Nereo «El Parón» Rocco, el padre del catenaccio italiano

 

Nereo Roch nació el 20 de mayo de 1912 en el «Rion del Re», suburbio de Rozzol, en la ciudad italiana de Trieste, donde vivió durante el resto de su vida con su familia. Su pasión por el «calcio» nació viendo los partidos de la Unione Sportiva Triestina en el campo de Montebello, cerca de su casa.

Su abuelo, Ludwig Roch, un brillante burgués de Viena, fue un cambista que huyó de su país hacía territorio italiano para seguir su historia de amor junto a la que sería la abuela de Nereo, una excelente acróbata española de Palma de Mallorca. Su apellido Roch se convirtió en Rocco en 1925, cuando era obligatorio tener una tarjeta Beam para trabajar. El apellido austríaco tuvo que convertirse en Rocchi, pero el empleado del registro civil se equivocó y así nació el apellido por el cual se conocía a Nereo, Rocco.

Nereo murió el 20 de febrero de 1979 en el Hospital Mayor de Trieste, después de una corta enfermedad, siendo recordado como un excelente entrenador y el padre del catenaccio italiano. En 2012 la ciudad de Trieste le dedicó una exposición con motivo del centenario de su nacimiento, en el marco del almacén 26 de Porto Vecchio.

 

 

Su etapa como «calciatore» y sus primeras experiencias como entrenador

Rocco, antes de debutar como futbolista, organizaba pequeños torneos con sus amigos en Trieste, hasta que un día se fijó en él Ovidio Paron, director de la Società Ginnastica Triestina, que lo incorporó a las filas del club. En 1927, gracias a la insistencia de su amigo Piero Pasinati, Rocco se incorporó al equipo juvenil del Triestina y luego pasó al equipo de reservas del primer equipo. Debutó en la Serie A el 6 de octubre de 1929 en un partido contra el Torino, perdiendo 1-0. Pronto se convirtió en una joven promesa a la edad de 18 años, asumiendo el papel de «mezzala». Rocco jugó con el Triestina de 1929-1930 a 1936-1937, ocho temporadas, jugando 232 partidos y marcando 65 goles.

 

 

En 1937 el Nápoles compró su pase por 160.000 liras, debutando el 12 de septiembre de 1937 en la derrota a domicilio contra el Bolonia por 3-2. Al año siguiente, tras la destitución del entrenador Eugen Payer, formó parte como asesor de la comisión técnica que dirigía a los napolitanos (descubriendo así el arte de los banquillos), y con seis goles, entre ellos uno en la victoria local por 4-1 el 19 de febrero de 1939 contra la Juventus, fue el goleador del equipo. Con el equipo de Campania, en 52 partidos, marcó 7 goles en la primera división de Italia; entre ellos, el del triunfo del 5 de febrero de 1939 contra el AC Milan por 1-0. En Nápoles, en Vomero, nació su primer hijo Bruno.

Posteriormente fichó por el Padua de la Serie B, jugando 47 partidos y anotando 14 goles. La temporada 1942-1943 jugó el campeonato de la Serie C en las filas del equipo, puramente militar, del 94º Departamento de Distrito de Trieste. Durante un corto período, después de la guerra, fue (por primera vez) entrenador y jugador del Libertas Trieste, también de la Serie C. En total Rocco jugó 287 partidos en 11 ligas, marcando 69 goles.

 

 

Nereo Rocco solo fue internacional absoluto en una ocasión, el seleccionador Vittorio Pozzo lo alineó en el partido de clasificación para el Mundial de 1934, jugado el 25 de marzo de 1934 en Milán contra Grecia y ganado por los «azzurri» por 4-0. Finalmente se quedó fuera de la convocatoria para la Copa del Mundo. También jugó en el Nazionale B, marcando el gol con el que los «azzurri» vencieron a la selección de Checoslovaquia por 3-1 en Génova.

El entrenador que se convirtió en el padre del «catenaccio»

Hay que dejar claro que Nereo Rocco no inventó el catenaccio, pero sí fue el padre del catenaccio italiano, y es que este concepto táctico fue originalmente creado en Suiza en los años treinta. Nereo ya experimentó con él durante su carrera como jugador, cuando jugó como libre en el Libertas, en los años inmediatamente posteriores a la guerra.

En un partido amistoso contra la Triestina, dirigiendo al Libertas, Rocco logró infligir una rotunda derrota a los «alabarderos», que no dudaron en ficharlo para el año siguiente. El Triestina venía de quedar en el último lugar de la Serie A de la temporada 1946-1947, aunque no descendió. Gracias al fichaje de Nereo y la implementación de su catenaccio italiano llegó incluso a ser segundo detrás del «Grande Torino» en el campeonato de 1947-1948. Con este increíble resultado comenzó la leyenda del entrenador Nereo Rocco. Se le dio casi de inmediato el apodo de «El Parón» («El Maestro»), apodo que le acompañó siempre, aunque se le distinguiera por una cierta bonhomía.

Después de dos fantásticas temporadas, 1948-1949 y 1949-1950, Rocco fue despedido del Triestina por razones que nunca fueron del todo claras y contratado por el Treviso, de la Serie B. Después de tres temporadas, Rocco fue llamado de nuevo al timón del Triestina en la Serie A, pero aun así fue despedido otra vez durante la temporada 1953-1954 después de un duro 0-6 en casa contra el AC Milan.

Rocco no permaneció mucho tiempo en el paro, de hecho fue llamado para salvar a un desafortunado Padova del descenso a la Serie C. Nereo no solo los salvo sino que preparó al equipo para el gran salto a la Serie A, que tuvo lugar en la siguiente temporada 1954-1955. En la temporada 1957-1958, el Padua terminó en tercer lugar de la Serie A y en los años siguientes continuó colocándose en las áreas medio-altas de la clasificación.

 

 

Después de haber entrenado con Paolo Todeschini al equipo nacional olímpico, que quedó en cuarto lugar en los Juegos de la XVII Olimpiada de Roma, Rocco fue contratado por el AC Milan, donde ganó el Scudetto durante su primera temporada. El gran protagonista de esa primera temporada de Rocco en el banquillo «rossoneri» fue un joven de 19 años llamado… Gianni Rivera (futuro Balón de Oro).

 

 

Nereo pasó 9 fantásticos años como entrenador del AC Milan, aunque no fueron consecutivos y tuvieron lugar en tres períodos distintos: primero de 1961 a 1963, luego de 1967 a 1973 y finalmente en 1977. El recuento final de los trofeos ganados durante su etapa de entrenador «rossoneri» fue enorme: 2 Copas de la Liga de Campeones (1962-63, 1968-69), 1 Copa Intercontinental (1969), 2 Recopas (1967-68, 1972-73), 3 Copas de Italia (1971-72, 1972-73, 1976-77), y 2 Scudetti del Campeonato de la Liga Italiana (1961-62, 1967-68).

 

 

Su catenaccio italiano se expresaba con una formación de 1-3-3-3, que se consideraba excesivamente defensiva, con un libre situado justo detrás de 3 defensores. Aunque sus equipos demostraron ser mucho más ofensivos de lo que se esperaba. Como resultado de sus contribuciones al calcio fue galardonado con la Cavaliere della Repubblica Italiana (Orden del Mérito de la República Italiana), y el actual campo de la Unione Sportiva Triestina Calcio 1918 lleva su nombre.