Thomas Ravelli, el guardameta vikingo y blasfemo

 

«El Garda BK quería que volviera al fútbol en activo con 45 años, pero acepté solamente hacerlo en partidos benéficos. Sin embargo, Kenneth Anderson (36 años) y Johnny Ekström (39 años) aceptaron y jugaron en la quinta división sueca. Si hubieran insistido de verdad, podría haberme puesto los guantes otra vez, pero realmente no tenía la misma motivación. Estaba cansado de competir».

El mundo del fútbol estuvo muy cerca de recuperar a un guardameta histórico el diciembre de 2004, no solo por su trayectoria con la absoluta de Suecia, sino por su aportación al mejor IFK Göteborg y al espectáculo de los Mundiales, en especial en USA 94. Un mito incluso recuperado para las nuevas generaciones en los videojuegos de la saga FIFA y PES.

 

 

A excepción de un breve paso por la MLS al final de su carrera, el portero más famoso, más condecorado y más internacional de Suecia pasó toda su carrera jugando en su país con el Östers y el IFK Göteborg, y pese a jugar en ligas menores fue considerado uno de los mejores porteros del mundo durante la década de los 90.

 

 

Jugador de físico y personalidad atípicos, excéntrico y bocazas, Thomas Ravelli era una rareza en la portería sueca. Portero de estilo clásico, con excelentes reflejos y lectura del juego, su personalidad y su historial de logros le hicieron ocupar un lugar especial en el corazón de los aficionados suecos.

 

 

Sus orígenes

Nacido en 1959 en Vimmerby, en el condado de Kalmar, al sureste de Suecia, Thomas, junto con su hermano gemelo eran la alegría de los Ravelli, una familia austriaca de origen italiano que emigró a Suecia cuando Thomas y su hermano gemelo Andreas eran pequeños. Su madre, Margaret, era una tenista de renombre que llegó a ser campeona de Suecia.

Thomas brilló inicialmente en las pruebas de atletismo, sobre todo en el salto de altura, antes de que surgiera su aptitud para el fútbol. De joven, a principios de los años 70, empezó a entrenar con el club Atvidaberg, que en aquella época era la más eficaz de las lanzaderas de nuevos talentos juveniles en Suecia, y cuando la familia se trasladó al sur, a Vaxjo, los gemelos se incorporaron a las filas del club local Östers IF.

 

 

Con solamente 17 años, Thomas debutó en la portería en una eliminatoria de la Copa de la UEFA de 1976 contra el Hibernian, pero tuvo que armarse de paciencia para ganarse la titularidad. Por delante de él se encontraba el internacional sueco Goran Hagberg, y tuvieron que pasar tres años hasta que Ravelli pudo finalmente desplazarlo del once inicial.

 

 

Fue una época dorada para el club Östers, que ganó títulos en 1978 (con Ravelli como reserva), 1980 (con Ravelli como titular) y 1981 (con Ravelli como gran líder). Con el dúo Ravelli, el vociferante y espectacular Thomas en la portería y su feroz e inflexible gemelo Andreas en la defensa, el Östers no era un equipo fácil de enfrentar. Hay que tener en cuenta el valor de la hazaña del Östers, ya que era un club semiprofesional en aquella época y que Thomas, al igual que sus compañeros, trabajaba paralelamente al fútbol, sobre todo durante un tiempo vendiendo piezas de recambio para máquinas de impresión.

Estas buenas actuaciones permitieron al joven portero descubrir la edición 1981-82 de la Copa de Europa. Un comienzo difícil, ya que el Östers IF empató con el Bayern de Múnich en la ida y perdió 6-0 en el conjunto de los 2 partidos, con un severo 5-0 en Baviera. Según la leyenda, este partido puso fin al interés del club alemán por el portero sueco. La selección nacional no permaneció indiferente a las actuaciones de Thomas durante mucho tiempo y lo hizo titular en 1981, unas semanas después de su hermano Andreas, durante un partido contra Finlandia. Permanecería en el equipo durante más de 15 años y 143 partidos.

 

 

Thomas regresó a la predecesora de la Liga de Campeones en la temporada 1982-83, pero por segunda vez no tuvo éxito, ya que el Östers IF volvió a perder en la primera ronda, esta vez ante el Olympiakos griego, a pesar de haber ganado por 1-0 en Suecia. Las siguientes temporadas fueron más difíciles, ya que los pesos pesados IFK Göteborg y Malmö se hicieron con el campeonato. Y a pesar de una «final de campeonato» en 1983, el Östers IF nunca volvió a la cima e incluso descendió a la Superettan en 1988.

Aunque Thomas se ganaba el respeto por su indudable capacidad, su personalidad y su enfoque antagónico hacían que nunca inspirara mucho afecto a sus compañeros suecos. En contraste con el estilo ecuánime y respetuoso de sus compatriotas, Ravelli tenía un carácter impulsivo y era un líder molesto que pasó su carrera provocando e insultando constantemente a los rivales e instigando a sus propios compañeros para que lo hicieran mejor. En un programa de televisión dedicado al portero, se colocó un micrófono detrás de su portería y los espectadores quedaron sorprendidos por el nivel de blasfemias que Thomas dirigía a sus compañeros y a los rivales.

 

 

A medida que avanzaba la década de los ochenta, el Östers fue decayendo como fuerza mientras Thomas Ravelli seguía mejorando y superando poco a poco a su equipo. En 1986 estuvo a punto de fichar por el Stuttgart, pero el club de la Bundesliga acabó prefiriendo a Eike Immel. Dos años más tarde con su explosión internacional con Suecia fue seducido por varios clubes de Brasil, aunque acabó prefiriendo no irse del país y fichar por el IFK Göteborg, club que había tomado el relevo del Östers como club preeminente de Suecia. A punto de cumplir los 30 años y siendo casi un veterano, Ravelli representaba la experiencia y la profesionalidad, y su fichaje apuntaló muchos de los éxitos que llegaron durante las ocho temporadas que pasó allí.

Además de las tres medallas de campeón ganadas en el Östers, Ravelli ganaría otras seis con su nuevo club entre 1990 y 1996, así como una Copa nacional en 1991 y dos premios al mejor portero sueco del año (en 1995 y 1997). Estos éxitos permitieron a Thomas volver a la palestra del fútbol europeo y, gracias a la cobertura mediática, el gran público descubrió a este portero atípico, bocazas y extrovertido que nunca dudó en exhibirse ante las cámaras.

 

 

Esta personalidad, alejada del estereotipo de futbolista sueco, fue un factor importante de su éxito entre los espectadores y los aficionados al fútbol de la época. Por desgracia para él, una de las primeras imágenes que los espectadores occidentales recordarán de él fue la de un portero que recibió cuatro goles del mismo delantero durante un partido. De hecho, en la primera edición de la Liga de Campeones, en 1992-93, el IFK Göteborg superó las dos primeras rondas y se clasificó para la fase de grupos, enfrentándose al AC Milan, al PSV Eindhoven y al FC Porto.

En su visita a San Siro, los suecos vieron cómo Marco Van Basten marcaba cuatro goles, incluido un soberbio tiro por encima de la cabeza (en el que Ravelli no estuvo exento de culpa). «¡Incluso me metió un gol anulado! Era un asesino», dijo el portero más tarde en su entrevista para So Foot.

 

 

La carrera europea de Ravelli y el IFK también estuvo marcada por varios logros. En la edición de 1994-95, el club sueco volvió a alcanzar la fase de grupos en un formato diferente, pero volvió a quedar fuera del sorteo, con el Barcelona, el Manchester United y el Galatasaray en su grupo. Pero liderado por un sólido Ravelli el Goteborg logrará la hazaña de terminar primero de su grupo, por delante del Barça y eliminando de paso al Manchester de Ferguson y Cantona. El IFK vería detenida su escalada en cuartos de final ante el Bayern de Múnich con el beneficio de los goles marcados fuera de casa.

En 1998, a la edad de 39 años, decidió volver a la tierra de sus hazañas mundiales y se incorporó al Tampa Bay Mutiny de la MLS, posteriormente a la marcha de Carlos Valderrama. En 1999, como muchos jugadores suecos, volvió a terminar su carrera en su primer club, el Östers IF, y se retiró tras casi 600 partidos profesionales.

 

 

Posteriormente Ravelli ha participado a lo largo de estos años en varios partidos benéficos, sobre todo con el equipo amateur Garda BK, en el que por aquel entonces figuraban varios exfutbolistas suecos, como Kennet Andersson y Johnny Ekstrom.

 

 

Thomas Ravelli solía entrenar a clubes de aficionados, pero ahora se ha dedicado a entrenar a empresas y ha creado una marca de ropa deportiva con su hermano gemelo Andreas, llamada «Ravelli». Sigue de cerca el fútbol y no duda en dar su opinión, especialmente sobre las actuaciones de la selección nacional.

 

 

Trayectoria internacional sobervia

Tras ser convocado por primera vez en 1981, Thomas tuvo que esperar nueve años para participar por primera vez en una fase final de un gran torneo internacional, y la Copa Mundial de 1990 fue en general desastrosa para todos los jugadores de Suecia. Fue titular en la Eurocopa de 1992 y tuvo una actuación admirable, aunque su tercer y último torneo sería el más memorable: el Mundial de 1994, en el que Suecia alcanzó el vertiginoso tercer puesto.

 

Fotografia de la plantilla de Suecia para afrontar la Eurocopa de 1992.

 

No solamente las actuaciones de Ravelli elevaron al equipo. Su ardiente empuje y la fuerza de su personalidad inspiraron a un equipo decente, aunque poco notable, a rendir muy por encima de su nivel natural. El punto culminante de Ravelli fue la tanda de penaltis de cuartos de final contra Rumanía, en la que detuvo dos penaltis que llevaron a su equipo a las semifinales.

 

 

Fue nombrado portero sueco del año por primera vez en 1995 y de nuevo en 1997, el año en que participó en la última de sus 143 convocatorias suecas. Por fin, a sus 34 años, el público futbolístico lo «entendió» y reconoció que un equipo lleno de buenos chicos está muy bien, pero solamente puede llevarte hasta cierto punto. Todo buen equipo necesita un buen «cabrón blasfemo» como Thomas Ravelli para sacar la verdadera furia al talento.