Guardiola i Baggio Brescia

Guardiola y Baggio, la historia de dos leyendas compartiendo vestuario

El trofeo Bravo, el primer punto de encuentro imaginario

La temporada 1990-91 la Juventus de Turín visitaba el Camp Nou en el partido de ida de la semifinal de la Recopa de Europa. La estrella de los italianos era un joven talento fichado de la siempre odiada Fiorentina donde estuvo cinco temporadas que serían todo un ejemplo de superación personal por culpa de una grave lesión que lo tuvo dos años fuera de los terrenos de juego. Pero gracias a una espectacular recuperación tanto física como mental conseguiría recibir el trofeo Bravo como mejor jugador joven europeo en 1990, lo que le catapultó a la selección, donde brillaría en el Mundial disputado aquel verano en la misma Italia. Con el 10 a la espalda de la “Vechia Signora” Roberto Baggio dejaba claro ese año que iba camino de ser un mito y para la mayoría el mejor jugador italiano de todos los tiempos.

Unos meses antes de aquella semifinal de Recopa, Josep Guardiola debutaba con el primer equipo del F.C. Barcelona en un partido contra el Cádiz en el Camp Nou, y la siguiente temporada se convertiría con solamente veinte años una pieza imprescindible de lo que sería el “Dream Team”. Fue un año inolvidable en el que ganaría la Liga, la Copa de Europa, el Oro en los JJOO y el trofeo Bravo en 1992 a mejor jugador joven europeo. Ni Roberto Baggio ni Josep Guardiola ganarían aquella Recopa del 91, pero por primera vez y aunque fuera desde cierta distancia, se encontraban dos talentos descomunales de cerca.

El adiós de Guardiola del Camp Nou, el primer paso

El 24 de junio de 2001 Josep Guardiola Sala disputaba su último partido con la camiseta del F.C. Barcelona. Fue un adiós extraño, justo el día en que el Celta eliminaba los culés de la Copa, pero con sus compañeros haciéndolo salir del césped con la grandeza de un mito que no quiso ningún homenaje. Los últimos meses en el Camp Nou fueron duros, con el equipo clasificándose para la fase previa de la Champions League en el último instante gracias a una chilena de Rivaldo, y con rumores constantes de desavenencias con la directiva presidida por Joan Gaspart. Llegaba la hora del adiós dejando atrás 6 Ligas, 2 Copas del Rey, 4 Supercopas de España, 1 Copa de Europa, 1 Recopa, 2 Supercopas de Europa y 11 goles.

 

 

Pero por encima de todo Guardiola fue un jugador especial, gracias a ser la continuación de Johan Cruyff sobre el césped, no es de extrañar pues que con los años se haya convertido en un entrenador tan importante y sin renunciar nunca a su cruyffismo. Como jugador era un centrocampista más inteligente que el resto y con una clarividencia que muy pocos han tenido, el Guardiola futbolista es posiblemente el mejor jugador de los 90 en su posición.

Brescia, tierra de encuentro de Dioses

Desde el momento en que Guardiola anunció la decisión de abandonar Barcelona los rumores sobre un posible destino en Italia fueron constantes. Inter, Roma y sobre todo la Juventus parecía que podrían ser su destino. Cuando pocos días antes de cerrarse el mercado saltó la noticia de su fichaje por modestísimo Brescia eran muchos los que no se lo acababan de tragar. Todo el mundo lo hacía en un gran club europeo, tal vez el hecho de que un mito como Roberto Baggio aterrizara el año antes en el pequeño equipo de Lombardía había ayudado al jugador catalán a tomar la decisión final. “Il Divino Codina” había terminado mal su etapa en el Inter de Milán donde era un referente para una plantilla de superestrellas que no acababa de funcionar debido a la mal ambiente. Precisamente las malas relaciones con el entrenador Marcello Lippi habían degradado la situación hasta hacerla insostenible y finalmente Baggio decidió abandonar Milán. El mítico jugador interista Sandro Mazzola diría “si alguien discute un jugador como Baggio, quiere decir que algo no funciona”.

 

 

Brescia parecía el mejor lugar para que dos jugadores de tan alta categoría encontraran su renacimiento. Aparte de los dos cracks, jugadores como Danielle Bonera, Luca Toni, Alejandro Correa o Simone Del Nero debían apuntalar un equipo entrenado por Carlo Mazzone y que hacía ilusionar a la ciudad. La temporada empezó bastante bien por los de Lombardía y parecía que los dos jugadores no solamente admiraban mutuamente, también entendían sobre el césped. Eran dos jugadores muy inteligentes con grandes dotes de liderazgo dentro y fuera del campo. La visión de juego y el toque rápido y preciso del catalán con la capacidad de desbordamiento del italiano podían ser un arma temible si ambos encontraban la inspiración. Pero las desgracias vienen cuando menos te lo esperas y el Calcio aquella temporada solamente disfrutaría once partidos del dúo mágico. Guardiola dio positivo por Nandrolona tras un partido en Piacenza, un positivo ratificado tras un partido contra la Lazio. Años más tarde y después de una lucha judicial incansable el jugador demostró ser inocente, pero su etapa en el Calcio ya estaba marcada.

Una segunda y última oportunidad para el binomio Guardiola-Baggio a Brescia

La siguiente temporada y cuando parecía que Guardiola no se recuperaría del golpe, la Roma de Fabio Capello, un entrenador alejado de fútbol total, lo fichó.

 

 

El equipo de la capital aspiraba a todo, pero la experiencia romana no funcionó y el mercado de invierno Guardiola volvía cedido al Brescia por ser un jugador decisivo en el tramo final de la temporada, disputaría trece partidos junto a Baggio por dejar el equipo noveno en la clasificación, justo por debajo de la Roma y clasificando al equipo para la Copa Intertoto. Durante el tiempo que jugaron juntos hicieron más competitivo que nunca el Brescia y sobre todo forjaron una admiración mutua que aún se profesan. Guardiola marcharía a jugar en Doha y Baggio todavía jugaría una temporada más a Brescia donde se retiraría. Por ahora “Il Divino” y el chico de Sant Pedor son dos leyendas del fútbol.

 

 


Marc Trilla