Real Sporting de Gijón – AC Milan, Copa de la UEFA 87-88

 

La primera ronda de la Copa de la UEFA de 1987-1988 reunió al Real Sporting de Gijón y el AC Milan de Arrigo Sacchi. De un lado, un equipo modesto, con unas pocas gotas de ambición como para no conformarse con rondar por la mitad de la clasificación, pero sin la entidad ni la fortaleza económica que le permita asaltar el título de liga. De otro, un conjunto apadrinado por un multimillonario de los «massmedia», en el que sus jugadores siempre salen al terreno de juego con el lastre de los títulos de épocas guardadas en el baúl de los recuerdos.

 

 

Aquella eliminatoria fue un enfrentamiento casi imposible de reeditar hoy en día, una batalla entre David, el Sporting de Gijón, y Goliath, el Milán. Un premio que llegó para los de Gijón tras un meritorio cuarto puesto en liga.

 

 

Como casi siempre, solamente los jugadores del Milán y su técnico, Arrigo Sacchi, eran los únicos en Italia que se tomaban en serio al Sporting. Para los «tifosi» milanistas, muy dados a exagerar cualquier expectativa de triunfo estando, como estaban, embriagados por la locura futbolística que se apoderó de Italia desde principios de los 80, debía ser coser y cantar. Para eso el «comendattore» Berlusconi se había traído de los Países Bajos a Ruud Gullit y a Marco Van Basten.

El Real Sporting de Gijón, poco más que un rapidísimo y escurridizo extremo internacional, Eloy, acompañado de varios jugadores de la cantera, unos demasiado veteranos y otros demasiado jóvenes. Para que la gran fiesta estuviese completa, la RAI, y no una de las cadenas privadas del imperio audiovisual Berlusconi, retransmitiría los dos partidos para Italia.

 

 

Para el Goliath rojinegro, esta Copa de la UEFA se presentaba como la gran tabla de salvación del equipo si los dos grandes favoritos, Nápoles y Juventus, resultaban ser tan superiores como anunciaban las encuestas que de todo tipo y en todas ocasiones se hacen en el mundo del «calcio». La influencia de Silvio Berlusconi ya consiguió en 1986 que el Milán disputase un partido de desempate «spareggio» contra la Sampdoria de Génova, entrenada por Vujadin Boskov, con la que habían empatado a puntos, pero que superaba claramente al Milán en la diferencia de goles.

El Milán ganó este partido y como Berlusconi era uno de los hombres más poderosos de Italia, nadie dijo nada. La gran reválida de toda gran escuadra futbolística era la competición internacional. Ahí han nacido los grandes equipos y se han escrito las grandes gestas.

 

 

Para el Milán, reverdecer los laureles que Gianni Rivera, «Il bambino d’oro», y compañía consiguieron en los sesenta, era la gran prueba de fuego de la temporada 1987-1988. De la filosofía del talonario se pasó a la inversamente proporcional de la cantera. Al Sporting no le sobraba dinero. Ya tuvo que desprenderse de Maceda y Mino y retuvo a duras penas a Ablanedo II y a Eloy. La nueva generación que preparaba Novoa todavía necesitaba más tiempo para consolidarse. Los puntales del equipo continuaban siendo los grandes veteranos, Cundi, Jiménez y Joaquín. Además, ya no estaban ni Mesa ni Quini y el uruguayo Wilmar Cabrera debía demostrar todavía sus cualidades y hacer olvidar al mexicano «Lucho» Flores, con el que la afición gijonesa pareció descubrir la temporada anterior a un digno sucesor de «El Brujo».

En fútbol, hasta que se demuestre lo contrario, juegan once contra once. Muchas veces se ha dicho que el jugar para el equipo de tus amores da una fuerza suplementaria, y puede que sea verdad. Lo más bonito de este deporte es ver cómo chavales que anteayer pedían autógrafos a sus ídolos, se parten el alma hoy con quien sea para que el día de mañana sean recordados, por lo menos, con el mismo aprecio que sus ídolos. De Mareo salen, indudablemente, los mejores refuerzos que, por su idiosincrasia, puede obtener el Sporting. Tati, Jaime, Ablanedo I, Marcelino, Juanma… Hombres sin nombre, por aquel entonces, en el firmamento futbolístico nacional, que se verían las caras con algunos de los mejores jugadores que deambulaban por los terrenos de juego continentales. La gran oportunidad del Sporting estaba en que estos «cracks» también eran jóvenes.

Marco Van Basten, el delantero centro más peligroso de Europa junto al mexicano Hugo Sánchez, solamente tenía 23 años, Ruud Gullit no pasaba de los 25 y a su juventud acompañaba una potencia física fuera de lo común que le permitía jugar, simultáneamente, de líbero, centrocampista creador y delantero centro, y Roberto Donadoni, el enésimo sucesor de Gianni Rivera, tenía más futuro que pasado.

 

 

¿Quién ganó?

El Sporting de Gijón se impuso en casa 1-0, mientras que en el partido de vuelta el Milan arrolló a los españoles por 3-0 en un partido disputado en Lecce El Milán se vió obligado a jugar en Lecce a causa de una sanción de la UEFA por desórdenes en un partido anterior que le obligó a disputar el encuentro a 500 kilómetros del estadio milanés. Los seguidores del club italiano se desplazaron masivamente y por diversos medios a la ciudad del Sur.

 

 


Paola Murrandi