Pasolini, Gramsci y el fútbol

 

Pier Paolo Pasolini afirmó en su momento: “En el fútbol hay momentos que son exclusivamente poéticos: los momentos del gol. Cada uno es siempre una invención, es siempre una perturbación del código: todo gol es ineluctabilidad, fulguración, estupor, irreversibilidad.”

Sin duda el italiano, le dio un sentido literario al fútbol que podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que podría aún aplicarse hoy día pero que con el tiempo se ha ido perdiendo, quizás por miedo o quien sabe, pero estamos ante uno calculado al milímetro y sobre todo que pretende ser apolítico cuando es una apuesta por el modelo neoliberal.

Pero vamos a centrarnos en Italia y el papel del Calcio en la creación o divulgación política a través de él. Pasolini y Gramsci, dos grandes nombres del marxismo italiano, los podemos juntar tras un balón y llenar el fútbol de reivindicación y poesía, donde un pelotazo es una acción política y el regate su respuesta disidente.

 

 

El Calcio siempre ha sido contradictorio. Una cultura alegre y rica artísticamente con un fútbol de pura prosa realista, recto, defensivo sin mucha imaginación. Gris, al menos el de la mayor parte del s. XX.

Antonio Gramsci decía esto sobre la sociedad italiana y el fútbol, y quizás sería una respuesta a la búsqueda de ese porqué: “Los italianos aman poco el deporte; los italianos prefieren la escoba al deporte. Antes que el aire libre prefieren la clausura de la taberna; antes que el movimiento, prefieren la quietud en torno a la mesa.”

Pero aun así ambos defendían el deporte rey, quizás Pasolini le daba una mayor pasión y Gramsci una mayor reflexión sosegada y política, pero sin duda para los dos el fútbol era vida, porqué quieran o no ciertas personas, como deporte de masas se muestra como espejo de la sociedad, para lo bueno y lo malo. Tanto es así que casi podemos juntar a Gramsci y Pasolini y nos saldría una defensa de la vida tras un balón.

 

 

Para Gramsci el fútbol era “un reino de libertad humana ejercida al aire libre”, y podríamos sumarle lo dicho por Pasolini: “Los partidos con el balón en los Prados de Capara fueron absolutamente los momentos más bellos de mi vida”.

Y es que ellos crecieron en una Italia echada a la calle, convulsa, pero en la calle los jóvenes de los barrios humildes se agarraban al balón, evadían la realidad tras esa pelota y se formaban esos jugadores que durante el siglo XX llenaron los campos de desparpajo y rebeldía, esos futbolistas como Maradona, Garrincha, Mágico González, y otros tantos, porque como diría Pasolini sobre los chicos del arroyo, los cuales jugaban descalzos y sin camiseta: “La vida es dura para quien tiene los pies blandos”.

¿No es la poesía llena de sentimiento esa capaz de llenarnos el alma?, y ¿no es el fútbol lleno de pasión el que nos permite enamorarnos a cada partido que vemos? El fútbol del siglo pasado era una lucha entre quien defendía la prosa y quien defendía la poesía, en Italia con la llegada de Sacchi se construyó un fútbol donde la prosa y la poesía formaban una simbiosis bellísima y que dominó durante años.

 

 

Con el siglo XXI y el poder neoliberal en el fútbol cada vez disfrutamos menos de jugadores poéticos, esos que juegan rebeldes ante la estructura rígida del cálculo y medida. Pero nunca pierdo la fe, y busco en cada campo municipal esa poesía que defendía Pasolini y esa libertad tras un balón que clamaba Gramsci. Al final el fútbol no es solo fútbol, sino arte y el arte puede ser fútbol.

 


Ivan Riera
@Ivan_Avientu