicanos españoles”.

 

 

El mítico cantante Carlos Gardel era un buen aficionado al fútbol y amigo y admirador del capitán del Barça, Josep Samitier, el barcelonés de la calle Urgell, mi de infancia y juventud. Gardel visitó en Platko en el hospital, y dedicó un tango al gran Samitier, en el que Gardel dice “no te olvides bravo Sami, valeroso capitán, que los buenos argentinos te recuerdan con afán, pues dejaste en el Plata simpatías por doquier, capitán del Barcelona, ​​caballero Samitier “. Yo las escuché atentamente por primera vez de los labios de mi abuelo, gran barcelonista y declarado admirador de en Gardel.

Me resulta imposible no emocionarme al recordar estas últimas cinco palabras de la voz del abuelo Paz que siempre me contaba cuentos de fútbol y en Semi (así le decía él) era uno de los héroes principales. Gardel mantuvo amistad con muchos jugadores azulgranas y cuando el Barça visita Buenos Aires nunca faltan flores en la tumba del inolvidable Gardel. Parece que haya como un hilo de continuidad entre la Argentina y el Barça: de Gardel a Samitier, de Menotti a Messi.

 

No nos olvidaremos de vosotros, héroes de las leyendas azulgranas.

Oda a Platko. Rafael Alberti (1928)

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
PlatkoPlatko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo !
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heroico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !
Y en tu honor, por tu vuelta,
porqué volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡ Oh, PlatkoPlatkoPlatko
tú, tan lejos de Hungría !
Que mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

 

Las tres últimas estrofas, nos llevan pasadas las décadas en las lágrimas de los barcelonistas que las conocemos por la transmisión oral de nuestros mayores. Los jóvenes, en general, no conocen el tema, pero es función inequívoca del club mantener la llama en la tumba de nuestros soldados bien conocidos. Como decía el gran André Malraux, “los mitos no nos llaman a la razón sino a la complicidad”. Yo me declaro culpable absoluto de complicidad.

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Manel Montoliu Bargalló