Romário en el Valencia CF, historia de un drama

 

Romário fichó por el Valencia CF gracias a la obsesión del presidente Francisco Roig, en una operación que le costaría al club de Mestalla más de 800 millones de pesetas. El interés de los valencianistas venía de lejos, concretamente desde 1993 cuando pertenecía a la directiva de Arturo Tuzón, Roig gestionó la contratación de Romário, que jugaba en el PSV Eindhoven, pero Tuzón consideró excesivo pagar 800 millones.

 

 

El presidente Roig se volcó durante años en convertir al Valencia en uno de los grandes de Laliga, y con el fichaje de Romário ponía toda su ilusión para llevar al club a un nuevo nivel. No hay que olvidar que el equipo del Túria hasta aquel entonces era un equipo de altibajos, con tan solo 4 ligas (tres de ellas en la década de los 40), 5 Copas del Rey, 2 Copas de Ferias y 1 Recopa, con la mayoría de los logros en blanco y negro.

 

 

Romário finalmente en sus dos etapas en el Valencia CF tan solo llegó a jugar 11 partidos de Liga, en los que marcó 5 goles (9 más en amistosos y otras competiciones) y dio una asistencia de gol. Inestabilidad y multitud de situaciones surrealistas ligadas directamente a su vida nocturna, pero también al ego incorregible de sus entrenadores, fueron los elementos de un cóctel final decepcionante.

 

 

Historia de un fichaje

Después de 15 días de contactos telefónicos, el Valencia viajó a Río de Janeiro para ultimar los detalles del fichaje con Romário, su agente y su club por aquel entonces, el Flamengo. La oferta de Roig era realmente tentadora. Un contrato de 250 millones por una temporada con opción a una segunda. «Es el mejor salario del mundo», afirmó Romário a la prensa brasileña. Romário tenía 30 años, había jugado en el Vasco de Gama (116 goles), PSV Eindhoven (94 goles), Barcelona (34 goles) y Flamengo (49 goles). Con todos ellos había sido campeón de liga y había demostrado que a pesar de su vida nocturna era muy superior al resto de sus compañeros a la hora de decidir partidos por si solo, algo que muchos entrenadores olvidaron. No era un jugador convencional, era un auténtico artista que solo pedía que se le respetara su vida privada, y se ganaba sus privilegios a base de goles. Con la selección de Brasil además ya había marcado hasta aquel entonces otros 32 tantos y había levantado una Copa del Mundo.

El entrenador del Valencia de aquel entonces, Luis Aragonés, se negó rotundamente a su traspaso, pero viendo que el presidente Roig no le hacía ningún tipo de caso, exigió que como mínimo se incluyera una cláusula en el contrato que penalizara a Romário con multas de 10 millones para evitar sus escapadas.

 

 

El contrato de Romário con el Flamengo expiraba el 31 de diciembre de 1996 y existía una cláusula de penalización, impuesta por el FC Barcelona al traspasar al delantero, que obligaba a cualquier equipo que fichara a Romário antes de final de aquel año a pagar 900 millones al club catalán. Consciente de que el Flamengo y el Barcelona preferían cobrar una cantidad inferior a que Romário se marchara cuatro meses después con su carta de libertad, Roig ofreció a ambos clubes una indemnización de cuatro millones de dólares (más de 500 millones de pesetas), que se repartirían a partes iguales. El Valencia incluso pensó en impugnar la validez de la cláusula impuesta por el Barcelona y para abaratar el fichaje ofreció a Mazinho, aunque nunca se dio su traspaso al Flamengo.

 


 

La llegada a un Valencia convulso lleno de egos

Los 45.000 espectadores que abarrotaron la noche del 26 de julio de 1995 Mestalla en la presentación oficial del Valencia 1996-1997 mostraron su descontento con la gestión del presidente, Francisco Roig, mediante una fuerte pitada. Los silbidos se convirtieron en aplausos para los jugadores y el nuevo técnico, Luis Aragonés. El Valencia negoció durante la jornada el traspaso del delantero ruso Oleg Salenko al equipo escocés del Glasgow Rangers. A última hora se llegó a un acuerdo, cifrado en 350 millones de pesetas por el representante del jugador, Vincenzo Morabito.

 

 

Antes de someterse al veredicto de la afición, Francisco Roig sonreía abiertamente. Tenía motivos para ello. Acababa de desprenderse de un extracomunitario que no interesaba al nuevo técnico, Luis Aragonés; recaudaba una buena suma de dinero para fichar a Romário días después; y contemplaba cómo la venta de abonos marchaba mucho mejor que la temporada pasada a esas alturas (el club de Mestalla ya había vendido 25.000 abonos frente a 12.000 del año pasado, pese a subir los precios en un 20% en algunos casos).

Romário fue finalmente presentado en 5 de agosto de 1996 ante más de 200 aficionados esperándolo a las entradas de las oficinas de Mestalla.

 

 

 

De mal en peor en una lucha de egos

Los conflictos de Romário en el Valencia CF llegaron a un punto sin retorno. Prueba de ello fue la inolvidable situación vivida con Luis Aragonés durante un entrenamiento en el que el entrenador le enfrentó con la mítica frase «míreme a los ojitos». El brasileño ante el ataque frontal y directo de su entrenador ante las cámaras que filmaban el entrenamiento se mostró desmotivado, traicionado, sin apenas ganas de aportar nada en el campo. Luis Aragonés quiso imponer su ego, sin nunca llegar a valorar el talento de la primera superestrella internacional que recayó bajo sus órdenes durante su etapa como entrenador.

Además poco después, sin Romário en el equipo que goleó por 3-0 al Bayern Múnich en la Copa de la UEFA, y con la frase incendiaria de «o él, o yo», pronunciada por el atacante brasileño, el asunto se zanjó con el regreso de Romário a su país, donde jugó como cedido en el Flamengo. Luis Aragonés después de enfrentarse también a Paco Roig, presentaría su dimisión el noviembre de 1996.

 

 

Casi un año después, Valdano, que había llegado a Mestalla como nuevo técnico a mitad de la temporada anterior, recuperó para la causa a Romário, del que dijo que era «un jugador de dibujos animados», pero este se lesionó en pretemporada, y Valdano fue destituido después de tres derrotas en Liga. La posterior llegada de Ranieri al banco valencianista solo haría que empeorar la situación para «O baixinho», ya que en octubre se enfrentarían verbalmente en el vestuario después de que el jugador saliera de fiesta antes de un partido en Vigo.

 

 

Romário explotó en la rueda de prensa posterior y finalmente fue traspasado al Flamengo a finales de 1997. «¿Compañeros? ¡Joder! Los compañeros, que se jodan. Si vienen a hablar conmigo de este tema los mando ya sabéis dónde. No les tengo que dar explicaciones sobre estas cuestiones. Cuando salgo de la ciudad deportiva soy el dueño de mi vida y hago lo que quiero. Mi vida privada es mía. Y si queréis, cuando salga, os llamo y os digo estoy en tal o tal bar. Yo no me escondo. Hace 18 años que juego al fútbol y la noche siempre ha sido amiga mía. El día que el presidente vino a ficharme le comenté que la noche me encanta y que cuando no salgo, no marco. El día del Palmeiras salí por la noche, llegué a las siete de mañana al hotel luego, marqué tres goles. Desde entonces no he vuelto a salir más y los goles no llegan, así que habrá que empezar a salir por las noches. Salí el jueves, salí ayer, saldré hoy y la próxima semana creo que haré igual. Y a quien no le guste…».

 

 


Paola Murrandi