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La liga de la temporada 97-98, el principio del fin de la inocencia

 

El verano en el que cumplí once años fue un verano de transición. Los años de transición se ganan el respeto de los otros años con el paso del tiempo. En su momento, y sin la perspectiva de este, pueden pasar simplemente por insulsos. Fue mi último curso en Primaria (6º) y último en el que el campeón de la Copa del Rey jugaría la Recopa del año siguiente. Para más inri, la UEFA se sacaba una novedad de la chistera: la Intertoto, el último billete de tren disponible para que los más rezagados pudieran continuar de Erasmus por Europa. Año de transición, decía, y de mudanzas: mi Espanyol hacía las maletas hacia Montjuïc mientras apretaba los dientes y tragaba saliva dejando atrás Sarrià, en medio del silencio ensordecedor que se produjo en el corazón de los pericos después de la demolición de la que siempre fue su casa.

 

 

Los seres humanos, especialmente los futboleros, nos movemos más por las expectativas que por las realidades, la misma razón por la que fracasan los matrimonios. Por eso nadie mejor que una criatura de 11 años, en un mes de junio de 1997 en el que se publicó el primer ejemplar de Harry Potter, para comprender la magia del mercado de fichajes. Daba igual de qué equipo sea el chaval: conserva la inocencia de una mochila casi sin peso y atesora el entusiasmo de las victorias pendientes que cree que le debe el destino. Todavía en la era pre-internet, cualquier fichaje brasileño, argentino o de la antigua Yugoslavia invitaba a soñar con grandes gestas. Al menos, hasta que la pelota empezaba a rodar.

El verano del 97 significó la marcha de Ronaldo al Inter, la consolidación de la fama eterna del Núñez pesetero y la afrenta del Barça al Dépor, al que le arrebató a Rivaldo a última hora. Un nefasto partido de previa de Champions de los de Van Gaal en Letonia ante el Skonto de Riga encendió todas las alarmas en el Camp Nou. A brasileño muerto, brasileño puesto. Y es que Brasil era más Brasil que nunca y el centro gravitatorio del fútbol mundial. Ganarían ese mismo año su quinta Copa América, Denílson empezaría a ser el nuevo gran objeto de deseo de los grandes clubes europeos y Roberto Carlos le mostraría al mundo, mediante su famosa bomba inteligente en la Confederaciones que, si algún planeta podía cuestionar las leyes de la física, ese planeta era el carioca.

 

 

 

También fue el verano en el que ETA secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco y en el que Lady Di murió en aquel accidente de tráfico en Paris. Además de convivir con la muerte en su versión más mediática, los niños pre adolescentes de España, la reserva espiritual de Occidente y el reino cristiano que evangelizó América, asistimos al boom del Viagra como fenómeno social y al incipiente debate en torno a la eutanasia a raíz de la muerte de Ramón Sampedro. El país que todavía no conocíamos estaba cambiando.

1998 supuso para Bilbao el subcampeonato de Liga bajo el liderazgo del “machote” Luis Fernández, un vasco de Tarifa. Porque ya saben que los vascos nacen donde quieren o pueden. Fue el mismo año del Centenario del club y el mismo año en que la capital vizcaína inauguró el Museo Guggenheim. También supuso la extrapolación del conflicto vasco y el terrorismo etarra al mundo del fútbol, que, inocentemente, creíamos a salvo de todas esas mierdas propias de los adultos: Aitor Zabaleta sería apuñalado por radicales neonazis del Atlético de Madrid en los aledaños del Calderón antes de un partido ante la Real Sociedad, contaminando al deporte que más queríamos y arrancándonos varias capas de candidez.

 

 

Este último párrafo se lo pueden ahorrar, amigos lectores, si no quieren spoilers, si saben entrar en la Wikipedia, ya tenían uso de razón en la primavera de 1998 o no quieren ustedes ver los paralelismos con lo sucedido recientemente: El Barça ganaría el doblete sacándole 21 puntos al Madrid, que fue un desastre en la Liga. Un desastre en la Liga y campeón de Europa 32 años después ante una de las grandes favoritas del torneo, la Juventus de Turín. ¿Ven como se lo podían haber ahorrado?

 

 


Carlos Caso
@KarlosRCDE