Copa del Generalísimo a Madrid, any 1952

Pahiño, apartado de la Selección Española de fútbol

 

Manuel Fernández Fernández “Pahiño” fue uno de los grandes jugadores de la historia del Celta de Vigo y del Real Madrid. Nacido en Vigo el 21 de enero de 1923, fue fichado a sus diecinueve años por el Celta de Vigo procedente de dos equipos, un caso insólito en el mundo del fútbol. Pahiño había jugado con los juveniles del Navia, y había recibido ofertas de dos equipos de la categoría regional gallega: el Arenas de Alcabre y el Victoria. A la postre decidió fichar por ambos clubes a la vez, de tal manera que como coincidían casi siempre los horarios, jugaba una semana con unos y la siguiente con los demás, una duplicidad de ficha que nunca fue impugnada por ninguno de los dos clubes. Y de ahí dio el salto al Celta.

 

 

El salto al Real Celta de Vigo

Los cinco años que Pahiño defendió la camiseta del Celta fueron un rotundo éxito a escala personal por él y también por el colectivo. Pahiño se convirtió en una de las figuras más relevantes de la Primera División del fútbol español, consiguiendo su primer trofeo Pichichi con los celestes. 23 goles que habían sido decisivos para que los de Vigo acabaran cuartos en la Liga del curso 1.948-1949 y disputaran, además, la final de la Copa del Generalísimo ante el Sevilla.

 

 

Convocado para jugar con la Selección Española de fútbol

Pahiño fue alineado por primera vez con la Selección Española en junio de 1948 en Zúrich para enfrentarse a Suiza, encuentro que finalizó con empate a tres goles y en el que el delantero del Celta consiguió el último de los goles. Pero Pahiño había sido sentenciado antes de empezar el partido. El jugador gallego venía precedido de cierta fama de “rojo”, un hombre aficionado a la literatura rusa, que procuraba esquivar las alabanzas que otros hacían al régimen franquista y la gota que colmó el vaso se produjo por una supuesta falta de respeto a las palabras de un hombre fuerte del régimen.

Era usual que en aquellos años algunos militares acompañaran a la Selección Española durante los partidos que esta jugaba fuera, e incluso lanzaran algún tipo de arenga antes de empezar el partido para motivar a los futbolistas. En Suiza acudió el general Gómez-Zamalloa, gallego como Pahiño, que tenía un marcado pasado como combatiente durante la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, había sido coronel en la División Azul y más tarde sería gobernador del África Occidental Española teniendo un papel relevante en la Guerra de Ifni. Un hombre de carácter, de pocas bromas y uno de los pesos pesados ​​del franquismo. En el vestuario soltó la arenga de rigor a los jugadores que finalizó con un: “y ahora, chicos, cojones y españolía”. Al que Pahiño respondió con una risa muda y un marcado sonrisa, bastante evidente para ser captado por el general y los demás militares que le acompañaban.

Se recordó que Pahiño tenía la extraña afición de leer novelistas rusos y que, encima, se permitía el lujo de faltar al respeto a un héroe de la patria. Pahiño, además de jugar contra Suiza, disputó el segundo partido de la gira que realizaba la selección, contra Bélgica, en el que volvió a anotar y, a su regreso a España, el general solicitó que no se volviera a convocar a la selección al delantero gallego.

 

 

Su fichaje por el Real Madrid

Los medios de régimen, como el diario Arriba, lo tildaron de “irrespetuoso con los símbolos de la Patria”, llegando, además, a escribir textualmente: “qué se puede esperar de un individuo que lee a Tolstoi y Dostoievski” . No necesitaban más evidencias, Pahiño fue apartado de la Selección Española. La sonrisa se le fue. Se le prohibió defender España en el Mundial de Brasil de 1950, apartándolo fines de la preselección de cuarenta futbolistas de donde saldría la lista definitiva para la cita más importante del mundo del fútbol. De poco le sirvió fichar por el Real Madrid, equipo del que era aficionado desde niño, y al que curiosamente se ofreció por medio de una carta enviada personalmente por el mismo jugador en el club madrileño. También envió otra carta al Sevilla, y se llegó a reunir con los dos equipos, pero pesó más su madridismo y fichó por el equipo merengue con el que conseguiría un nuevo trofeo Pichichi la temporada 1.951-1952.

 

 

Su adiós definitivo a la Selección Española

Ocho años le duró la sanción (que nunca fue reconocida como tal). A sus treinta y cinco años, disputó, a modo de homenaje, su tercer y último partido como internacional absoluto. Una carrera de éxitos, tanto en el Celta, como el Real Madrid, pero ya en periodo de declive disputó dos temporadas en el Deportivo de la Coruña y una última en el Granada.

 

 

Una vida deportiva que podía haber sido aún mucho más exitosa si no hubiera sonreído aquella tarde en Suiza, ni hubiera hecho pública su pasión por las obras de Dostoievski, claro.

 


Frichu Yustas