Hristo Stoichkov, la garra búlgara

 

Son muchos los jugadores, que han logrado hacerse un hueco eterno en el corazón de los aficionados. Esta estirpe de futbolista aúna talento, entrega y carisma. Una tesitura de elementos, que aúpa al máximo exponente del fútbol búlgaro y una de las grandes figuras que se han enfundado jamás la camiseta del Futbol Club Barcelona, al pedestal situado solamente a la altura de los elegidos.

Hristo Stoichkov, (Plovdiv, 8-2-1966) afrontaba un partido de fútbol como si de un felino enjaulado recién puesto en libertad se tratara. Temperamento, voracidad y liderazgo, forjaban su carácter. Velocidad en el desmarque y la conducción, peligroso con grandes espacios y una zurda tan sutil como efectiva en el tiro, definían su juego. Fue en 1981, en el Maritza Plovdiv de su ciudad natal, donde debutó con 15 años, en la segunda división búlgara, para unos meses más tarde fichar por el Zhevros Harmanli, de la misma categoría. Sus buenas actuaciones en los 34 partidos que jugó, y la progresión que se le intuía, llevaron al entonces potente y mejor equipo del país el CSKA Sofía, a apostar por él en 1984.

El CSKA al mando del técnico Dimitar Penev, fue sinónimo de éxito y formación. Un banco de pruebas no solo para Stoichkov, sino para toda una generación de jóvenes futbolistas búlgaros como Ivanov, Kostadinov, o Lubo Penev sobrino del propio Dimitar. La semilla de aquella maravillosa selección que maravillaría más tarde en el Mundial del 94, se forjó durante aquellos años en Sofia. En total fueron 6 temporadas, ganando tres ligas y 4 copas de Bulgaria, en las que Hristo perforó el arco 81 veces en los 119 partidos que jugó con la camiseta roja del CSKA. Dejó para el recuerdo actuaciones memorables como la que tuvo precisamente contra el que sería su futuro club. En una eliminatoria de Recopa de Europa, Hristo le endosó 3 goles estériles al Barça. El CSKA caía eliminado, pero Johan Cruyff, un visionario, tomó nota del juego del búlgaro, que en 1990 ponía rumbo a Barcelona, eso sí, con la Bota de Oro europea bajo el brazo, después de anotar 38 goles aquel último año en Sofia.

 

 

Aterrizó en la capital catalana, de la mano del presidente Josep Lluís Nuñez, que con el tiempo acabaría teniendo una relación paternal con Hristo. Nuñez puso en manos de Cruyff toda la artillería que el genio holandés le pidió para ganar la Liga, e intentar desbancar como primer club de España al Real Madrid de Míchel, Hugo Sánchez y Butragueño. Para picar al búlgaro, Johan le apodó como «cabrón» cariñosamente y desde su primer entrenamiento como azulgrana le prometió a Stoichkov que trabajaría para que un día ganara el Balón de Oro. En su primera temporada en el Camp Nou, el búlgaro protagonizó uno de los episodios más surrealistas de la historia del fútbol español.

 

 

En un clásico, después de una entrada de Chendo al propio Hristo que el árbitro Urizar Azpitarte no señaló como falta y que provocó, la ira y expulsión de Johan Cruyff por protestar, el búlgaro encendido de furia se acercó al colegiado para darle un pisotón. Por supuesto, este hecho acabó con Hristo expulsado y una sanción ejemplar de 6 meses. Un hecho que no impediría al búlgaro finalizar aquella 90-91 como máximo goleador de una plantilla, que acabaría llevándose la primera Liga de las cuatro que ganó consecutivamente a los mandos el técnico holandés. Aquel título fue el comienzo de una era gloriosa, la del apodado Dream Team, que añadiría a sus hazañas la ansiada primera Copa de Europa de la entidad, ganada en Wembley a la Sampdoria en 1992, con un gol de falta de Ronald Koeman. Gol por cierto, del que Hristo siempre ha alardeado con ironía de haber dado la asistencia. (Si recuperáis el gol sabréis de que habla…)

 

 

Nos plantamos en 1994. Mundial de Estados Unidos, sin duda uno de los mejores torneos de la historia. La selección búlgara, llegaba a la cita americana después de arrebatarle el billete a Francia en el último partido de la fase clasificatoria. Al frente del combinado, Dimitar Penev, el mismo técnico que años atrás entrenó al CSKA. Hristo por su parte, llegaba a la fecha después de una muy buena temporada (93-94) en el Barça, donde formó un tándem maravilloso junto a Romario, sumando el cuarto título de Liga y habiendo anotado 16 goles, pero con la decepción lógica, después de que el Dream Team perdiera de manera contundente en Atenas, frente al Milan de Capello, la final de la Copa de Europa. Pero hablamos de un jugador con carácter. Rehízo rápido su frustración y se erigió en el líder absoluto de una selección que acabó cuarta en aquel torneo. Un hito para la historia, Bulgaria jamás había ganado un solo partido en la fase final de un Mundial, y en el 94 tras caer ante Nigeria por un contundente 3-0 en su debut, superó entre otras selecciones, a Argentina en fase de grupos y Alemania en cuartos de final, cayendo en semifinales, en un partido memorable, contra la Italia de Roberto Baggio 2-1. En la final de consolación Bulgaria cayó ante Suecia, la otra gran revelación del torneo por un contundente 4-0, lo que no cambiaría para nada el gran papel de aquella selección en la cita americana y el de Hristo Stoichkov, máximo goleador del torneo con seis dianas.

 

 

 

El curso 94-95, no solo significó el fin de un ciclo victorioso en Barcelona. Debía ser un año de transición pero el Dream Team se resquebrajaba. Hubo bajas de jugadores importantes después de lo de Atenas, pero los recambios no acabaron de dar la talla, quizás por juventud, y las rencillas entre el técnico holandés y algunos jugadores, a la vez del murmullo de la afición culé, fueron una constante. No obstante, Stoichkov fue galardonado al fin con el Balón de Oro. Su gran temporada anterior en can Barça y la gran actuación en el Mundial propiciaron dicho premio, por el cual no fue felicitado explícitamente por Johan Cruyff.

Por extraño que parezca, el holandés no le dijo nada y fue al término del encuentro posterior al galardón, cuando Hristo, extrañado, después de marcar dos goles, le preguntó a Johan:
– Míster como he jugado?
I Johan respondió:
-Esperaba más de un Balón de Oro…
Así fue y así gestionaba Cruyff las emociones y los egos de sus futbolistas, por muy Stoichkov que fueras. Un genio.

 

 

Consciente de la necesidad de un cambio de aires, la busca de nuevos retos y la relación algo tensa con el técnico holandés, hicieron replantear su continuidad en Barcelona. Fue entonces cuando en verano del 95 entró en escena el Parma, que se haría con el fichaje del delantero búlgaro. Jamás se adaptó al Calcio ni a Italia, no cumplió las expectativas ni de directivos, ni de afición, ni siquiera sus propias, marcando solo 5 goles en Liga y mostrando su calidad a cuentagotas, motivo por el cual tras esa 95-96 frustrada en Italia, el jugador intentó por todos los medios volver donde más feliz había sido. Donde si no, Barcelona.

 

 

Ya sin el genio holandés en el banquillo del Camp Nou y con el inglés Bobby Robson como nuevo inquilino, Hristo regresó a la capital catalana. El Barça contaba ahora con una nueva estrella con la llegada de Ronaldo Nazario, jugador joven y con hambre, así que el fichaje de Stoichkov, quedó lejos de ser lo más determinante aquel verano del 96. Más bien fue la continuación de lo que quedó interrumpido por su marcha a Italia el año anterior. El búlgaro por su parte, con la misma intensidad y más experiencia, pero ya sin aquel punto de velocidad que lo hizo tan determinante en el pasado, pasó a tener un papel más secundario en los esquemas del inglés. El botín de aquella 96-97 fueron Recopa de Europa, Copa y Supercopa de España, insuficiente para la directiva culé, que apostó por no renovar el contrato de Bobby Robson y cerrar el fichaje del entonces técnico de moda, Louis Van Gaal para la 97-98.

Van Gaal, fue claro con Stoichkov desde un primer momento, por lo que nada más aterrizar en el aeropuerto de Prat, le dijo a Hristo que no contaba con sus servicios y que lo mejor para él era acordar su marcha. Así fue como se fraguó su retorno al otro gran club de su corazón, el CSKA Sofia. Un regreso efímero, porque unos meses más tarde el AL-Nasr de Arabia Saudí se presentó en Bulgaria con una oferta que el delantero consideró irrechazable. Así que volvió a hacer las maletas, rumbo a una aventura exótica bañada en petrodólares Sauditas. Un periplo que tampoco se alargó demasiado y en ese mismo año 98 fichaba por el Kashiwa Reysol japonés. Un curso movido para el bueno de Hristo.

 

 

En Japón fueron 2 años y cuentan que fue feliz, pero no definitivo. Con la entrada al nuevo milenio Hristo volvía a Estados Unidos, esta vez no para jugar un Mundial, sino para enrolarse en las filas de los Chicago Fire, donde jugaría tres años más, siendo un jugador importante para el club y marcando varios goles de bella factura. Para poner fin a su carrera deportiva como profesional, Stoichkov con 37 años fichó en 2003 por el DC United, dejando para el club de Washington 5 goles en su haber y los últimos destellos de su enorme clase.

 

 

Hristo Stoichkov, siempre será recordado como lo que fue, el mejor jugador de la historia de Bulgaria. El número 8 quedará para siempre asociado a su figura. Su velocidad, sus goles, su entrega y su garra, permanecerán para siempre en las entrañas del Camp Nou. Su carisma, en el corazón de los aficionados de todo el mundo.

 


Oscar Flores Lopez
@Oscar_Fleurs