lunes, noviembre 28, 2022

Johan Cruyff en el Paris Saint Germain

 

Johan Cruyff jugó en el PSG de la Ligue 1 durante una breve etapa el junio de 1975, cuando aún formaba parte de la plantilla del FC Barcelona. El mítico holandés había finalizado su segundo año en el Camp Nou, y no podía participar en el torneo copero español, ya que en aquel entonces solo podían hacerlo los jugadores nacionales, así que recibió permiso del FC Barcelona para empezar sus vacaciones. El holandés decidió pasarlas defendiendo los colores parisinos en 2 partidos amistosos enmarcados en el Torneo de París.

 

 

La amistad entre Johan y el presidente del Paris Saint Germain, Daniel Hechter, sirvió para que el holandés viajase a la capital francesa y participase con el equipo local en un torneo que incluía la participación del Sporting de Lisboa, el Valencia y el Fluminense brasileño. Cruyff debutó ante el Sporting de Portugal el 17 de junio en las semifinales disputando un gran partido que acabó con victoria de los locales por 3-1.

 

 

La final se disputó contra el Valencia CF, que había eliminado previamente al Fluminense 1-0, y los valencianistas se impusieron en la final por 0-1. Según contaba L’Équipe, Johan Cruyff se mostró muy contrariado por la derrota y se disculpó ante los micrófonos tras el partido: “lo siento mucho, estoy cansado porque tuve una temporada difícil. Hace un mes, incluso tuve que estar ingresado en cama. No tuve suficiente entrenamiento y solo había disputado un partido”.

 

 

Por supuesto, en París se dispararon los rumores del posible fichaje de Cruyff por el PSG para la siguiente temporada, pero no fue hasta 1976 que tuvo lugar una verdadera intentona. Los emisarios del Paris Saint Germain viajaron a la Ciudad Condal para cerrar su llegada el club blaugrana con una oferta inigualable.

 

 

Al año siguiente el club francés fue acusado de fraude económico, lo que provocó la salida de Hechter de la presidencia y su obsesión por fichar a Cruyff tuvo que llegar a su fin. El holandés finalmente jugaría cinco temporadas en el FC Barcelona antes de salir con destino al LA Aztecas estadounidense.

La idea de su posible fichaje por el Paris Saint-Germain ilusionó a la hinchada parisiense. En el torneo cuadrangular, esta le adoptó plenamente cuando el holandés jugó de verdad frente al Sporting de Lisboa. Le repudió luego, silbándole estruendosamente, ante su pobrísima exhibición contra el Valencia. Pasando de Príncipe Encantador a Príncipe Fantasma, en tan solo cuarenta y ocho horas pasó de subyugar primero a exasperar después a cincuenta mil parisienses, que acudieron fascinados por la magia de su nombre al Parque de los Príncipes.

 

 

Al respecto, Le Monde anotaba: “Con motivo del Torneo de París se establecieron contactos con Johan, este parece interesado por un traspaso a la capital francesa al término de su contrato con el Barcelona, en 1976. Pero el público le infligió ya una advertencia, al aceptarle totalmente la primera tarde y silbarle la segunda. En esta, y por temor a los rudos zagueros españoles. Cruyff se limitó a un cometido de relevo en el centro del campo. Incluso en fútbol, París mostró al azulgrana que no se contenta mucho tiempo con las meras reputaciones…”.

 

 

En 1975 quedó claro que, en lo sucesivo, el fichaje de Johan no dependía solamente de las arcas del multimillonario rey del «pret-á-porter». Tampoco de la hipotética moderación de las pretensiones económicas del interesado. Si no, y sobre todo, de que la afición de París diera o no diera luz verde a la operación. Porque resultó de una evidencia cegadora que ningún presidente acometería una empresa de esa envergadura contra el sentir unánime de una hinchada reticente. Y menos que ninguno, el mandamás del Paris Saint-Germain, Daniel Hechter.

 

Así también lo comprendió Johan, al justificarse ante los periodistas franceses. Arguyó que desde que se inició la Copa del Generalísimo no jugaba. Al andar falto de competición, explicó que dos partidos en cuarenta y ocho horas son muchos partidos. Explicación poco convincente y que no disipó, ni mucho menos, el desencanto que suscitó su actuación en el cuadrangular.