El verdadero Manchester United, el de Alex Ferguson

 

La unión entre un son de Shoegaze y la simpatía de un simple partido al norte de Inglaterra pueden derivar o finalizar en eventos transcendentales, gritos ensordecedores, unión, un amor para toda la vida, que te marca, que te sacude el ser y te conmueve con recitales extremistas, como la de aquel soldado que abanderó su patriotismo en las Malvinas y entonó su armonía después del choque…

Escuchar al representante de la cabina 65 de Old Trafford  dando las alineaciones es el abrebocas de una experiencia que siempre pudiste imaginar cuando de chico, desde Peter Schmeichel con la número uno hasta el gran Eric Cantona con la siete son el historial mayúsculo de un legado impreso que en algún momento llegaron a establecerse en la pretérita y deslumbrante “Cottonopolis”. Ya en modo secuencia de juventud y seguimiento por un escudo todo varía y se configura magistralmente, las expectativas son únicas, ya añadís una nueva costumbre, una nueva rutina, conocés de cerca ese aspecto y deseas introducirte a como dé lugar.

 

 

Un ejemplo base: “estás al borde de percibir en primera persona la magnitud del golpe, un grito de gol seco, o un abominable ¡Yesss¡ por parte de los simpatizantes del One love MUCF”, tal recuerdo el argumento significativo que en ocasiones disponía mi padre los fines de semana, “despierta, jugará el United de Ferguson”, en ocasiones no comprendía la importancia o el valor que debía darle a ese punto, solo respondía con un “es temprano, ve y míralo y me dices como queda”.

Terriblemente me dejaba llevar por la conformidad de no sentir muy presente la etapa radical del fútbol inglés, aun así me quedaba corto en sueño y escuchaba en el interior de la sala esa satisfacción enorme desplegada por los goles de un muy prematuro Cristiano Ronaldo en la voz del enorme “Bambino” Pons, -claro, el argentino se llevaba los créditos-, sin más preámbulo la exactitud del tema la plasmo de aquel mítico plantel del siglo XXI que solo se encargaba de seguir las reglas de su esencia y el aroma impregnado de Bobby Charlton.

 

 

En el año 2008 el rito del Manchester United en las poblaciones europeas fue la confabulación entre historia y modernidad, las cátedras del escocés Matt Busby con la implantación del futbol riguroso y técnico por parte de Sir Alex, en las localidades cercanas al “Teatro de los sueños”, las comunidades se manifiestan con poderío y entusiasmo cada que la autonomía de su club se dirige a los pastizales del icónico estadio, claro, quién no se va a sentir altamente motivado por ver en la plantilla a esa línea de cuatro implantada por Ferdinand, Vidic, Brown y Evra; versatilidad y salida por los costados, una maravilla, retención, búsqueda de espacios en cuanto a juego, algo inusual para el “toqueteo británico”, establecidos y retenidos se posicionaban esos cuatro y cuando surgía un cambio de ritmo por parte del banquillo, podrían intervenir sin ninguna excusa los hermanos Fabio y Rafael da Silva, adquirían el ímpetu del Jogo Bonito por los extremos de las bandas.

 

 

Más adelante la nitidez de la contención y la seguridad del paso se veía blindada por Carrick, Scholes y Hargreaves, un trío de titanes con alta congestión, ya fuese moderado aéreo o básico a tierra la coyuntura del balón intervendrían con amplitud, de alguna u otra forma el dinamismo del “número seis” se congestionaba en la mitad. Ya desde esta parte una escala de proyecciones radicaban en innumerables rasgos, ellos estuvieron presentes aquella noche fría y turbia de Moscú, nada más y nada menos que la final europea contra el “archienemigo de la capital”, los “Blues”, el incontrolable Chelsea de Stamford Bridge, una locura inconmensurable, maravilla en todo el sentido de la palabra, llevados a los terrenos por el peculiar israelí Avram Grant quien se manifestaba de arranque con el marfileño Drogba, Joe Cole y un muy joven pero temible Florent Malouda.

 

 

Una instancia que conllevaría, guerra, conflagración, duelo, todos los sinónimos acarreaban la temática, pero que en un abrir y cerrar de ojos los tres líderes de la determinación y el soporte goleador se encargarían de darle un toque al desenlace, vos te preguntarás ¿faltan tres jugadores para completar los diez de campo, no? Como todo es brillo y lucidez la plataforma del nueve base o los media puntas desequilibrantes se manifestaba de esta forma, desde el panorama efectivo de Goodinson Park y con una mente de posesión y fuerza de gol se establecía el “Baby” Wayne Rooney, más a los costados y con verticalidad en su labor se representaba la pureza de la denominada “Fortaleza Apache”, el chico argentino, de la Boca para los alrededores mundiales, Carlos Tévez, y finalizando el “comboy”, “El batipibe, el chico dorado”, el adolescente lusitano… Cristiano Ronaldo, demasiada congestión en un punto de equilibrio.

Y sí, de esta manera el ambiente del Luzniky se vino abajo gracias a la épica manifestación de buen futbol por parte de estos chicos, cabe aclarar que el rendimiento del plantel a nivel nacional también fue reflejo del interminable momento mágico, parce, conquistaron la Premier League, se adueñaron de un año calendario con demasiada “simplicidad”. Para mí y para muchos la sinfonía que llevaban a cabo cada fin de semana estos once jugadores fue un factor determinante para el gusto y la amplitud por el balompié mundial, aquel novedoso Manchester United acarreó una ola de expectativas en muchos seguidores del deporte, ya era costumbre ver a Sir Alex  en planta baja alzando las manos y mascando chicle de una manera incontrolable, surgimos en la época del auge ofensivo y característico de un fabuloso grupo guiado por una metodología sin moderación, esa que transcurría en las cuerdas vocales y los gestos de sus extremidades, el gran Ferguson, el gran técnico del nuevo milenio.

 

“No puedo creerlo, es el fútbol. ¡Diablos!”, Alexander Chapman Ferguson (tras ganar la Copa de Europa de 1999 gracias a dos goles en los últimos segundos).

 


Jesús David Beleño
@imjesusdavid