Aquel horrible mes de mayo para el Bayer Leverkusen

 

Si hay algo que pocos aficionados del Bayern Leverkusen no olvidarán, por no decir ninguno, es el mes de mayo del año 2002. El conjunto germano tuvo la mala fortuna de ver como todos y cada uno de los tres títulos a los que optaban se les esfumaban en cuestión de días.

La temporada 2001/02 del conocido como “Equipo de los Trabajadores” fue una sorpresa. Venían de generar muchas dudas en la campaña anterior, habiendo quedado en la cuarta plaza, la última que da acceso a la máxima competición entre clubes a nivel europeo, la Champions League. No obstante para poder acceder a ella debían superar una fase previa que no se antojaba para nada sencilla.

El encargado de dirigir aquel barco no era otro que Klaus Toppmöller, un técnico que llegaba a la entidad tras haber pasados dos años en blanco. Su última actuación no había sido la soñada y es que fue quién dirigió al Bochum que descendió de la primera categoría del panorama nacional. Desde el primer día tuvo sus defensores así como sus detractores, pero lo que estos últimos no sabían era que, a su medio siglo de edad, pasaría a formar parte de la historia más reciente del club.

 

 

Toda la temporada se desarrolló como si de un cuento de hadas se tratase, el equipo avanzaba firme por las tres competiciones que disputaba. En Europa se deshicieron en la fase previa del Estrella Roja de Belgrado para luego compartir grupo con el F.C. Barcelona, el Olympique de Lyon francés y el Fenerbahçe turco. Meses después fueron Juventus y Deportivo de la Coruña quienes les sufrieron, por no hablar de los equipos ingleses, cuando las tres grandes plantillas del país; Arsenal, Liverpool y Manchester United, acabaron sucumbiendo a la insistencia alemana, que hacía de su estadio un auténtico fortín.

Al mismo tiempo el equipo seguía con paso firme en la competición doméstica, llegando a falta de cuatro jornadas con una jugosa ventaja respecto al Borussia Dortmund, entonces segundo clasificado. En Copa nada cambiaba, pasaban las rondas y el equipo no daba muestra alguna de debilidad, casi sin darse cuenta se habían colado en la final donde el F.C. Schalke 04 les esperaba.

Pero todo esto acabó truncándose, el Bayern Leverkusen llegó al mes de mayo en el peor estado de forma posible. El desgaste físico que estaba causando la Champions League se hizo notar en el rendimiento de los jugadores, quienes perdieron esa chispa más que necesaria para dar lo mejor de sí en cada competición. El club, con la liga prácticamente en el bolsillo, decidió priorizar la ilusionante aventura europea por encima de todo, desconociendo lo que esto acabaría suponiendo. Los de Toppmöller fueron incapaces de ganar partido alguno en las tres últimas jornadas ligueras, perdiendo el amplio colchón de puntos que tenían sobre el Borussia Dortmund y cediendo por ello el liderato a falta de dos únicos encuentros. La liga se había puesto cuesta arriba pero aún quedaba una mínima esperanza de hacerse con ella. Y entonces llegó el mes de mayo.

El conjunto germano tendría tres auténticas finales y optaba a entrar en la historia del fútbol tanto en el plano nacional, donde se convertiría en el primer club alemán en conseguir el triplete, como internacional, engordando la corta lista de equipos que en aquel momento habían logrado aquella casi imposible gesta.

 

 

La primera de aquellas batallas a vida o muerte fue en la competición doméstica, donde debían ganar al Hertha de Berlín y esperar la derrota del Borussia Dortmund ante el Werden Bremen. El guion transcurría tal y como todo aficionado del club deseaba, los suyos capitaneados por Ballack vencían cómodamente a la par que el Werden Bremen daba la sorpresa en el Signal Iduna Park. Pero todo volvió a truncarse, el gigante checo Koller ponía las tablas en el marcador para que Ewethon acabase de completar la remontada a falta de un cuarto de hora de juego. El sueño del triplete se les esfumaba pero aún conservaban todas las opciones de lograr un más que meritorio doblete.

Y así se llegó a la final copera, disputada una semana después ante el F.C. Schalke 04 en un Estadio Olímpico de Berlín hasta la bandera. El guion volvió a ser el mismo, como si de un drama se tratase. Un joven delantero búlgaro que respondía al nombre de Dimitar Berbatov adelantaba a los de Klaus Toppmöller, llegando con tablas al descanso. Pero la segunda parte sería estrepitosa, en poco más de diez minutos perdían por dos goles de ventaja y, con mucho esfuerzo de por medio, tan solo pudieron maquillar el marcador en los instantes finales poco antes de recibir el cuarto tanto rival. Otra final más que se les escapaba. Aun así no había tiempo de lamentaciones, la posible consecución de la Champions estaba en el horizonte y el equipo podría cerrar la temporada dejando un dulce sabor de boca a sus aficionados.

 

 

El 15 de mayo era el día marcado en rojo para todos los miembros de aquella plantilla, se verían las caras en Glasgow ante el Real Madrid para conseguir aupar a los cielos escoceses aquel preciado trofeo. Era un escenario que hasta el más optimista de todos ellos, habría firmado cuando en el ya lejano mes de julio comenzó la temporada. Hasta entonces todo habían sido decepciones, aquel era el día idóneo para cerrar la campaña y así lo afrontaron.

El partido, como era de esperar, fue una auténtica batalla. Los blancos, por medio del tanto de un siempre oportuno Raúl golpearon primero. Roberto Carlos a partir de un saque de banda asistió al delantero merengue que de manera sutil abría la lata. Lejos de bajar los brazos el conjunto germano siguió en la búsqueda del empate hasta que el brasileño Lucio, aprovechando una mala salida de César, anotó con un remate de cabeza. Pero de poco o nada serviría cuando Zinedine Zidane, antes del final de la primera mitad, se encargaba de batir la meta germana con un auténtico golazo, sin duda el más recordado de su carrera.

 

 

Mediada la segunda parte César se lesionaba, saliendo en su lugar un joven e inédito Iker Casillas. La suerte parecía sonreír a los alemanes pero nada más lejos de la realidad, puesto que Iker iba a escribir la primera gran página de su magnífica trayectoria. El marcador no se movió y los de Toppmöller cerraban, de manera un tanto trágica, el círculo que once días antes habían comenzado. La temporada, a pesar de haber sido grandiosa, se cerraba tal y como muchos la habían imaginado, sin la consecución de ningún título.

El fútbol en ocasiones es cruel, muestra de ello fue aquel negro mes de mayo de 2002 en el seno de “El equipo de los trabajadores”.

 


Borja Rodríguez González