sábado, febrero 4, 2023

El día que Gil propuso a Menotti multar a Salinas por fallar goles

 

César Luis Menotti fue nombrado entrenador del Atlético de Madrid la temporada 1987-1988, convirtiéndose así en el primer entrenador de la era de Jesús Gil, socio con 6 años de antigüedad, que sustituía a Francisco Javier Castedo (presidente provisional tras el fallecimiento de Vicente Calderón).

El técnico argentino, que consiguió para Argentina la Copa del Mundo de 1978, confesó al llegar a Barajas: «Tengo un reto con el Atlético: conseguir dos títulos que me faltan en mi palmarés, una Liga española y un campeonato europeo de clubes». El primero pudo intentarlo, pero el segundo, al haber quedado el Atlético fuera de Europa, no. Además, aseguró tener un objetivo: «Mi tarea ahora en el Atlético es ordenar su situación deportiva. La Liga no se gana solo con hombres. Hay que hacer un equipo y un conjunto. El Atlético es una gran institución en la que hay que iniciar su motivación y funcionamiento. Tiene que ser protagonista de una Liga, en la que hasta ahora solo el Real Madrid y el Barcelona lo han sido. Soy partidario de una plantilla reducida, con apenas 20 jugadores». El técnico argentino también aprovechó para alabar a su presidente: «Me ha sorprendido la celeridad con que el nuevo presidente adopta sus decisiones».

 

 

El nuevo entrenador del Atlético iba a percibir más de 40 millones de pesetas por cada uno de los tres años que iba a tener de contrato, en un principio, pero solamente acabó firmando uno. Su sueldo mensual sería de un millón de pesetas, además de dos pagas extraordinarias de la misma cantidad. El club, por otro lado, le proporcionó una casa y un automóvil durante el tiempo que permaneció en el cargo. Menotti había justificado la firma por tres temporadas para que no le ocurriese en el Atlético lo mismo que en el FC Barcelona. El técnico fichó por el Barça desde marzo de 1983 a junio de 1984. «Le preparé para que el año siguiente se proclamase campeón. Ahora no me iré sin haber conseguido la Liga con el Atlético de Madrid», dijo. Y por la tarde firmó solamente por un año, aunque con opción a otro.

La imagen de Menotti quedó bastante deteriorada al fichar por el Atlético, tras criticar a los directivos que cesaban a sus técnicos y ahora él rescindía su contrato con Boca Juniors para firmar por otro equipo. Otro tanto hizo al censurar a Goikoetxea cuando lesionó gravemente a Maradona y, al ser su entrenador, dijo: «Es un jugador de gran calidad y, además, internacional».

Más allá de todas estas curiosidades para los amantes de la hemeroteca, en la memoria quedará aquel espectacular 0-4 que le endosó al Real Madrid en el Santiago Bernabéu o el 7-0 al Mallorca en el Vicente Calderón, pero también su mala gestión en uno de los baches goleadores más acentuados en la carrera del siempre criticado Julio Salinas.

 

 

Pese a la presión y las críticas, el delantero bilbaíno llegaría a los 31 goles en 75 partidos que disputó entre 1986 y 1988 como colchonero. Mientras que Menotti dimitiría tras 29 partidos en su cargo, siendo sustituido por José Armando Ufarte de forma provisional.

 

 

«Hasta que nos peleamos teníamos una muy buena relación con Jesús Gil y Gil. Yo vivía en un hotel todavía y él venía todas las noches a verme. Teníamos un buen equipo. Le hicimos cuatro al Real Madrid de Míchel y les metimos 20 fueras de juego en el primer tiempo. Pero un día, en un partido en nuestra cancha, Julio Salinas erró tres mano a mano contra el Madrid. Suele ocurrir. Pero la cuestión es que al lunes siguiente me llama Jesús Gil. Yo me había ido a comer por Segovia o ahí cerquita. Y no era como ahora que tienes el teléfono en el bolsillo. Cuando vuelvo al hotel no sabes la cantidad de mensajes que tenía. Al otro día, después del entrenamiento, me cita en su oficina. Ni me saludó. Estaba enojadísimo. Pero yo lo busqué».

 

 

Y así fue la conversación:
«M: Yo tengo libre los lunes. No lo llamaría nunca a usted un domingo si no fuera un asunto muy grave.
JG: Pero esto es muy grave.
M: Bueno, a ver. ¿De qué se trata?
JG: ¿Qué piensa hacer con Salinas?
M: Ayudarlo.
JG: A un gerente que se equivoca no hay que ayudarlo. Hay que ponerle una multa».

Y así empezó una discusión muy fuerte. Él pretendía que yo le pusiera una multa a Salinas. Eran 10.000 dólares o algo así:

M: Salga usted a hablar con la prensa y diga que le va a poner una multa a Salinas por haber errado tres goles.

Después salgo yo y anuncio que, como no estoy de acuerdo, le presento mi renuncia. La sala de prensa se llenó en un minuto y salimos a dar la conferencia. Entonces él me abraza y dice que era el mejor entrenador que podía haber traído y que íbamos a seguir siendo grandes amigos más allá de las diferencias. Se le olvidó decir que acababa de renunciar. Era un loco divino».

 

 

En marzo, tras la marcha de Menotti, al que Futre llamó “falso e hipócrita”, Gil reaccionó contratando a Maguregui, entrenador del Celta hasta aquel momento, para la próxima temporada. Maguregui dimitió, y la directiva del Celta pidió una compensación al presidente atlético.