Las 10 celebraciones más míticas de la historia de los Mundiales

 

¿Cuáles han sido las celebraciones más míticas de la historia de los Mundiales de fútbol? ¡A continuación las rememoramos con nuestro ranking y aprovechamos para volver a disfrutar los goles que las precedieron! ¿Echas de menos alguna? Por favor escríbenos al correo info@kodromagazine.com o comparte tu opinión en redes sociales.

 

10. Diego Armando Maradona en México 1986

El mejor gol de la historia, tuvo una de las celebraciones más inspiradoras de los últimos años. Recreada en multitud de videojuegos de recreativa y consola de la época de los 90, como el mítico “Goal! 2” de la compañía Jaleco. Diego Armando Maradona corriendo hacia la grada y levantando el puño.

 

 

 

9. Finidi George en USA 1994

Frente a Grecia, en la primera ronda, confirmaron el avance: victoria contundente 2-0. El segundo gol fue marcado por el delantero del Ajax, Finidi George, que no tuvo mejor idea para celebrar que caminar imitando a un perro y levantar la pata.

 

 

8. Brian Laudrup en Francia 1998

Brian Laudrup se escapó corriendo de sus compañeros para celebrar su gol ante Brasil en Francia 1998 descansando sobre su codo, una idea de celebración acordada previamente con su hijo. Fue el empate a 2 en el minuto 50 cuando disparó el balón a la escuadra.

 

 

7. Rashidi Yekini en Estados Unidos 1994

Bulgaria, Argentina y Grecia esperaban con todo su arsenal a los africanos en USA 94, y estos sorprendieron a todo el mundo terminando en primer lugar del grupo D. El primer tanto de los africanos en la competición recayó en una de sus estrellas, el talentoso Rashidi Yekini, que celebró su gol cogiendo la red y “chillando” a los aficionados de las “Águilas Verdes”.

 

 

6. Ronaldo en Corea Japón 2002

Mítica imagen la de Ronaldo levantando su dedo índice y moviéndolo arriba y abajo, dictando así su rotundo dominio en el fútbol mundial de principios de siglo XXI y finales del XX. Un gol ante Alemania en la final que acabó con el penta campeonato brasilero.

 

 

5. Andrés Iniesta en Sudáfrica 2010

Andrés Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica 2010, dio pie a la celebración más emotiva y apasionada de la historia de la Copa del Mundo. Un nombre en una camiseta, el de su difunto amigo Dani Jarque, para celebrar la copa más esperada de la historia del fútbol español.

 

 

4. Diego Armando Maradona en USA 94

El 21 de junio de 1994, Argentina debutaba contra Grecia en Foxborough. Maradona marcó y lo celebró con rabia extrema, dedicándolo a todos aquellos que lo veían fuera del Mundial. Fue corriendo hasta una de las cámaras situadas a ras de césped, con los ojos casi fuera de las órbitas y gritando.

 

 

3. Pelé en Brasil 1970

Sucedió el 21 de junio de 1970, en el Estadio Azteca de México. Se disputó una de las finales del Campeonato del Mundo más espectaculares de todos los tiempos, en la que Brasil se impuso a Italia por cuatro goles a uno. Pelé, el mítico futbolista brasileño, propició la imagen más recordada de aquel Mundial, cuando celebró la victoria encaramándose en su compañero Jairzinho, levantando el puño derecho al cielo, con una sonrisa de satisfacción indescriptible mientras pasaba el otro brazo alrededor del cuello del número 7 brasileño. Una fotografía mil veces vista.

 

 

2. Roger Milla en Italia 1990

Roger Milla decidió celebrar sus 4 goles en Italia 1990 de la misma forma (en USA 94 también), dirigiéndose hasta el banderín de córner más cercano y empezando a bailar con una mano a la altura de la cintura y la otra hasta los cielos.

 

 

1. Bebeto en Estados Unidos 1994

Sin duda alguna la celebración más simbólica de la historia de la Copa Mundial de la FIFA. Bebeto rindió homenaje a su hijo recién nacido Mattheus con una celebración espontánea: tras marcar un tanto en el triunfo por 2-3 contra Países Bajos, el delantero hizo el gesto de acunar a un bebé en brazos. “El día anterior, le pedí a Dios de rodillas que me diera la oportunidad de dedicarle un gol a mi hijo, porque quería rendirle homenaje. Corrí a festejarlo y, al momento, se unieron Romário y Mazinho. Miré a un lado, miré al otro, ¡y los dos estaban haciendo lo mismo! Fue algo de Dios, hecho de corazón, espontáneo. Por eso pasó a la historia”.