La última Copa Libertadores de Peñarol, y la Intercontinental ante el Porto

 

En 2011 Peñarol puedo revalidar el título de Copa Libertadores conseguido por última vez en 1987, pero el Santos brasileño se impuso por 2-1 en el partido de vuelta de la eliminatoria disputado en São Paulo, haciendo bueno el 0-0 en la ida.

La Copa Libertadores de 1987 fue la vigésima octava edición del torneo de clubes más importante de América del Sur, organizado por la Confederación Sudamericana de Fútbol, en la que participaron equipos de diez países sudamericanos: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.

Fue el sábado 31 de octubre de 1987 cuando el Club Atlético Peñarol de Uruguay se consagró campeón del certamen por quinta vez en su historia con un inolvidable gol de Diego Aguirre, cuando todo parecía perdido a menos de 20 segundos para terminar la segunda parte de la prórroga. Un gol in extremis que sirvió a los «mirasoles» para superar el duro partido de desempate contra el América de Cali colombiano, que perdía así su tercera final consecutiva, algo inédito hasta la fecha. Peñarol fue magistralmente dirigido y orquestrado por un joven Óscar Washington Tabárez, futura leyenda de la selección de Uruguay, que supo explotar lo mejor que pudo a su irregular plantel.

 

 

El camino a la gloria aurinegra

La andadura en la Copa Libertadores de 1987 para Peñarol se inició el 6 de mayo con una ajustada victoria por 3-2 ante Progreso, entrenado por Wálter Roque. El siguiente destino fue Perú, donde el Alianza Lima prometía guerra, los uruguayos acabaron tumbando al conjunto peruano por la mínima, 0-1. En el tercer partido se dio un inesperado 1-1 contra el novel Colegio San Agustín, un resultado que confirmaba las carencias de Peñarol al inicio de la competición.

Pero la clasificación a la siguiente ronda del torneo de la Copa Libertadores se selló el 2 de junio, cuando Peñarol se impuso al Alianza de Lima en el Centenario por un claro 2-0, con goles de Gustavo Matosas y José Herrera, ahora sí poniendo fin a las dudas sobre el equipo.

En el grupo semifinal, la suerte parecía no sonreírle a los «Mañas», Independiente y River Plate eran dos de los peores rivales que se podían haber cruzado en su camino, ambos plagados de figuras, en especial el conjunto de Buenos Aires, que defendía el título del año anterior. Tras el empate a cero entre los conjuntos argentinos en el primer partido, Peñarol arrasó goleando como local 3-0 a Independiente, en una noche perfecta, y dos semanas después consiguió un meritorio empate a cero contra River en Montevideo.

En la segunda vuelta los “rojos” superaron a River por 2-1, empatando a puntos con Peñarol y dejando a los «millonarios» con solo dos. El match en Avellaneda ahora sí, era un todo o nada, una final anticipada, y el resultado fue histórico, 4-2 con 2 tantos de Jorge Cabrera, uno de Diego Aguirre y el restante de Eduardo Da Silva. Fue la primera derrota de Independiente en la Copa Libertadores, ante un rival no argentino. Peñarol apelando a la épica, era finalista y soñaba 5 años después en volver a levantar la copa, y Óscar Washington Tabárez empezaba así su leyenda.

 

 

La finalísima, el potente América de Cali espera

El rival en la final fue el América de Cali, claro favorito, después de llegar por tercera vez a la final de forma consecutiva, pero sin final feliz en las primeras dos. El primer partido acabó 2-0 a favor de los colombianos, mientras que en la revancha disputada el 28 de octubre y por disposición del reglamento, si Peñarol ganaba por cualquier resultado, habría tercer partido. Y así fue, los «carboneros» ganaron 2-1 y todo debía definirse en un tercer partido, Peñarol una vez más renacía.

El escenario elegido para tan esperado choque fue el estadio Nacional de Santiago de Chile, testimonio de un partido tenso que acabó con el choque y agresión mutua de José Herrera y Roberto Cabañas, que determinó la expulsión de ambos de parte del juez Hernán Silva. 0-0 en los primeros 90 minutos reglamentarios, y la terrible y angustiosa prórroga esperando a ambos conjuntos. Si no se marcaban goles el partido era para América de Cali, al haber anotado un gol más en los anteriores partidos, así que la disposición táctica de «Los Diablos Rojos» fue una defensa férrea.

Minuto 119, las gradas colombianas empezaban el festejo de lo que sería el fin del mal fario para los de Cali, pero no todo había acabado aún, quedaban 20 segundos para el final del partido. Un rechazo del zaguero Valencia, el cabezazo de Viera que cae en los pies de Villar, habilitando a Diego Aguirre, que se adentra en el área por la derecha y de un milagroso zurdazo cruzado hace estéril la estirada de Falcioni haciendo enloquecer a todo Uruguay. Peñarol hacía posible lo imposible, se convertía en uno de los referentes de la lucha hasta el último segundo, hasta el último aliento. La locura en la celebración de los de Tabárez fue totalmente desenfrenada, y no era para menos.

 

 

La Copa Interncontinental, premio sin recompensa

El Porto de Portugal fue el rival el 13 de diciembre de 1987 en el Estadio Nacional de la ciudad de Tokio, en Japón. Después de los 90 minutos reglamentarios, empate a uno. Otra vez a la prórroga, aunque esta vez no fue Peñarol al que le sonrió la suerte, y en el minuto 109 Rabah Madjer sentenciaba el match. Esta edición es recordada por una fuerte nevada que cayó en el campo de juego antes y durante el partido, lo que provocó que el terreno se hallara en malas condiciones, afectando notablemente el desarrollo del encuentro, pero convirtiéndolo en visualmente épico.