Salah y Florencia, la historia de una traición dolorosa

 

Bajo la eterna sombra de Gabriel Omar Batistuta, que aún a día de hoy se proyecta sobre los delanteros que aterrizan en Florencia, Mohamed Salah mostró al mundo sus extraordinarias cualidades en 110 días como viola. Una historia iniciada un 8 de febrero de 2015, día de su debut, y finalizada el 31 de mayo de 2015, día de su último partido, que acabó con el sabor más amargo e inesperado de los finales. Detrás de aquella figura amigable, sonriente y amable que prometía amor por el club viola, se escondía una gran ambición…

 

 

La llegada de un delantero que fue rechazado por su propio valedor

Doce meses antes de su llegada a la Serie A, el Chelsea había pagado 15 millones de euros al Basilea para hacerse con sus servicios, previendo una gran competencia, pero a partir de aquel entonces, prácticamente no hubo noticias de aquel jugador egipcio tan prometedor, capaz de correr sobre el terreno de juego el doble de rápido que los defensores del rival.

José Mourinho, que también creía mucho en sus cualidades, acababa de iniciar su segunda aventura al frente de los Blues y se le había fichado como técnico con un único objetivo inmediato: ganar. Una vez que encontró la configuración que le permitía sumar puntos en el campeonato, decidió no arriesgar lo más mínimo a la hora de dar minutos a según que jugadores.

En un contexto de tristeza por no poder hacerse un hueco en la Premier League, el egipcio desembarcó en las orillas del Arno en busca de minutos tras una negociación que se alargó porque exigía que el contrato se tradujera al árabe. A pesar del escepticismo general por el fichaje de un jugador que solamente había despuntado en Europa en la liga suiza, Salah fue recibido con una cálida bienvenida en Florencia. Salah trató de disipar las dudas durante una rueda de prensa de presentación, en la que se mostró muy confiado. «No es cierto que la liga italiana se haya convertido en un nivel medio-bajo, la mayoría de los jugadores que deciden irse a Italia lo hacen para ampliar sus horizontes. He jugado por la derecha y por la izquierda en el 4-3-3, pero también como segundo delantero. Espero quedarme aquí el mayor tiempo posible y ganar no solamente un campeonato, sino más de uno. No estoy dispuesto a volver al Chelsea, quiero mejorar en la Fiorentina».

 

 

Cuando el Atalanta llegó al Artemio Franchi el 8 de febrero, los ojos de todos los aficionados viola estaban puestos en el egipcio. Los asistentes al estadio tuvieron que esperar 65 minutos antes de que Montella lo lanzara al ruedo, pero sus 25 minutos fueron de mucha intensidad y de sprints fulminantes. En el siguiente partido marcó su primer gol en Italia (acompañado de una asistencia) contra el Sassuolo. Las semanas siguientes estuvieron marcadas por una excelente actuación contra el Tottenham en la Europa League, otro gol contra el Torino, otro gol contra los Spurs y un gol decisivo contra el Inter. Exactamente un mes después de su llegada a Italia, ya nadie tenía dudas sobre el poder del faraón.

El 5 de marzo de 2015 la Fiorentina esperaba a la Juventus en Turín en un partido válido por la ida de las semifinales de la Coppa Italia. En el minuto 11 llegó el gol que quizás cambió la carrera de Salah para siempre: un córner a favor de los Bianconeri, Kurtic despejó el área para servir al egipcio que, partiendo desde su propio campo, dejó a todos en su camino, apuntó y dejó a Padoin en el camino, penetró hasta el punto de penalti y batió a Storari con la zurda. ¡Un golazo impresionante! Simplemente uno de los goles más bonitos de la historia de la Fiorentina, así como probablemente de toda la historia de la Coppa Italia. De vértigo.

 

 

Esa noche Salah marcó el 2-1, el gol que para la Juventus supuso su primera derrota en el ‘Stadium’ desde 2013, y cuando al día siguiente el avión que llevaría a la Fiorentina de vuelta a Florencia aterrizó en el ‘Vespucci’, más de 400 aficionados se apresuraron a darle el más cálido de los abrazos: «¡Hemos venido hasta aquí para ver a Salah marcar!». Solamente unos días antes había ocurrido lo mismo, pero esta vez en plena noche en la estación, cuando el equipo regresaba de su victorioso partido fuera de casa contra el Inter.

Florencia encontró por fin a un prometedor sucesor de Batistuta en su santoral y Salah encontró el lugar ideal para mostrar todas sus extraordinarias cualidades. Fue un amor, uno de los más intensos de todos los que se han vivido en la Serie A, pero lo que muchos no saben es que estaba destinado a terminar en cuestión de semanas.

Cuando, el 31 de mayo siguiente, el campeón egipcio, al abandonar el campo en el minuto 27 del Fiorentina-Chievo de la última jornada del campeonato, reservó al Franchi un saludo que parecía algo más que un simple «adiós a la próxima temporada», muchos se preguntaron qué estaba pasando ante sus ojos.

El jugador, tras el triple pitido final, buscó a Montella en la sala de prensa para despedirse, una pista preocupante.

 

 

Una traición totalmente alejada de la imagen y palabras de su protagonista

El club viola había garantizado la posibilidad de ampliar el préstamo una temporada más mediante el pago de un millón de euros y poder comprar la totalidad de la ficha ingresando en las arcas del Chelsea otros 15 millones. Se mire como se mire, era una ganga, a tenor de lo que había demostrado Salah en el campo, pero hubo un detalle de no poca importancia que se ocultó a todo el mundo: en el momento de la firma del contrato el jugador exigió que se adjuntara al contrato un escrito privado cuyas dos primeras palabras eran «Confirmación irrevocable», con la que se reservaba la decisión final de prorrogar o no su estancia en Florencia. El acuerdo entre la Fiorentina y el Chelsea para su traspaso estaba cerrado, pero Salah se había quedado básicamente con la última palabra por contrato. Por lo que si no quería quedarse en Florencia, nadie podía obligarle…

La Fiorentina no se rindió, intentó ponerle en bandeja un contrato de cuatro años, más de 3 millones de euros al año (una cantidad enorme para el club), y la respuesta de Salah fue cerrar su móvil, desaparecer y dejar a su manager como única persona de contacto. Ese amor tan intenso de Florencia hacia Salah no fue correspondido por el egipcio, y lo que parecía una historia maravillosa se convirtió en una traición llena de mentiras desde el propio momento de su presentación. Su agente respondió con un mensaje claro: «lo hemos decidido, no nos quedamos en la Fiorentina. Salah se irá a otro club italiano».

 

 

Meses después, el director deportivo de la Fiorentina, Daniele Pradè, explicaría, cuando el egipcio ya era nuevo jugador de la Roma, cómo habían ido las cosas. «Nadie, después de los meses pasados juntos, podía imaginar lo que Salah tenía en mente. Sus decisiones pueden ser correctas o incorrectas, esto nos interesa poco, solamente puedo decir que nunca pensé que su cabeza pudiera cambiar de tal manera. Era el hombre más feliz del mundo en Florencia y lo que ocurrió fue simplemente inimaginable. Llevo muchos años haciendo este trabajo, pero nunca se deja de aprender. Cogimos a un jugador que había sido olvidado y le dimos la oportunidad de jugar continuamente y hacer lo que hacía, pero en mes y medio todo cambió. No ocurre en ningún otro sitio».

Probablemente Salah no sería lo que es hoy sin el cariño de la afición de Florencia y la oportunidad que se le brindó para brillar en una gran liga por primera vez en Europa. Sin esos 26 partidos con la Fiore con 9 goles y un juego sobresaliente, su explosión, la verdadera a alto nivel no se hubiera dado. Podría haber sido una historia espléndida con otro final, pero el desprecio de Salah a quién le había ayudado para hacerse un nombre en Europa desembocó en una triste traición, de las que duelen por el componente humano. La Fiore fue utilizada por Salah como nada más que un trampolín… la ambición y el desagradecimiento de aquel chico sonriente y amable ganó.

 

 


Paola Murrandi