Sam Bartram, y posiblemente la situación más surrealista jamás vivida por un portero

 

Sam Bartram creció en la cuenca de Durham, aprendiendo a jugar al fútbol en el colegio donde estudiaba, pero totalmente convencido de que su futuro pasaba por trabajar en la mina de carbón como la mayoría de sus vecinos y amigos. El fútbol para él en aquel entonces era un simple pasatiempo. Se desempeñaba como interior o defensa central en función de las necesidades de cada partido. Era grande, corpulento y nunca eludía el choque. Cuando no estaba sacando carbón de la mina era fácil encontrarlo en el campo del Boldon Villa, el equipo amateur de su pueblo. Una prueba sin éxito al Reading cuando tenía 17 años, y que le dejó una profunda herida porque apagó de golpe muchos de sus sueños, fue lo más cerca que creyó estaría del fútbol profesional. Pero en 1934, antes de la final de un torneo comarcal, el portero del Boldon Villa se levantó con una resaca descomunal tras una noche especialmente intensa por los pubs de la zona. No estaba en condiciones de ponerse a la portería y lo que solía ejercer de suplente hacía semanas que restaba lesionado. El entrenador tomó la decisión más lógica en estos casos: poner en el más grande y fuerte bajo la portería. Y este era Bartram.

Ese día estaba en la grada Angus Seed, hermano de Jimmy Seed quien solamente un año antes se había hecho cargo del Charlton Athletic, el equipo que se disputa con el Crystal Palace el dominio en el sureste de Londres. Angus ejercía de observador para su hermano. Le gustaba el fútbol y la ópera y cuando el tiempo se lo permitía solía rondar por torneos locales en campos perdidos en busca de talentos por descubrir. Aquella tarde no tardó en preguntar por el tipo gordo que estaba defendiendo con éxito la portería del Boldon Villa. “Se dice Bartram. Es el central, está jugando hoy por casualidad” le dijeron. Esa misma tarde llamó a su hermano en Londres: “Creo que tengo un portero para ti”, y así comenzó la historia de este peculiar portero.

4 años después de aquel momento clave de su carrera, llega otro aún más curioso. El día de Navidad de 1937 jugaban contra el Chelsea en medio de una impresionante niebla que amenazaba con la suspensión del choque. El partido se interrumpió en varios momentos para que el árbitro tenía problemas para seguir el juego y muchos aficionados incluso se fueron cansados ​​de ver solamente una parte. Hacía un frío terrible y esta humedad londinense tenía temblando a todos los jugadores durante el descanso. Finalmente el árbitro decidió que se jugara el segundo tiempo y Bartram, maldiciendo la decisión, se fue a su portería. La niebla no dejaba de reinar sobre el campo, cada vez más espesa. Jugaban literalmente contra sombras. Bartram estuvo un buen rato sin trabajo, solo, en medio de aquel manto que lo cubría todo y que le congelaba totalmente los huesos. Daba saltitos y pequeñas carreras para calentarse. De repente, una sombra caminaba hacia él. Se puso en guardia, pero resultó ser un policía que lo miraba extrañado: “¿Qué diablos haces aquí? El partido se ha suspendido hace diez minutos”. Bartram llegó al vestuario y se encontró a sus compañeros mofándose de él. “A mí ya me extrañaba que estuviéramos dominante tanto”, les dijo para completar la broma.