Mundial Italia 90, el último de su especie

 

El Mundial de Italia de 1990 tuvo lugar entre el 8 de junio y 8 de julio de 1990. El país transalpino se convirtió en el segundo en organizar un Mundial en dos ocasiones distintas. La primera tuvo lugar en 1934, durante la era Mussolini, y la selección transalpina se adjudicó el torneo bajo fuertes acusaciones de amaño, y la consigna: “Hay que ganar, es una orden”.

La decimocuarta edición del torneo de selecciones más importante del planeta fútbol, fue una nueva oportunidad para demostrar al mundo que el calcio, y toda su infraestructura, estaban un peldaño por encima del resto de países. Aunque más allá de su excelente organización es recordada como la Copa del Mundo del conservacionismo táctico y la pobreza estética en el juego. En 52 encuentros se marcaron únicamente 115 goles (2,21 por partido), aún a día de hoy el peor promedio goleador en la historia de los Mundiales.

 

 

A pesar de las críticas que aún a día de hoy intentan menospreciar esta edición, Italia 90 nos ofreció récords y datos para la historia: Peter Shilton llegó al récord mundial de 120 internacionalidades en su primer partido ante Eire (con placa conmemorativa entregada por la propia FIFA antes del partido), Camerún se convirtió en el primer equipo africano en llegar a cuartos de final, fue el último Mundial para potencias que posteriormente se desmembrarían como Unión Soviética, Yugoslavia o Checoslovaquia, el primero de Alemania tras su reunificación, Eire alcanzó los cuartos de final sin ganar un solo partido y habiendo marcado solo dos goles, Walter Zenga pudo llegar a certificar 517 minutos de imbatibilidad superando a los 475 del cancerbero alemán Maier, Argentina fue el primer equipo en no realizar goles en una final de un Mundial, Franz Beckenbauer se convirtió en el segundo en ganar Mundiales como entrenador y como jugador (el primero fue Mário Zagallo en 1970), y los dos goles anotados por el camerunés Roger Milla en el partido de segunda ronda ante Colombia lo convirtieron en el jugador más viejo en ver portería en esta competición a la edad de 38 años y 20 días (batió su propia marca cuatro años más tarde en Estados Unidos). La nota más negativa tuvo lugar durante la fase de clasificación en la que el nigeriano Samuel Okwaraji, de 23 años, murió jugando contra Angola.

 

“Totó” Schillaci celebrando el gol de la victoria ante Eire.

 

A pesar de ser un Mundial cargado de superestrellas, pocas brillaron. Jurgen Klinsmann, Claudio Caniggia, Dragan Stojkovic, Paul Gascoine, Gary Lineker, Roberto Baggio, Diego Armando Maradona, Paolo Maldini, Franco Baresi, Lothar Matthäus, Gica Hagi, Rudi Völler, Thomas N’Kono o Roger Milla estarían en el bando de las que no decepcionaron, mientras que Butragueño, Van Basten, Polster, Bebeto, Higuita, Dasáyev, Francescoli, Ruud Gullit, Ronald Koeman, Tomas Brolin y Romário estarían entre las que ofrecieron un rendimiento extremadamente discreto. Por otra parte tuvieron sus minutos de gloria otros jugadores como Oman Biyik, Ekeke, Makanaki, M’Bouh, Sergio Goycochea, Ramzy, Kunde, Serrizuela, Donadoni, Luís Gabelo Conejo, Andreas Brehme o el propio Salvatore Schillaci, que pasó en tan solo dos años de jugar la Serie B a ser el máximo goleador de Italia 90.

 

Roberto Baggio ante Checoslovaquia marcó uno de los mejores goles de la historia de los Mundiales.

 

Características, selecciones protagonistas y sus escenarios

La fase final de este torneo se configuró con seis grupos de cuatro equipos cada uno, con los dos primeros y los cuatro mejores terceros avanzando a octavos de final. Todos los partidos se disputaron con un único balón oficial, el mítico Adidas Etrusco, una clara evolución del Azteca del Mundial de México de 1986, que también se usaría en la Eurocopa de 1992 de Suecia y en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Fue el primero de su especie con una capa interna de espuma negra de poliuretano, de tal forma que la impermeabilización era total y la pelota era más ligera y rápida. Su nombre y sus elaboradas figuras se inspiraron en la historia antigua italiana y en la producción artística de los etruscos. Tres cabezas de león decoraban cada una de las 20 tríadas. Durante el año 1990 Adidas también fabricó una réplica, la cual bautizó cómo Etrusco Primo. La única diferencia de este balón con el original era que los bordes eran azules.

 

 

El certamen contó con Ciao como mascota oficial, que bailaría al ritmo del himno Un’estate italiana, interpretado por Edoardo Bennato y Gianna Nannini.

 

 

El cuadro de selecciones que tuvieron la oportunidad de competir por el título estaba formado por: Alemania Federal, Argentina, Austria, Bélgica, Brasil, Camerún, Checoslovaquia, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Escocia, España, Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda, Italia, Países Bajos, Rumania, Suecia, Unión Soviética, Uruguay y Yugoslavia.

Las ausencias más notables fueron las de Dinamarca, Chile (descalificada tras el escándalo provocado por la autolesión con una cuchilla del “Cóndor” Rojas en Maracaná), Francia, México (suspendida por haber fraguado la edad de algunos jugadores en un torneo Sub-20, un caso conocido como los Cachirules) o Portugal, y con la agradable sorpresa de ver por primera vez a los combinados de Costa Rica, República de Irlanda y Emiratos Árabes en una fase final o el retorno de Egipto, algo que no se daba desde Italia 1934 (curiosamente su única participación previa).

 

 

Hasta doce estadios albergaron partidos: Olímpico de Roma, Giuseppe Meazza (Milán), San Paolo (Nápoles), Delle Alpi (Turín), San Nicola (Bari), Marcantonio Bentegodi (Verona), Artemio Franchi (Florencia), Sant’Elia (Cagliari), Renato Dall’Ara (Bolonia), Friuli (Udine), La Favorita (Palermo), Luigi Ferraris (Genova). San Nicola de Bari y el Delle Alpi de Turín fueron los dos únicos recintos construidos especialmente para esta Copa del Mundo, mientras que el Giuseppe Meazza sufrió su penúltima gran renovación. La media de asistencia por partido acabó siendo de 46.019, algo por debajo de las expectativas iniciales. El estadio con más capacidad fue el Olímpico de Roma con espacio para 80.258 espectadores.

 

Stadio delle Alpi de Turín el 10 de junio de 1990, instantes antes del Brasil y Suecia (2-1).

 

La fase de grupos

En el grupo A se cumplieron todos los pronósticos iniciales, donde la selección anfitriona entrenada por Azeglio Vicini ganó sus tres partidos con “Totó” Schillaci como héroe inesperado, Franco Baresi como garantía en defensa, y con un Roberto Baggio que a pesar de no ser titular indiscutible (en una decisión técnica muy polémica) se ganaría todo tipo de alabanzas y marcaría uno de los mejores goles de la historia de los Mundiales, cuando a 12 minutos del final del partido recepcionó en la misma línea del centro del campo el balón para acabarlo introduciendo en la portería rival tras sortear 5 rivales. Vialli, la gran esperanza de los “azzurri” para este Mundial, no jugó hasta el partido de semifinales por lesión.

El segundo clasificado fue Checoslovaquia con dos victorias y disfrutando de su goleador Tomáš Skuhravý, un tanque imbatible en el cuerpo a cuerpo, como gran referente en ataque. Su gran actuación en Italia 90 le serviría para dejar la disciplina del Sparta de Praha y enrolarse en las filas del Genoa CFC.
La Austria de Polster y Rodax sucumbió sumando solamente una victoria contra Estados Unidos, la cual perdió todos los encuentros y ofreció una muy pobre imagen (con goleada incluida ante Checoslovaquia por 1-5), que ni Tony Meola ni Tab Ramos pudieron evitar.

 

El titán checoslovaco Tomáš Skuhravý solo pudo ser parado mediante faltas por la impotente defensa austríaca.

 

En el grupo B se dio la gran sorpresa del campeonato, con Camerún liderando la clasificación con victoria en el partido inaugural contra la Argentina de Maradona y Bilardo (vigente campeona), seguida de la Rumanía de Gica Hagi. Los argentinos se salvaron “in extremis” gracias a las ayudas arbitrales (que permitieron a Diego volver a recurrir a la Mano de Dios, esta vez para evitar el gol de la URSS) y al ser de los mejores terceros, gracias a las actuaciones de la dupla Claudio Caniggia- Diego Maradona. Los soviéticos pese a desplegar un juego exquisito acabaron incomprensiblemente como últimos del grupo, sufriendo arbitrajes más que discutibles. Como nota curiosa hay que destacar que la FIFA sorprendentemente autorizó a Argentina a convocar a un nuevo portero, tras la fractura de tibia y peroné de Pumpido a los 10 minutos del segundo partido ante la URSS, al chocar contra Julio Olarticoechea. Su plaza como portero titular fue ocupada el resto del torneo por un gran Sergio Goycochea de Millonarios, mientras que Ángel David Comizzo de River Plate fue convocado para ocupar su vacante.

 

 

El grupo C tuvo un líder sólido, el Brasil de “Bebeto”, “Müller”, Romário y Careca. Memorable la baja de “O baixinho” ante Costa Rica por un cólico de Coca-Cola… Costa Rica fue la inmensa segunda sorpresa del campeonato al quedar en segunda posición gracias al liderazgo goleador de Roger Flores y su inmenso portero Luis Gabelo Conejo. Escocia decepcionó a pesar de su compacto bloque, y Suecia deambuló literalmente en el torneo sin puntuar, con Tomas Brolin como su única amenaza en ataque.

 

 

Alemania Federal prácticamente arrasó en el grupo D liderada el tridente Lothar Matthäus, Jurgen Klinsmann y Rudi Völler, con un sublime Andrea Brehme en defensa, franqueado por Illgner. El segundo clasificado fue la Yugoslavia de Pančev, Savićević, Prosinečki y Stojkovic, que pese a perder por 4-1 ante Alemania en su debut consiguió reafirmarse. La Colombia de Pacho Maturana basó sus posibilidades en las botas de Carlos Valderrama, con un juego muy vistoso y de toque que enamoró a las gradas italianas, aunque las excentricidades de Higuita casi les cuesta la clasificación para octavos como uno de los mejores terceros, objetivo conseguido gracias al gol de Freddy Rincón en el último minuto ante Alemania. Un gol de locura que aún es recordado por ser el más gritado de la historia en Colombia.

 

La Colombia de ‘El Pibe’ Valderrama, René Higuita, Freddy Rincón, Andrés Escobar, Leonel Álvarez y Luis ‘El Bendito’ Fajardo.

 

En última posición sucumbió la selección de Emiratos Árabes, entrenada por un campeón del mundo como el brasileño Mário Jorge Lobo Zagallo, que no pudo evitar los peores pronósticos perdiendo sus tres encuentros y recibiendo la friolera de 11 goles en contra.

España por su parte se impuso a sus rivales en el grupo E, liderando la clasificación con un exultante Míchel, que consiguió un flamante hat-trick ante Corea del Sur con mensaje incluido en la celebración de su tercer gol cuando corrió hacia la banda y lanzó un grito que quedó para el recuerdo: “¡Me lo merezco!”. Zubizarreta fue otro de los grandes motivos para soñar para la selección entrenada por el único Balón de Oro español, Luis Suárez Miramontes.

 

Míchel celebrando efusivamente uno de sus goles.

 

La Bélgica de Scifo (con un golazo desde 30 metros a Uruguay), Degryse y Preud’homme consiguió pasar como segunda de grupo, mientras que la Uruguay de Enzo Francescoli y Rubén Sosa casi se queda sin acceder a octavos de final al quedar tercera de grupo. Corea del Sur, con Kim Joo-sung como gran líder, a pesar de no ganar ningún partido, sorprendió por su consistencia e ímpetu.

En el grupo F una Inglaterra plagada de talento y entrenada por el mítico Bobby Robson lo tuvo muy difícil para acabar como primera de grupo. Lineker, Gascoigne (el verdadero motor del equipo) y Platt fueron un consistente tridente en ataque que supo sacar el equipo adelante a pesar de hacerlo con el mínimo de puntos y goles.

 

 

Por su parte la sorprendente Eire de Jack Charlton superó las expectativas y acabó en segunda posición por sorteo al empatar a puntos y diferencia de goles con Holanda, que se convirtió en una decepción mayúscula a pesar de presentarse en Italia 90 como favorita y flamante campeona de la Euro 88. Ruud Gullit, Marco van Basten, Frank Rijkaard y Ronald Koeman, entre otras estrellas llegaron en plena forma bajo las órdenes de Leo Beenhakker, y solo pudieron pasar de ronda al ser uno de los mejores terceros. Son recordados como la gran decepción de Italia 90.

La selección de Egipto, entrenada por El Gohary, consiguió dos meritorios empates y perdió por la mínima ante Inglaterra, quedando muy cerca de clasificarse.

 

 

Octavos de final

La primera ronda de la fase de eliminación ofreció grandes encuentros como la trabajada victoria de Argentina contra Brasil, con la mítica combinación entre Caniggia y Maradona con gol final del “Cani” como referencia, y la vergonzante jugarreta de los argentinos al vertir somnífero en un bidón del que bebió Branco, que jugó el resto de partido sintiéndose mareado.

 

El mítico gol de Caniggia superando a Taffarel.

 

Roger Milla protagonizó el mítico robo de balón a un expeditivo y temerario René Higuita, en un partido en el que el abuelo camerunés marcó por partida doble llevando por primera vez en la historia a un equipo africano a cuartos de final de un Mundial. San Paolo fue testimonio de esta gran gesta que acabó 2-1 a favor de Camerún, tras ir a la prórroga después del 0-0 en los primeros 90 minutos.

 

Roger Milla, que en aquel entonces tenía 38 años, en el momento que le quita el balón a Higuita y anota el gol clave.

 

Checoslovaquia por su parte acabó con toda esperanza para los ticos, con goleada por 4-1 con hat-trick de su tanque Tomáš Skuhravý ¡en tan solo 20 minutos!

Alemania Federal y Holanda protagonizaron otra de las finales anticipadas en San Siro. Los holandeses sucumbieron 1-2 a pesar de alinear un once extremadamente competitivo. En el recuerdo queda el enfrentamiento entre Rijkaard y Völler, y su expulsión en el minuto 25 de partido. Todo comenzó en el minuto 20 cuando el mediocampista holandés le realizó una dura entrada al delantero teutón y fue acreedor de una tarjeta amarilla que quizá merecía un poco más. Sin embargo, la cosa no quedó ahí. El coraje invadió al holandés y terminó por escupir a su rival. Este enloqueció y fue corriendo a reclamarle al árbitro, el cual lo amonestó por “exagerado“. En la siguiente jugada, Rudi, buscando rematar un centro de tiro libre, chocó con el guardameta holandés Hans Van Breukelen. Frank se enojó y comenzó una disputa de palabras entre ambos jugadores.

 

Frank Rijkaard en una acción vergonzosa que quedará para la historia de los Mundiales.

 

La temperatura subió y el colegiado Loustau no tuvo otra opción que mostrarles a los dos una segunda tarjeta amarilla para mandarlos a los vestidores de manera prematura. Cuando parecía que todo quedaba en la cancha, el conflicto continuó en el túnel. Rijkaard escupió por segunda ocasión a su adversario. El teutón respondió empujando a Frank contra la pared, y posteriormente tuvieron que ser separados por el personal de seguridad.

España se vio sorprendida por Yugoslavia perdiendo en la prórroga gracias a un excelente gol de falta de Stojkovic. Emilio Butragueño falló una clamorosa ocasión de gol a los 8 minutos, y los de Luis Suárez no controlaron el partido en ningún momento, siendo fuertemente criticados por la prensa española, que se ensañó en la figura del “Buitre”.

 

 

Inglaterra volvió a ganar por la mínima con Paul Gascoigne tirando del carro con su potencia y técnica, esta vez ante la Bélgica de Enzo Scifo, y lo hizo con un gol en la prórroga de David Platt que consiguió batir a un monumental Michel Preud’homme. Los belgas no pudieron revalidar las semifinales conseguidas en el Mundial de México de 1986 a pesar de su buen juego y actitud.

Italia por su parte derrumbó a una desconocida Uruguay por 2-0 en el Olímpico de Roma, con goles de Schillaci y Serena, ante la impotencia del capitán Francescoli que se vio superado en todo momento.

 

El “Príncipe” Francescoli, una de muchas grandes atracciones del torneo que no estuvo a la altura.

 

Eire, jugando al límite de sus posibilidades y aferrándose al resolutivo orden táctico impuesto por Jack Charlton, superaría sorpresivamente la ronda al derrotar en los penaltis a la difícil Rumanía de Hagi, Balint, Raducioiu y Popescu, que tendría que esperar cuatro años más para mostrar todo su potencial en un Mundial.

 

Gica Hagi lo intentó todo para clasificar a su selección a la siguiente ronda en el partido ante Eire.

 

Cuartos de final

Las selecciones de Argentina y Yugoslavia fueron las protagonistas de un partido muy complejo en el que dominaron los yugoslavos en todo momento, y que se tuvo que decidir desgraciadamente en los penaltis. Sergio Goycoechea volvió a ser el héroe de la albiceleste atajando en dos ocasiones, haciendo olvidar el error de Maradona desde el punto fatídico. No olvidemos que el astro argentino no pudo ofrecer su mejor versión debido a un duro golpe en su tobillo izquierdo durante el partido frente a Rumania, en la primera fase del Mundial, y debió infiltrarse para jugar el resto del torneo pese a una tremenda inflamación.

Italia puso punto final a la trayectoria de Eire en su primer Mundial, con gol del siciliano Schillaci en el 38. John Sheridan, John Aldridge, Patrick Bonner, y Tony Cascarino tuvieron que hacer las maletas dejando para el recuerdo una posición final digna de épica. Irlanda participó en este torneo con toda la ilusión después de su gran paso por la Eurocopa de 1988 donde Charlton mostró sus valores: valentía, repliegue defensivo espartano, potencia máxima en el juego aéreo, y desgaste físico y mental del rival. La afición irlandesa conquistó el corazón de los italianos por su simpatía, entrega y respeto hacia sus rivales.

Por su parte la Alemania Federal del “Kaiser” superó a Checoslovaquia con el mismo marcador que el Italia – Eire, gracias a un penalti transformado por su líder Lothar Matthäus.

Inglaterra tuvo que llevar su fútbol vertical al extremo para plantar cara a la sorprendente Camerún entrenada por el soviético Valery Nepomnyashchy. Lo hizo en la prórroga y gracias a un penalti transformado por Gary Lineker en el minuto 105. Los cameruneses se despidieron del Mundial de Italia 90 dando una lección de fútbol, optimización de recursos tácticos y poniendo al continente africano en el mapa del fútbol mundial. Por suerte los pudimos volver a disfrutar cuatro años después en EUA.

 

 

Semifinales

San Paolo se transformó en una auténtica pesadilla para el jugador del Napoli, pero aún más para la selección anfitriona que vio como en la tanda de penaltis se le escapaba el partido, y los lingotes de oro personalizados que había preparado para ellos (en caso de una eventual victoria) el alcalde Santarelli de Marino, sede de concentración de los italianos.

Goycochea por enésima vez fue el héroe argentino en la tanda de penaltis, y se consolidó como el mejor guardameta del torneo. La alegría de los argentinos tras la clasificación para la final no fue completa, ya que Caniggia por acumulación de tarjetas se derrumbaba en el terreno de juego al saber que no podría acompañar al resto de sus compañeros. La nota curiosa del encuentro la puso el árbitro, que adicionó nada menos que hasta ocho minutos porque se había olvidado de chequear su reloj…

 

 

Alemania Federal e Inglaterra ofrecieron la peor de sus versiones, y después de un temeroso empate a uno, tuvieron que decidir su suerte desde el punto fatídico. Finalmente se impusieron los alemanes por 4-3, mismo resultado con el que Argentina consiguió acompañarlos en la final. Paul Gascoigne estalló en lágrimas de desesperación al acabar el encuentro, en una imagen imborrable.

 

 

Tercer y cuarto puesto, y la batalla final

La selección azzurri, otra vez gracias a Schillaci, terminó su Mundial con una victoria que le permitió conseguir el bronce. La mejor imagen del encuentro fue ver a ambas selecciones después de la entrega de premios haciendo la ola de forma conjunta. Puro “fair play”.

La víspera de la final entre Argentina y Alemania en Roma tuvo a los tenores Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y José Carreras, bajo la dirección de Zubin Mehta, en las termas de Caracalla. Un concierto único en el que 800 millones de televidentes y 6.000 afortunados espectadores pudieron disfrutar del espectáculo celebrado en las imponentes ruinas romanas. Era el preludio de una auténtica batalla.

 

 

En Roma, ante 73.600 espectadores, volvían a enfrentarse los mismos finalistas que cuatro años antes se vieron las caras en el estadio Azteca, fue un caso único en la historia de la Copa del Mundo. En los minutos previos al inicio del partido entre Argentina y Alemania tuvo lugar el famoso momento de Diego Armando Maradona insultando al público que abucheó al himno argentino.  La Argentina de Bilardo con un Maradona renqueante des de cuartos de final y jugando con un tobillo ya completamente destrozado, aguantó estoicamente el embate alemán durante 84 minutos, a pesar de jugar de inicio con las bajas por sanción de cuatro de sus titulares, y con dos expulsiones durante el partido, la de Monzón en el minuto 66 y la de Dezotti en el 89. Los alemanes solo pudieron superar al conjunto argentino con otro penalti, esta vez transformado en el 85 por Andrea Brehme.

 

 

La desconsolación total y absoluta de Maradona, que lucía un tobillo extremadamente inflamado, contrastaba con la felicidad del “Kaiser” que conseguía así regalar la tricorona a su país. Su táctica 1-2-5-2 basando todo su juego en la figura de Matthäus, y su lugarteniente Hässler, con Völler y Klinsmann como artilleros dio resultado y el “Kaiser” se convirtió así en el primero en ganar como capitán (1974) y entrenador, y posteriormente siendo nombrado como mejor deportista alemán del siglo XX.

 

Alemania Federal consiguió la tercera estrella, superando a una Argentina llena de handicaps que no compitió en igualdad de condiciones.

 

Consecuencias y datos finales

El once ideal del Mundial de Italia 90 de la FIFA estuvo finalmente formado por los porteros Sergio Goycochea (ARG) y Conejo (CRC), en defensa Brehme (ALE), Maldini (ITA), Baresi (ITA), como mediocampistas Maradona (ARG), Matthäus (ALE), Stojkovic (BOS), Gascoigne (ING), y en punta Klinsmann (ALE), Milla (CAM), Schillaci (ITA).

 

 

La propia FIFA y los periodistas acreditados determinaron que el delantero italiano Salvatore Schillaci fue el mejor jugador del certamen. Marcó seis tantos, convirtiéndose también en la Bota de Oro del torneo. El camerunés Roger Milla y el alemán Matthäus fueron Balón de Plata y Balón de Bronce respectivamente.

 

 

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