domingo, diciembre 4, 2022

Paul Breitner, mito y talento rebelde alemán

 

Paul Breitner fue un futbolista sensacional que brilló en la época de los años 70. Jugó en dos grandes de Europa como el Bayern de Múnich y el Real Madrid además de otros equipos más modestos como el Eintracht de Brunswick. Es uno de los pocos jugadores como Pelé, Vavá o Zidane que puede presumir, de haber marcado con su selección, en dos finales mundialistas distintas. El primero en el Mundial del 74, disputada en Alemania, con un gol de penalti y el otro fue en el Mundial de España de 1982. Un partido que no pudo evitar la derrota para su equipo, por 3-1.

La final del Mundial de 1974 enfrentaba a la anfitriona, Alemania, y a la selección del momento, la «Naranja Mecánica», la Holanda de Johan Cruyff. Una final muy disputada desde el primer minuto de juego, con ese gol de penalti de los holandeses. Un partido que no supieron cerrar y que los alemanes a base de resistir consiguieron llevarse el partido por 1-2. El primer gol y punto de inflexión de la final, lo anota el joven Paul Breitner con tan solo 22 años. Ni mucho menos era un experto, pero como muchas veces relató “en esos momentos es cuando nacen los héroes”. Tras aquel partido los teutones volvieron a levantar una copa del mundo veinte años después.

 

 

Así era él. Un genio con mucha personalidad siendo un profesional en el césped. En plena época de los 70 se convirtió prácticamente en un icono, tanto como lo había deseado. Su imagen ya era delatadora. Esa melena a lo afro, con grandes patillas y un frondoso bigote, le aportaban un aspecto de estrella del pop, casi. El defensa germano vivió una de las mejores etapas de su club y su selección. A los 18 años consiguió tocar el cielo ganando innumerables títulos y no lo dejaría de hacer, hasta prácticamente su retirada.

En el Bayern, el club de su vida, tuvo dos etapas magníficas que significaron el inicio y final de su carrera cronológicamente. En la primera etapa llegó a ganar un total de ocho títulos, entre los que destacan cinco ligas y una copa de Europa. En la segunda etapa, logró ser nombrado en 1981, como el segundo mejor jugador del mundo en la votación por el Balón de Oro. Se lo arrebató su compañero, entonces, Rummenigge.

 

 

Entre medio de su exitosa carrera, tuvo cabida también su etapa en el Real Madrid. Fue tras el primer mundial que disputó en 1974. El Mundial es el perfecto escaparate para todos los jugadores que compiten y en aquel entonces, el joven Johan Cruyff había roto todas las estadísticas y acabó llegando al eterno rival, el F.C. Barcelona. Tras ese fichaje el equipo blanco decide contrarrestar el golpe y a cambio de un millón y medio Paul Breitner firma por el conjunto merengue, como fichaje bomba. Su posición en el terreno de juego como lateral izquierdo y la plaza de extranjero, nacionalizado alemán, no fue del agrado de todos los aficionados. En aquella época, los clubes solo podían incorporar a dos extranjeros en cada equipo. Una plaza que comúnmente era reservada para las estrellas del club o sensaciones de futuro. El otro compañero que tenía la plaza de extranjero era Gunter Netzer. Un interior con muy buena pegada y conducción de balón.

Además de las cuestiones deportivas, lo que pesaba mayormente de su fichaje, era su compartimento extradeportivo. Sus ideas políticas trajeron mucha indecisión. Un jugador que se autodeclaraba admirador del Che Guevara o Ho Chi Minh, además de leer a Mao. La ideología de Breitner sorprendió a muchos. Incluso, algunos no entendían su fichaje, debido a que algún sector madridista no compartía sus pensamientos. En Madrid recibió el apodo de “El Abisinio” -nombre con el que los soldados nacionales apodaban a los combatientes republicanos-. La vida de este jugador en el club blanco, causó numerosas anécdotas, cuanto menos curiosas e inusuales, en aquellos tiempos.

 

 

Pero dentro del club, sobre todo su entrenador Miljanic, insistió en hacer posible su incorporación. Finalmente, su fichaje fue un acierto. Futbolísticamente se integró muy rápido con el grupo y su influencia en el juego fue vital para conseguir dos ligas y una copa. Esta última, disputada en un derbi sufrido, con prórroga y tanda de penaltis incluida, en el Vicente Calderón frente al Atlético de Madrid. Su posición se vio incluso intercalada. Miljanic le adaptó a la posición de mediocentro y su rendimiento fue notable.

Su marcha tres años más tarde fue decisión únicamente suya. Salió del Real Madrid rumbo al Eintracht Brunswick, equipo que hizo un gran desembolso por el jugador. Un equipo conocido por ser el pionero en estampar publicidad en sus camisetas.

 

 

Su vuelta a Alemania, a pesar de estar en un equipo más modesto, no se alejó del foco de la polémica. Meses antes del mundial de Argentina 78’, ya criticó duramente contra el dictador Videla, quien estuvo al mando del país organizador durante la disputa del torneo. Disconforme con la situación, llegó a criticar a sus propios compañeros de equipo y a la Federación Alemana por no hacer nada al respecto. Un Mundial al que, a pesar de ser seleccionado, se negó a ir.

Estando de nuevo en el Bayern, recuperó su estatus de estrella, en el que disputó de nuevo al máximo nivel hasta la llegada del Mundial de 1982. Tras la celebración de la competición se retiraría. Rechazó la oferta de renovación del Bayern. Se despidió del fútbol marcando un gol en la segunda final del mundial que disputaba. A los 31 años dejó el fútbol con una carrera profesional envidiable y llena de títulos. Un jugador total, diferente y con ideas propias.

 


Álvaro Ramírez