El rol de los padres en el fútbol formativo, el antes y el después 

 

El rol de los padres y familiares durante los partidos de fútbol formativo ha ido cambiando a lo largo de los años, pero ¿estamos actualmente haciendo las cosas bien con nuestros pequeños deportistas?

Llevamos mucho tiempo entrenando a chicos y chicas en el fútbol base en la provincia de Girona, primero como jugadores durante los años 90 y después como entrenadores, desde el 2002. El cambio que hemos podido apreciar en los padres durante los partidos de sus hijos/as es bastante significativo. Es cierto que siempre ha existido el perfil de padre sobreprotector y el de “mi hijo llegará a ser como Maradona”, sin embargo nuestra opinión es que los padres de los años 90 y principios del 2000 vivían el fútbol de sus hijos intensamente, con ilusión y ganas de ver a su hijo disfrutar, pero su fin de semana no giraba en torno a ese partido de liga de cada jornada. Era más un entretenimiento y un buen momento para charlar con los otros padres y salir de casa.

Ese es el cambio más significativo que hemos visto, los padres de ahora ven casi como algo “sagrado” el partido de sus hijos/as, creen que el hecho de no ir, puede suponer que su hijo esté desmotivado o no rinda igual.

Durante la presente temporada, que por desgracia ha terminado antes de lo previsto, estuvimos trabajando en un proyecto innovador y nunca llevado a cabo en nuestra província. Como entrenadores de fútbol base, en un colegio de nuestra ciudad, hace mucho tiempo que le damos vueltas al papel de los padres y madres durante los partidos de sus hijos; lo que aportan, cómo trasladan o inculcan el interés por el fútbol a sus hijos, su comportamiento durante los partidos, las reacciones ante compañeros, adversarios, árbitro y entrenadores, etc.

Así pues decidimos mandar una circular a los padres (tanto de nuestro equipo como del equipo contrario) invitándoles a NO asistir al partido del fin de semana de sus hijos, con la finalidad de observar el impacto de su ausencia durante el mismo. Creemos que el apoyo de los padres cada fin de semana tiene efectos positivos evidentemente, pero no que sea algo fundamental para sus hijos.

Claro está que tuvimos que explicar bien esta iniciativa, no estábamos diciendo que los padres tuvieran actitudes reprochables o no fueran un buen ejemplo para sus hijos (que a menudo también nos encontramos con esas actitudes lamentables), simplemente queríamos hacerles ver, que su hijo/ a puede y sabe jugar sin el constante arropamiento de sus familiares. Que quizás descubramos que cuando no tienen ese “jugador número 12” presente, a nivel deportivo toman mejores decisiones, juegan sin presión, y a nivel personal son más expresivos, dan a conocer su opinión a los compañeros, se relacionan más. Según el perfil de jugador, puede que la ausencia de sus padres en la banda, les entristezca o les desanime, de ahí la importancia del entrenador y el club para hacerle entender que sin ellos “SÍ SE PUEDE”.

 

 

En este escenario también ganan los padres, depositando la confianza en el club y los entrenadores para que su hijo pueda y sepa disfrutar él sólo de la práctica deportiva, les permite más tiempo libre.

Si los entrenadores sabemos transmitir estos valores y manejamos bien la situación, enseñamos a los padres y madres que no es obligatorio que se queden durante todo el partido.

Dicho esto, somos plenamente conscientes que el hecho de que los padres vayan a ver y animar a sus hijos es algo positivo y que hace ilusión, tanto a los pequeños como a los familiares. No se trata de blanco o negro, de “bajo ninguna circunstancia me pierdo ni un minuto de ningún partido de mi hijo/a en toda la temporada” o de “no voy a asistir a ningún partido nunca”. Lo importante es ampliar miras y que nuestros pequeños deportistas sepan que con público o sin, pueden jugar a fútbol con sus amigos divirtiéndose y aprendiendo.

Bajo nuestro punto de vista, los hechos siempre son consecuencia de experiencias anteriores. Es decir, aquel jugador que se sienta cómodo con su equipo, club y entrenador tendrá más posibilidades de trasladar sus aptitudes y actitudes al terreno de juego, aumentando así las posibilidades de subir su nivel fehacientemente. Por lo contrario, aquel jugador que se sienta condicionado por su entorno, ya sea familiar o deportivo, tendrá menos probabilidades de desarrollar todas sus condiciones y aprendizajes adquiridos.

 


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