domingo, diciembre 4, 2022

Historia del fútbol en los Juegos Olímpicos hasta 1984

 

El fútbol, el deporte rey, tiene una curiosa historia dentro de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Salvo en la edición de 1932, disputada en Los Angeles, ha estado presente en todas las ediciones de esta competición. Sin embargo, en las primeras ediciones el fútbol no tenía la oficialidad olímpica hasta que, pocos meses antes de los Juegos de Moscú, la FIFA, de acuerdo con el COI, les reconoció su validez.

En los primeros Juegos, celebrados en Atenas en 1896, tres equipos de fútbol, en representación oficiosa de sus países, celebraron unos encuentros de exhibición. Dos equipos griegos, Esmirna y Salónica, y uno de Dinamarca abrieron el fuego de las participaciones. Los daneses se impusieron en la final al equipo de Esmirna por un contundente 15-0, un resultado escandaloso, pero que dejaba claro cuál era la diferencia entre el fútbol nórdico y el helénico. A los Juegos de París en 1900 acudieron tres equipos. Uno belga, el Upton Park de Londres y un equipo en representación de la USFSA (Union des Sociétés Françaises des Sports Athlètiques). El equipo inglés ostentaba la representación del gobierno de la Gran Bretaña y en la final derrotó al equipo francés por un contundente 4-0. Cuatro años después, en la ciudad norteamericana de San Luis, otros tres equipos participaron fuera de concurso en el torneo de fútbol. Dos equipos americanos, el St. Rose Club y el Chistian Brothers College, se enfrentaron al Galt Club de Canadá, En la final, celebrada entre el St. Rose y el Galt, los canadienses repitieron el resultado de la anterior final, 4-0.

En los Juegos de Londres, en 1908, el fútbol adquiere una relevancia importante. En Gran Bretaña, cuna de la actual reglamentación del fútbol, se inscriben por primera vez 7 equipos representativos de otros tantos países. Gran Bretaña, Dinamarca, Holanda, Suecia, Francia, Bohemia (hoy parte de Checoslovaquia) y Hungría son los pioneros. Días antes de comenzar los Juegos, Bohemia y Hungría se retiran por desavenencias políticas y Francia improvisa un segundo equipo para completar el cartel. El equipo anfitrión se impuso en la final a Dinamarca por 2-0 y Holanda se adjudicó la tercera plaza al derrotar estrepitosamente a Finlandia por 9-0. Era el primer torneo con cierta entidad que se celebraba en los Juegos Olímpicos.

 

La selección inglesa campeona de las olimpiadas de Londres de 1908.

 

Deporte Olímpico

Para la siguiente cita olímpica a celebrar en Estocolmo, los rectores del fútbol presionaron para que se le incluyera como disciplina olímpica. Los organizadores se destacaban por considerarlo como un deporte de exhibición, pero finalmente lo aceptaron con la condición de que tan solo se inscribiera un equipo por país. Gran Bretaña fue la gran perjudicada pues intentaba incluir por separado a Inglaterra, Irlanda, Escocia y País de Gales. Participaron once países entre los que destacaban las primeras apariciones de Alemania y Rusia. La primera final olímpica la disputaron los mismos protagonistas de los Juegos celebrados en Gran Bretaña. De nuevo Inglaterra se impuso a Dinamarca, aunque esta vez la diferencia fue menor (4-2). Tras el paréntesis obligado por la I Guerra Mundial, en 1920 se reanudaron los Juegos Olímpicos y saltó el primer escándalo en el torneo de fútbol. En los Juegos de Amberes, la inscripción fue superior a la prevista y por primera vez, un equipo de África participó en el torneo.

Catorce equipos europeos y Egipto disputaron el llamado Concurso Mundial. Los Juegos de 1920 significaron la primera participación española y el mejor resultado alcanzado hasta la fe-cha: una medalla de plata. El torneo en sí se desarrolló de una manera normal, hasta la final a la que llegaron el equipo anfitrión, Bélgica, y Checoslovaquia. Tras un incidente entre el colegiado y los jugadores checos, estos optaron por retirarse y fueron descalificados. Bélgica obtenía así la medalla de oro. Para adjudicar las otras dos medallas, se montó un encuentro entre España y Holanda en el que los Zamora, Artola, Sesúmaga y Samitier dieron buena cuenta de los «tulipanes» a los que derrotaron por 3-1.

 

La selección belga de los Juegos Olímpicos de 1920 en Amberes.

 

El doblete celeste

De nuevo en París, en 1924, los Juegos conocieron un fuerte incremento en la participación de naciones. Esta vez fueron 22 naciones las inscritas, aunque a última hora se retiró Portugal, tres países no europeos tomaron parte: Estados Unidos, Egipto y Uruguay. Fue precisamente el equipo celeste el gran animador del torneo y como se pudo comprobar, alcanzó la final de una forma merecida. Suiza fue el rival de los uruguayos y se inclinó por 3-0. Los nombres de Nasazzi, Andrade o Scarone comenzaron a contar en el concierto del fútbol mundial. En 1928, en Ámsterdam, los jugadores celestes repitieron el título alcanzado en París. En los Juegos holandeses, el número de participantes descendió a diecisiete, de los cuales cinco venían de América: Uruguay, Argentina, Chile, México y Estados Unidos. Se admitió de nuevo a Alemania, pero los conjuntos británicos no acudieron al mantener su enfrentamiento con la FIFA. Desde el principio quedó claro que las dos mejores selecciones eran Uruguay y Argentina y lógicamente se enfrentaron en la gran final. El equilibrio fue tan grande que fue necesario un segundo partido para dilucidar el vencedor, ya que en el primero se registró empate a uno. En el segundo, los «celestes» repitieron su triunfo de cuatro años atrás en París y se proclama ron por segunda vez campeones olímpicos al vencer por 2-1. Nasazzi, Andrade, Cea y otros seguían en candelero y por parte argentina, comenzaban a despuntar hombres como Orsi, Ferreira o Monti. El fútbol sudamericano alcanzaba así su mayoría de edad.

 

La selección de Urugay en las Olimpiadas de 1928 celebradas en Ámsterdam

 

El declive del fútbol olímpico

La creación en 1930 de la Copa Jules Rimet, campeonato mundial abierto a los profesionales, significó el primer paso atrás para el torneo de fútbol de los Juegos Olímpicos. En ellos, solamente se permitía la presencia de jugadores aficionados. La primera consecuencia de esta medida fue que en los Juegos de 1932 en Los Angeles no se celebrara el torneo de fútbol ante la falta de interés mostrada por las selecciones europeas. Los Juegos de 1936 tuvieron un marcado acento político y así se produjeron ausencias de países importantes como Francia. El escándalo saltó en el partido Perú-Austria, que finalizó con el triunfo andino por 4-2. Pese al apabullante resultado, el comité descalificó a Perú porque unos aficionados saltaron a celebrar el triunfo. En la final, los austríacos cayeron ante Italia por 2-1. Poco después estallaba la II Guerra Mundial y los Juegos sufrían un nuevo parón.

 

La Italia campeona de las Olimpiadas de 1936.

 

El gran escaparate

El profesionalismo estaba plenamente implantado en la mayoría de países. Los Juegos se convirtieron en un magnífico escaparate para los jóvenes valores, que finalmente recalaban en los equipos europeos más importantes. En los Juegos de 1948, en Londres, los grandes triunfadores fueron los jugadores suecos. En la final derrotaron a Yugoslavia por 3-1 y los técnicos de media Europa anotaron los nombres de aquellos muchachos rubios y atléticos. Hombres como Carlsson, Gren, los Nordhal o Liedholm pasaron a jugar a Italia. Cuatro años después, les correspondió el turno a los jugadores húngaros.

Tres nombres están en la memoria de los aficionados españoles: Sandor Kocsis, Ferenc Puskas y Zoltan Czibor fueron campeones olímpicos en Helsinki, en 1952. Otra nota remarcable de estos Juegos fue la presencia por vez primera de la URSS y que Yugoslavia llegó a su segunda final consecutiva, siendo derrotada por Hungría (2-0). En Melbourne, en 1956, la mayoría de los equipos de Europa Occidental se pegaron a acudir por el profesionalismo encubierto de los equipos del Este, que disimulaban a sus figuras con cargos oficiales negando de esta manera su dedicación exclusiva al fútbol. En un torneo plagado de ausencias, la URSS se impuso a Yugoslavia, tercera final consecutiva que acababa en derrota, por 1-0. Los nombres de Yashin, Netto o Simonian daban la razón a quienes abogaban por el boicot al profesionalismo encubierto. Las protestas surtieron efecto y en los Juegos de Roma en 1960 se instauró una norma por la cual los jugadores que hubieran participado en los Campeonatos del Mundo no podían participar en ellos.

De esta manera, la URSS fue eliminada en la fase previa. Yugoslavia llegó de nuevo a la final, pero esta vez conquistó la medalla de oro al imponerse a Dinamarca por 3-1. La norma permitió que países como Egipto o Japón despuntaran en los siguientes Juegos, que se adjudicó Hungría frente a Checoslovaquia (2-1) en Tokio y Bulgaria (4-1) en México. En 1972 se suspendió la normativa y de nuevo los países del Este coparon el podio olímpico. Polonia, con jugadores de la talla de Gadocha, Deyna o Gordon se impuso en la final a Hungría (2-1), mientras que la URSS y la RDA se adjudicaban el bronce «ex-aequo» tras empatar (2-2).

 

Polonia campeona de las Olimpiadas de 1972, celebradas en Múnich.

 

Los boicots

En 1976, fueron los países africanos los que protagonizaron la retirada masiva y tres de los equipos clasificados, Zambia, Nigeria y Ghana, dejaron cojo el torneo de fútbol. La victoria sonrió a la RDA que derrotó a Polonia por 3-1. En 1980, en Moscú, el boicot partió, de los países occidentales y las bajas de selecciones que habían logrado su pase a los Juegos se cubrieron con equipos de segunda y tercera fila, lo que deslució el torneo. Lógicamente, los equipos del Este acentuaron su dominio y Checoslovaquia se llevó el gato al agua al vencer en la final a la RDA por 1-0.

Los Angeles fue la devolución de la moneda por parte de los países del Este al boicot provocado por Estados Unidos a los Juegos de Moscú. Francia, que había ganado el Europeo de selecciones pocos meses antes, derrotó en la final a Brasil por 2-0, rompiendo la hegemonía que los países del Este habían mostrado desde 1952. Un triunfo merecido en un torneo que, en un país con tan poca tradición como Estados Unidos, rompió todos los récords de expectación. El fútbol desde aquel entonces sigue rompiendo barreras.

 

La Francia campeona de las Olimpiadas de 1984 celebradas en Los Ángeles.

 


Paola Murrandi