West Ham United v Bolton Wanderers de 1923

Los incidentes de la inauguración de Wembley, el hooliganismo y 982 heridos

 

Siempre se asoció al inicio del hooliganismo en la segunda mitad de los años sesenta, a raíz de los incidentes creados por algunos de los primeros skinheads que apoyaban la selección inglesa en el Mundial de 1966. Si bien, el término «hooligan» es muy anterior, y se usó por primera vez en prensa por el diario The Times, para denunciar el gamberrismo de bandas, frecuentemente de origen irlandés, que asolaba las calles de la capital británica en 1890.

Los hooligans, los grupos de vándalos provenientes (o descendientes de primera generación) en su mayor parte de la vecina isla de Irlanda, que, borrachos, buscaban pelea a la menor excusa. Sabido es que a partir de los ochenta el fenómeno se generaliza y extiende ligado al fútbol, ​​pero el primer incidente grave en un encuentro es muy anterior a este periodo. Ocurrió durante la final de la F.A. Cup de 1923, en el estadio de Wembley, el templo del fútbol, ​​el día en que se inauguraba el mítico estadio, el 28 de abril de dicho año, 365 días antes de lo previsto. Los finalistas eran el West Ham, equipo londinense (entonces a la «Second Division») contra el Bolton Wanderers (de la ciudad de Bolton, en el área urbana de Manchester, y que jugaba a la «First Division»).

 

 

 

El estadio tenía una capacidad para 125.000 espectadores, 5.000 de ellos vendrían en tren desde Bolton. La expectación era máxima, pero la asistencia de público fue mucho mayor de la esperada. A partir de las doce de la mañana abrieron las puertas (el encuentro comenzaba a las tres de la tarde) y el público fue llenando las gradas. Algunas mafias locales ayudaron a crear una situación de caos vendiendo entradas falsas para el primer evento deportivo celebrado en Wembley. A las 13.45 horas el campo estaba absolutamente lleno y fuera había miles de personas, algunas con entrada, que no podían acceder al estadio. La policía había dado la orden, además, de desalojar la multitud, que estaba tratando de entrar en el estadio de cualquier forma. Se anunció en las diferentes estaciones de tren de Londres que no se podía acceder a la final, por lo que se recomendaba a los seguidores del Bolton que, mayoritariamente aún estaban por llegar, dieran la vuelta de nuevo hacia su ciudad o se abstengan de acercarse por las calles adyacentes al estadio (se calcula que unas 300.000 personas las abarrotaban).

La policía se vio obligada a cargar para dispersar una multitud que, pretendía entrar en el estadio, pero no pudieron contra una masa humana que los superaba en mucho. Derribaron la puerta del estadio y miles accedieron al campo, provocando que el público tuviera que bajar hasta el propio césped. Se calcula que unas 250.000 personas entraron al estadio (el doble de la capacidad del mismo). El partido iba a suspender, ya que no conseguían que el público abandonara el terreno de juego y la inseguridad era manifiesta. Pero entonces apareció el policía George Scorey montando a un caballo completamente blanco, «Billie», y dando vueltas sobre sí mismo, sin golpear absolutamente nadie, comenzó a agrandar el círculo de seguridad, ya apartar el público que ocupaba el verde del estadio. Él solo, sin una sola vez, lo consiguió. Se pudo celebrar el partido con 45 minutos de retraso. El Bolton venció por 2 a 0 y se llevó la copa, además, su jugador estrella, David Jack, tuvo el honor de conseguir el primer gol en el estadio más emblemático del fútbol mundial a los dos minutos de comenzar el partido.

 

 

La final, conocida como «la del caballo blanco», tuvo consecuencias legales y la Cámara de los Comunes acordó aprobar una legislación específica en materia de seguridad para futuros grandes eventos futbolísticos. 980 seguidores y 2 policías resultaron heridos, aunque solamente 22 de ellos tuvieron que permanecer ingresados en diferentes hospitales de la capital británica. Fueron los primeros incidentes graves en el mundo del fútbol, desgraciadamente, con los años, serían superados de largo por acontecimientos aún más dramáticos.

 

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Frichu Yustas