Ronaldo en el AC Milan, «O fenômeno​» de San Siro

 

Ronaldo fichó por el Associazione Calcio Milan, procedente del Real Madrid, un 30 de enero de 2007 tras un traspaso valorado en 7,5 millones de euros más primas. El brasileño luciría el dorsal 99 durante sus 20 participaciones, viendo puerta en tan solo 9 ocasiones entre los años 2006 y 2008.

Crueldades del destino, durante su primera temporada en San Siro asistiría como espectador privilegiado a la consecución de la Copa de Europa por parte de sus compañeros, un torneo que nunca pudo ganar. El hecho de haber participado anteriormente en aquella Champions League 2006-2007 con el Real Madrid no le permitió ser inscrito.

 

 

Mientras durante su primera temporada rindió a un gran nivel, en su segunda temporada solamente jugó poco más de 300 minutos debido a sus recurrentes problemas de lesiones y de peso. Los únicos goles durante la temporada 2007-08, además de su gol contra el Lecce en la pretemporada, se produjeron en una victoria por 5-2 contra el Nápoles en San Siro, en la que marcó un emotivo doblete. También fue la primera vez que el tan publicitado trío ofensivo del Milan, formado por Kaká, Alexandre Pato y Ronaldo.

El 13 de febrero de 2008 sufrió una grave lesión de rodilla al saltar por un centro en el empate 1-1 del Milan con el Livorno, y fue retirado en camilla y trasladado a un hospital. El club confirmó después del partido que Ronaldo se había roto el ligamento de la rótula de la rodilla izquierda. Aquello sentenció su paso por San Siro y fue liberado por el Milan al final de la temporada, ya que su contrato expiró y no fue renovado.

 

 

AC Milan, el último club de «O fenômeno» en Europa

Ronaldo se convirtió oficialmente en jugador del AC Milan un 30 de enero de 2007, por 7,5 millones de euros más primas. Tras dos días de intensas negociaciones entre Ramón Calderón y Adriano Galliani, el Real Madrid y los rossoneri llegaron a un acuerdo para el traspaso del atacante brasileño. «El AC Milan anuncia que ha adquirido a Ronaldo del Real Madrid, que ha firmado un contrato que le uniría a los rossoneri hasta el 30 de junio de 2008», así rezaba el comunicado oficial.

El consejero delegado rossonero Galliani explicó los términos del acuerdo: «Son 7,5 millones a pagar en dos plazos, con el reparto del mecanismo de solidaridad. Si el Milán consigue clasificarse para el cuadro principal de la Liga de Campeones a través de las preliminares, tendremos que pagar otros 500.000 euros al Real Madrid. Por tanto, estaría encantado de pagarle 8 millones…». Luego un agradecimiento a Silvio Berlusconi: «Cumplió su promesa, cumplió su palabra. Sustituimos a Stam por Oddo y a Shevchenko por Ronaldo, que tenía otras ofertas, pero que se alegró de elegir al Milan. Misión cumplida, entonces. Estamos todos muy contentos».

 

 

Ronaldo, que no participó en el entrenamiento de aquel movido día en Valdebebas gracias a un permiso del club blanco, llegó al estadio Santiago Bernabéu en su propio coche para firmar la rescisión de su contrato con el club merengue antes de partir hacia Milán. Al dejar el Bernabéu dijo: «Me duele el corazón, pero así es la vida. Acabo de firmar mi contrato con el AC Milan. Agradezco a todos los aficionados y a todos los entrenadores que he tenido, menos a uno», en clara referencia a Fabio Capello. El entrenador por su parte ni corto ni perezoso aseguró que lo descartó por problemas de peso: «Le deseo la mejor de las suertes para que haga lo que solía hacer, que es ser un gran jugador».

Ronaldo acabaría llegando al aeropuerto de Linate a las 19.55 horas, donde sería recibido por Leonardo, y abandonando el aeropuerto por una salida secundaria a bordo de un Audi gris escoltado por la policía, evitando las preguntas de los periodistas.

 

 

El Inter siempre fue su primera opción

Ronaldo en 2016 reveló que en 2007, antes de fichar por el AC Milan, intentó volver al Inter de Milán, incluso se lo dio a conocer a la directiva del club lombardo, sin embargo, dijo que prefirieron la permanencia de su compatriota Adriano.

«Quería volver en 2007 al Inter y se lo comuniqué con total claridad. Me mantuvieron a la espera más de una semana, pero mi regreso dependía de la marcha de Adriano. Y al final eligieron a Adriano. En Madrid no podía quedarme más tiempo, la ciudad de Milan siempre estuvo en mi corazón. El Milan lo intentó con todas sus fuerzas y el Inter me dañó como cinco años antes cuando me fui al Madrid, porque me habría quedado en el Inter con algunas condiciones”, explicó a La Gazzetta dello Sport.

A pesar del hecho narrado, Ronaldo aseguró que no guardaba rencor al Inter: “En mi carrera hay tres grandes equipos Corinthians, Real Madrid e Inter. Hay muchas maneras de vincularme al Inter más allá del afecto». Las declaraciones de Ronaldo se dieron luego de estar presente en el estadio Giuseppe meazza, en el partido entre Inter de Milán y Sampdoria, donde los aficionados del «nerazurro» arremetieron en su contra recordando que defendió la camiseta del Milan. «Las leyendas no cambian de equipo. Eso lo hacen los hombres de mierda».

 

 

El debut en San Siro y el doblete en su segundo match

Cuatro años y nueve meses después de su último partido en Serie A, entonces como jugador del Inter, el brasileño regresó victorioso al calcio, con la camiseta del AC Milan en el partido liguero contra el Livorno. No marcó, pero el AC Milan ganó 2-1 ante sus abonados, los únicos a los que les fue permitida la entrada al estadio aquella tarde. Entro al campo luciendo el número 99 en la camiseta en el minuto 62, sustituyendo a su compatriota Ricardo Oliveira, con el marcador en empate (1-1).

La última aparición de Ronaldo en el fútbol italiano databa del 5 de mayo de 2002, en un Lazio-Inter de Milán de triste recuerdo para él, pues en ese partido el conjunto interista perdió y, con ello, se le escapó un título que tenía en sus manos. Ronaldo, que terminó el partido en el banquillo, tras ser sustituido por el entonces técnico interista, el argentino Héctor Cúper, lloró desconsoladamente al ver escaparse el Scudetto, y ya por su cabeza rondó la idea de irse del Inter.

 

 

Ronaldo debía sentarse en el banquillo contra el Livorno en San Siro tan solo dos días después de su fichaje, pero la muerte del inspector de policía Filippo Raciti, asesinado antes del partido Catania-Palermo, suspendió todas las actividades deportivas en Italia y todo se aplazó al 11 de febrero.

Durante la media hora que estuvo sobre el césped de San Siro, en que jugó un centenar de partidos oficiales como interistas, Ronaldo no anotó, pero dio suerte a su equipo: el Milán anotó el decisivo 2-1 apenas seis minutos después de su ingreso, con un gran tanto del checo Marek Jankulovski. En su haber personal, Ronaldo tuvo un buen debut, se movió con ganas y entusiasmo, a partir del minuto 79 jugó como única punta al ser sustituido Alberto Gilardino por un centrocampista. Realizó tres remates a la meta rival. Los mejores fueron un disparo desde fuera del área que obligó al meta del Livorno a la parada (m.82) y un disparo que se perdió junto a la cepa del poste derecho (m.84). Incluso se permitió alguna que otra ‘serpentina’ (m.92).

Evidenció no ser el Ronaldo de antaño, aunque recuperable para un Milán que precisaba de sus goles en busca de la zona Liga de Campeones de Europa. De momento, en su debut, cumplió y gracias a la victoria sobre el equipo de Cristiano Lucarelli, el AC Milan pudo preparar con más tranquilidad el siguiente partido en casa del Siena.

En aquel segundo partido Carlo Ancelotti decidiría alinear de inicio por primera vez al Ro-Ka-Ro, el tridente brasileño formado por Ricardo Oliveira, Kaká y Ronaldo. El ex jugador del Santos marcaría un gol, Kaká daría dos asistencias, pero la estrella fue Ronaldo, que marcaría un doblete. Fueron sus dos primeros goles con el AC Milan. El Siena-Milán terminaría 3-4, con un triplete de Maccarone para los locales y el gol decisivo de Molinaro en propia puerta en el 94′ tras un cabezazo de Ambrosini.

 

 

Su primer Derby della Madonnina como rossonero

Ronaldo tenía por aquel entonces un buen puñado de ex equipos a sus espaldas, uno de ellos era el Inter de Milán, el club que le acunó cuando sufrió sus graves lesiones de rodilla, el equipo que se sintió frustrado cuando le vio marchar al Madrid, y la mitad de la ciudad que recibió con ira su fichaje por el Milan, el eterno rival. Ronaldo debutó en un Derby della Madonnina con la camiseta del equipo rojinegro un 12 de marzo de 2007.

Su antigua afición, la del Inter, le recibió con los agudos pitidos de casi 30.000 silbatos de color naranja, además de con pancartas que viajaban de la broma al insulto: «Te fuiste como conejo y ahora vuelves como cerdo», por ejemplo. «Un jugador mediocre, un hombre malnacido, Ronaldo ingrato». «Ojo a la rodilla», también. En otras se podía leer: «El payaso ha llegado». Ronaldo marcó. No fue suficiente. El Inter, que para algo es el líder invicto del calcio, acabó ganando y así superó parcialmente el trauma de su eliminación ante el Valencia en la Champions.

 

 

El argentino Julio Cruz, que ya se había acostumbrado al papel de salvador de su equipo, y el gigantón sueco Ibrahimović, evitaron que Ronaldo derrotara al Inter aquella noche. Que el brasileño seguía siendo un delantero de talla mundial, un hombre que desequilibraba partidos, lo demostraba la pasión con la que le recibió el público: «Han exagerado, sobre todo, ofendiendo a mi familia, pero no se puede esperar mucho de personas estúpidas», se quejó luego el ariete, que se hizo notar sobre el campo: marcó con un zurdazo cuando el partido buscaba el descanso y lo celebró poniéndose las manos en los oídos, en respuesta a los silbidos recibidos desde la grada cada vez que tocaba un balón.

Con la ventaja milanista, todo quedó en manos de un suplente, el jardinero Cruz. Fue que el argentino saltara al campo y que cambiara el ritmo del encuentro. Tocó un balón, solamente uno, el primero, y con eso empató el partido. Luego protagonizó un ramillete de oportunidades que encendieron a los suyos y dispararon el ritmo del encuentro. La jugada del empate, nacida de un rechace de Duda a centro de Ibrahimović, anunció quién decidiría el partido: el tallo sueco, que pasa por prototipo del delantero moderno, marcó el tanto de la victoria interista.

La derrota del equipo de Ronaldo, en el que Maldini cumplió 600 partidos en Liga, dejó una conclusión deprimente para los suyos, por mucho que el equipo se hubiera clasificado para cuartos de final de la Champions: después de empezar la campaña con un déficit de ocho puntos por su implicación en el caso Moggi, la trama que amañaba partidos en el calcio, la derrota en el derbi certificó matemáticamente que los jugadores de Ancelotti no podían ganar el campeonato: marchaban a 33 puntos del líder a falta de 11 jornadas. Y eso no lo podía arreglar ni siquiera Ronaldo. «Estoy feliz por el gol… y basta. Se ha tratado de otro partido más para mí, de otro derbi más. He celebrado el gol normalmente como hago con todo los tantos que marco», dijo.

 

 

Una enésima lesión, el «Caso Ronaldo»

El 31 de julio el Milan celebró su reencuentro con los ‘tifosi’ y Ronaldo se hizo daño. Comenzaron otra vez los partes médicos: estiramiento de muslo izquierdo. De primer grado, atención al detalle. Parecía poca cosa y le aconsejaron reposo. A Ronaldo no le hizo gracia, porque se había tomado muy en serio el inicio de la temporada 2007-2008. Había adelgazado cinco kilos. Como en enero llegó al AC Milan por la puerta de atrás, sin jugar la Liga de Campeones, que ganaron sin él, tenía ganas de arrancar con el máximo de recursos. Asumió el parón con la vista puesta en la final de la Supercopa contra el Sevilla, el 31 de agosto. Pero volvieron a ganar sin él.

Antes del partido Ronaldo recibió otro jarro de agua fría. Una ecografía reveló una fibrosis, la cicatriz que aparece si la curación va bien. Pero decía algo más: la lesión era peor de lo que parecía. De segundo grado, no de primero. Que el famoso Milan Lab, el centro médico hipertecnológico del club, se equivocara no entraba en los planes de Ronaldo. Empezó a haber cabreo en el ambiente. Además, el equipo había divulgado que padecía hipotiroidismo, raíz de su aumento de peso, cosa que le sentó como un tiro…

 

 

El Milan empezaba a arrepentirse de no haber comprado otro delantero, tenía que confiarse a Kaká y arreglarse con Inzaghi y Gilardino, que nunca habían acabado de funcionar. Era en aquel entonces el equipo más viejo de Italia, con una media de 30,4 años, y tomó medidas: el 4 de septiembre aterrizaba entusiasmado en Malpensa un crío de 18 años, todo futuro, la nueva figura brasileña. Tan inocente que con la primera sonrisa exhibió un flamante aparato dental. Era Alexandre Pato, goleador de la ‘seleçao’ Sub 20, el fichaje más caro del calcio aquel verano, 22 millones. No podía jugar hasta enero, pero se estrenó dos días después con el Dinamo de Kiev. Marcó e hizo un partidazo. Adriano Galliani, presidente del Milan, estaba pletórico. Le preguntaron sobre Ronaldo: «No me preocupa, volverá dentro de poco. ¿Que si hemos comprendido bien la entidad de su lesión? Mirad, ya me cuesta entender a los jugadores, imaginaos si entiendo a los médicos…».

Ronaldo, que cumplía 31 años leyó aquellas declaraciones en Brasil curándose la ‘saudade’, que ya aparecía en escena. Estaba en su tierra porque tampoco entendía a los médicos, sobre todo a los del Milan. Tras la chapuza del diagnóstico acudió por su cuenta a un especialista. Se suponía que pidió permiso, pero, aun así, fue, según reveló la prensa italiana, al doctor Franco Combi, médico del Inter. ¡Pecado mortal! Y encima contradijo al Milan: tenía una lesión más seria de tendones. En el club rossonero todo sentó bastante mal.

 

 

El asunto ya se había convertido en el «Caso Ronaldo» y florecían las ironías recurrentes sobre el fracaso del fichaje, al tiempo que quedaba en evidencia una falta de tacto general de unos y otros. El Milan decidió asumir que había metido la pata. Le hicieron al jugador tres resonancias magnéticas y seis ecografías. Luego, el responsable del Milan Lab, Jean Pierre Meersseman, se lo llevó a Amberes a la clínica de Marc Martens, eminencia mundial. Después le dieron permiso para ir a Brasil y ponerse en manos del médico de su selección, José Luiz Runco.

Todo parecía encarrilado, hasta que Runco comentó, como de pasada, que la recuperación de Ronaldo iba bien a base de una terapia de «factor de crecimiento». En Italia alzaron las orejas. ¿Qué era eso? Según se explicó, sacar 30 o 40 centímetros cúbicos de sangre, centrifugarla para concentrar las plaquetas y volverla a inyectar para acelerar la cicatrización. La Fiscalía del CONI, el comité olímpico italiano, dijo sin rodeos que eso era dopaje. Este nuevo filón disparó la dimensión del culebrón, aunque esta práctica se permite en muchos países y la WADA, la Agencia Mundial Antidopaje, no lo considera como tal.

Entretanto, el doctor Runco dijo que había hablado por hablar, que el chico no había seguido la famosa terapia. Como tampoco hay manera de probarlo, ya daba igual. Ronaldo selló la paz con una entrevista al canal del Milan: «Se han cometido errores, pero ahora quiero trabajar y curarme lo antes posible». Cuándo será eso no se sabe. El Milan jugaría sin él su primer partido europeo contra el Benfica. Runco dijo que Ronaldo estaría listo para octubre. Pero Galliani no se hacía ilusiones: «Somos el Milan y podemos prescindir de Ronaldo y esperar a Pato en enero».

 

 

El hipotiroidismo

Ronaldo tras su retiro reveló que padecía una enfermedad particular, el hipotiroidismo, que descubrió durante su etapa en el AC Milan, respondiendo así a muchos que bromearon sobre sus kilos de más en los últimos dos años. «Hace cuatro años, en el AC Milan, descubrí que tenía una enfermedad llamada hipotiroidismo, una enfermedad que ralentiza el metabolismo; para controlarla hay que tomar hormonas que no están permitidas en el fútbol, se consideran dopaje. Creo que ahora muchos de los presentes se han arrepentido de haber hecho comentarios incluso irónicos sobre mi peso, pero yo no me arrepiento de nada, solamente pido que todos entiendan lo que estoy explicando».