El día que Maradona capitaneó a la Selección de Sudamérica

 

El 24 de enero de 1987 Diego Armando Maradona capitaneó a la Selección de Sudamérica ante un combinado de la liga japonesa en el Estadio Nacional de Tokio, lleno hasta la bandera con 55.000 espectadores en las gradas. Aquel histórico partido tuvo lugar en la séptima edición del torneo Xerox Super Soccer, competición nacida en 1979.

 

 

Maradona capitaneando a la Selección de Sudamérica

Los jugadores sudamericanos estuvieron dirigidos por Carlos Bilardo, y en la convocatoria encontrábamos nombres como los de Roberto ‘Gato’ Fernández (Paraguay), Jorge Seré (Uruguay), Josimar Higino Pereira (Brazil), Edino Nazareth Filho ‘Edinho’ (Brazil), Rogelio Delgado (Paraguay), Justo Jacquet (Paraguay), Leovegildo Lins da Gama ‘Júnior’ (Brazil), Antônio Carlos ‘Toninho’ Cerezo (Brazil), Mário José dos Reis Emiliano ‘Marinho’ (Brazil), Ramón Palacios (Paraguay), Juan Torales (Paraguay), Roberto Cabañas (Paraguay), Gustavo Dalto (Uruguay), Raúl Maradona (Argentina), Félix Ricardo Torres (Paraguay) o el propio Diego Maradona (Argentina) como capitán.

 

 

En el combinado Japan League All-Stars jugaron el holandés Dido Havenaar (Mazda) y el brasileño Ruy Gonçalves Ramos Sobrinho (Yomiuri), ambos posteriormente nacionalizados como japoneses, acompañados de los japoneses nativos Yasutaro Matsuki (Yomiuri), Hisashi Kaneko (Furukawa), Hisashi Kato (Yomiuri), Toshinobu Katsuya (Honda), Satoshi Miyauchi (Furukawa), Takashi Mizunuma (Nissan), Yasuhiko Okudera (Furukawa), Nobuhiro Takeda (Yomiuri), Toshio Matsuura (Nippon Kokan) y Shinichi Morishita (Yamaha).

 

 

La relación del astro argentino con Japón

Aunque Maradona nunca vistió la camiseta de un club de la J. League (aunque su hermano menor Hugo sí lo hizo, en el Avispa Fukuoka y en el Consadole Sapporo a mediados de la década de 1990), sí tuvo la oportunidad de hacer disfrutar varias veces a los aficionados japoneses al fútbol, en aquel entonces todavía una minoría en un país dominado por el béisbol y el sumo. Primero en 1979, en el Campeonato Mundial Juvenil organizado por Japón, el primer torneo de la FIFA en Asia, y posteriormente tres veces más como parte del evento casi anual Xerox Super Soccer, que enfrentaba a la selección nacional de Japón o a las selecciones de la Japan Soccer League con algunos de los clubes más famosos del mundo. El primer viaje de este tipo fue en 1982, cuando Boca Juniors venció a Japón dos veces y empató una en los partidos celebrados en Tokio y Kobe.

 

 

«El cuerpo de Maradona era como una roca, incluso si le golpeabas no tropezaba», confesó en una posterior entrevista Jiji Hideki Maeda, que capitaneó a Japón en aquella serie. «Pero el balón se le pegaba a los pies y bailaba como una mariposa. Jugando con él, sentías que esta persona era diferente. Era un dios». El ex defensa del Verdy, Satoshi Tsunami, también recordó al Pelusa: «Era como si me moviera de un lado a otro. No había posibilidad de ganar el balón. Era un tipo diferente y estoy orgulloso de haber jugado contra Maradona en su época de esplendor».

A finales de la década se produjeron dos visitas más: En 1987, como parte del once sudamericano que derrotó a un once de la Liga de Fútbol de Japón, y luego una vez más con el Nápoles el 12 de agosto de 1988. Aquella última victoria sobre Japón, disputada ante 41.000 espectadores en el Estadio Nacional, resultó ser la última aparición de Maradona en un campo japonés, justo cuatro años antes de que el fútbol profesional llegara a Japón. En otras circunstancias, podría haber formado parte de ese renacimiento, en lugar de ser un precursor.

 

 

Aunque el Nagoya Grampus había llegado a un acuerdo informal para fichar a Maradona antes de la tan anunciada inauguración de la J. League -un acuerdo por valor de 1.500 millones de yenes (unos 11,1 millones de dólares de la época)-, su resultado positivo por consumo de cocaína en 1991 y su posterior suspensión de 15 meses del fútbol internacional fue un obstáculo para el propietario del club, Toyota, que en su lugar dio su visto bueno para que el Grampus incorporara a la estrella inglesa Gary Lineker, que estaba totalmente limpio.

Los problemas de Maradona con el abuso de sustancias le valieron la prohibición de entrar en Japón. Su regreso al fútbol internacional antes de la Copa Mundial de 1994 obligó a Argentina a retirarse del torneo de la Copa Kirin de ese año, y a Australia a unirse a Japón y Francia.

 

 

Su intento de asistir a la Copa Intercontinental de 2000 en Tokio entre Boca Juniors y Real Madrid fue rechazado por los funcionarios de inmigración japoneses, que no mostraron la indulgencia que habían ofrecido a Paul McCartney una década después de la detención y deportación del cantante de los Beatles en 1980 por posesión de marihuana.

Pero dos años más tarde, Maradona pudo sacudirse la defensa por última vez con una oportuna ayuda del gobierno argentino, que lo envió a la final de la Copa del Mundo de 2002 como enviado de turismo y deportes después de que se le denegara su solicitud de entrada en Japón como comentarista para la televisión mexicana.

Los medios de comunicación describieron la «abultada cintura» del futbolista de 41 años tras su llegada al aeropuerto de Narita, pero su carisma seguía atrayendo a los aficionados en busca de saludos y apretones de manos. El 1 de julio, un día después de que Brasil derrotara a Alemania en el Estadio Internacional de Yokohama, Maradona dijo que el gobierno japonés «parecía tonto» por intentar mantenerlo fuera del país.

«(Me prohibieron) a pesar de que a los estadounidenses que lanzaron la bomba atómica sobre Japón y a (el ex presidente de Perú Alberto) Fujimori, que hizo daño a innumerables peruanos, se les permite caminar libremente por las calles de Tokio», dijo Maradona al Club de Corresponsales Extranjeros de Japón, según Kyodo. «Pero gracias a muchas personas de Japón y Corea del Sur que me invitaron pude ver la final, y se lo agradezco de corazón».

 


Marcelo Di Maggio