Gianluigi Lentini, la enésima maldición del Torino

 

Gianluigi Lentini fue un producto refinado en el “vivaio” del Torino, una de las canteras más prolíficas de Italia, un extremo diestro de exquisita técnica que a sus 17 años, y con su debut en el primer equipo, recordaba con sus gambetas al añorado Gigi Meroni.

En sus pies, los “granatas” veían el posible renacimiento de la antigua gloria del club. Aquel joven estaba destinado al estrellato y a marcar una nueva era en el Calcio, pero la vida le tenía reservado un futuro mucho más oscuro. Un capítulo más de la interminable historia llena de tragedias de las grandes estrellas que han brillado alguna vez en el firmamento del Torino Football Club. Un club que sobrevive con el paso del tiempo a una constante maldición.

 

 

La última gran perla del Torino Football Club

Nacido en Carmagnola un 27 de marzo de 1969, y de padres sicilianos, Gianluigi se formó en el Barcanova, donde permaneció de 1980 a 1983. Posteriormente, se presentaría con éxito a una prueba para acceder a la cantera del Torino. Desde aquel entonces fue pasando por todas las secciones hasta llegar al Primavera, dirigido por Sergio Vatta. Gigi destacaba por sus inusuales habilidades técnico-atléticas y su gran talento regateando rivales, y el entrenador del Granata, Radice, le hizo debutar en el primer equipo, en la Serie A, con tan solo 17 años, el 23 de noviembre de 1986 (Brescia-Torino 2-0).

En sus dos primeras temporadas como profesional, Lentini acumuló 32 partidos entre el campeonato de Serie A y la Coppa Italia hasta que, en el verano de 1988, el club decidió cederlo al Ancona, de la Serie B, para que adquiriera la experiencia necesaria. En la región de las Marcas jugó un excelente campeonato, concretando 37 partidos y marcando 4 goles, y demostró capacidad de liderazgo, así como un evidente crecimiento en términos físicos.

 

 

A los 20 años regresó al Toro, que mientras tanto había sido adquirido por Gian Mauro Borsano tras el descenso a la Serie B; en su vuelta Lentini ofreció una contribución decisiva para ganar el campeonato de Serie B y regresar a la máxima categoría. Al año siguiente, el jugador impresionó a todos con su primera temporada como titular en la Serie A (34 partidos y 5 goles), ganándose también el poder vestir la camiseta de la selección nacional dirigida por Azeglio Vicini.

Con Emiliano Mondonico en el banquillo y Lentini en el campo, el Torino consiguió un sorprendente quinto puesto en la temporada 1990-91, además de ganar la Copa Mitropa; le siguió un tercer puesto en la temporada 1991-92, este coronado por la final de la Copa de la UEFA perdida ante el Ajax solamente por la regla de los goles fuera de casa (2-2 en Turín 0-0 en Amsterdam).

 

 

Sin embargo, al final del campeonato de 1991-92, la situación financiera del Granata era extremadamente grave. La falta de victorias europeas, el escándalo de Tangentopoli, que también afectó a Borsano, y las costosas campañas de compra de los dos años anteriores, realizadas sin la adecuada cobertura financiera, exigieron algunas ventas de jugadores ilustres, entre ellas la de Lentini, que entretanto se había convertido en un símbolo de la afición granata.

La segunda etapa en el Torino FC se saldó con un total de 89 encuentros y 16 goles.

 

 

El fichaje prohibido

El verano de 1992, mientras Alan Shearer se convertía en el jugador más caro en ser traspasado entre clubes ingleses, por 3,6 millones de libras, el AC Milan y la Juventus se disputaban el fichaje de un jugador cuyo traspaso les costaría casi cuatro veces esa cantidad, 18.500 millones de liras. Se iba a batir un nuevo récord mundial, pero no solo eso, sino que se trataba de una demostración de fuerza muy definida entre los nuevos y los viejos machos alfa de la Serie A.

El AC Milan y el Juventus ya habían intercambiado golpes en materia de fichajes aquel verano. Mientras que los rossoneri se convirtieron en el primer club en superar la barrera de los 10 millones de libras con la compra de Jean-Pierre Papin al Marsella, los bianconeri respondieron de la misma manera cuando superaron esa cifra al desembolsar 12 millones de libras por Gianluca Vialli, de la Sampdoria.

 

 

El récord mundial de traspasos ya se había batido dos veces y los mismos dos clubes se disputaban el derecho a batirlo de nuevo. Esta vez, el objetivo era Gianluigi Lentini, del Torino. Mientras que los fichajes de Papin y Vialli, dos de los tiradores más temidos de Europa, habían sido considerados como inversiones caras, pero sólidas, el fichaje de Lentini era en gran medida un acto de superioridad y vanidad.

 

 

Mientras que la Juventus soñaba con hacerse con la estrella del rival de su ciudad, su interés era más que una picardía destinada a hacer subir el precio al AC Milan. Desde el punto de vista del Torino, el interés de la Juventus era simultáneamente bienvenido y no bienvenido. Aunque el Torino no podía tolerar que Lentini vistiera las rayas blancas y negras, el hecho de que la Juventus estuviera interesada en él hizo que su valor de mercado se disparara.

La prensa deportiva italiana se escandalizó al igual que el propio Vaticano ante las cifras de su fichaje. En la Santa Sede lo consideraron “una ofensa a la dignidad del trabajo”.

 

 

Lentini era muy admirado en Italia, pero no era muy conocido fuera. El hecho de que la Azzurra no llegara a la fase final de la Eurocopa 92 contribuyó en gran medida a que así fuera. A Lentini se le negó la oportunidad de mostrar su talento al mundo, como se le había dado a Roberto Baggio dos años antes, cuando se encontraba en una situación similar.

Al AC Milan no le importaron estas cuestiones y siguió adelante con su oferta. Lentini dejaría Turín por el Milan. El equipo invicto de Fabio Capello recibía un nuevo talento. Los iracundos hinchas del Torino convertían al presidente del club, Gian Mauro Borsano, en prisionero de su propia casa. Las violentas protestas y refriegas incluso afectaron al jugador, que fue obligado a abandonar la oficina de la ANSA en la que estaba siendo entrevistado, bajo una lluvia de monedas lanzadas por los aficionados.

 

 

La llegada al AC Milan de Fabio Capello por la puerta grande

Firmada la adquisición récord, y habiendo sobrevivido a las posteriores investigaciones judiciales conocidas como el Processo Lentini por el presunto pago de otros 10.000 millones de liras fuera del balance, el presidente Silvio Berlusconi puso al jugador a disposición del entrenador Fabio Capello. Con la camiseta rossonera Lentini obtuvo un salario neto anual de 4.000 millones de liras y en su primera temporada jugó 30 partidos y marcó 7 goles (entre ellos un precioso remate de espaldas en el campo del Pescara y un doblete contra la Sampdoria).

Con 30 partidos y 7 goles (entre ellos un precioso remate de espaldas a portería en el campo del Pescara y un doblete contra la Sampdoria), a pesar de no brillar y de ser criticado por su mundana vida extrafutbolística, se impuso entre los titulares de la alineación milanesa y fue utilizado desde el primer minuto, también en la final de la Liga de Campeones en Múnich, perdida contra el Olympique de Marsella. Al final de la temporada ganó su primer Scudetto.

 

 

El accidente que lo cambió todo

La noche del 2 de agosto de 1993, cuando regresaba tras participar en el torneo organizado con motivo del centenario de Génova, sufrió un grave accidente de coche en la autopista Turín-Piacenza: el choque se produjo porque, tras sustituir un neumático pinchado con el “ruotino”, aceleró demasiado y perdió el control del coche estrellándose a casi 200 km/h.

Se salvó milagrosamente tras dos días en coma, pero al haberse golpeado fuertemente la cabeza, las consecuencias neurológicas fueron graves, tuvo dificultades iniciales para hablar con fluidez y sus reflejos se volvieron más lentos. Esto frenó definitivamente su regreso a la competición y tardó en recuperar la potencia y la velocidad en carrera.

 

 

Sin embargo, regresó a los terrenos de juego a finales de la temporada 1993-1994, acumulando solo diez partidos en total y ganando su primera Liga de Campeones como espectador (Milan-Barcelona 4-0). Al no haber alcanzado nunca un estado de forma adecuado, se quedó fuera de la lista de Arrigo Sacchi para el Mundial de 1994.

Al año siguiente, Lentini tuvo dificultades para encontrar la camiseta de titular, pero al final de la temporada volvió a jugar con regularidad y en los siete partidos de liga antes de la final de la Liga de Campeones marcó cinco goles. La decepción por haber jugado tan solo 5 minutos en la final de la Copa de Europa ante el Ajax en Viena, y haberla perdido, llevó a Lentini a declarar más tarde: “Aquella noche se acabó mi carrera”. En 1995-1996, ya no tan brillante como antes del accidente y en desacuerdo con el entrenador, solamente acumuló 9 partidos de liga.

Terminó su experiencia en el club rossonero con 63 partidos y 13 goles en la liga, habiendo ganado 3 Scudetti, 1 Liga de Campeones, 3 Supercoppe Italia y 1 Supercopa de Europa.

 

 

La caída al abismo

En 1996, con solo 27 años, Lentini volvió a asociarse con su antiguo mentor del Torino, Mondonico, esta vez en el Atalanta. Junto a Filippo Inzaghi, que estaba en pleno apogeo, Lentini comenzó de forma impresionante, e incluso fue convocado por la selección nacional, sin embargo, al final solamente ofreció destellos del jugador que solía ser. Su paso por el Atalanta no duró más que una temporada completa, pero ayudó al equipo a terminar cómodamente en la mitad de la tabla, evitando su habitual coqueteo con el descenso.

Cuando dejó el Atalanta, Lentini regresó al Torino, que seguía en la Serie B. El ascenso que estuvo a punto de conseguirse en la temporada 1997/98, al perder en los penaltis una eliminatoria de ascenso, se remedió la temporada siguiente, en la que ayudó al club a ser subcampeón por detrás del Verona y a regresar a la Serie A. Mondonico fue el entrenador que hizo resurgir a Lentini.

 

 

Sin embargo, tanto el Torino como Lentini tuvieron dificultades para volver a la Serie A, y el descenso fue una experiencia muy dura. En el verano de 2000, Lentini abandonó el Torino por última vez y se incorporó a otro equipo de la Serie B, el Cosenza, lo que le permitió volver una vez más al Stadio delle Alpi como jugador visitante.

Lentini, considerado por muchos como un futbolista insatisfecho, demostró ser un hombre que luchó contra la idea de dejar el fútbol, y siguió jugando en una serie de clubes de la liga inferior, incluido el ASDC Canelli, junto a otro ex internacional italiano, Diego Fuser. Fue uno de los periodos más agradables de su carrera. Jugó sus últimos partidos en el Carmagnola, el club de su ciudad, y se retiró a los 43 años, dos décadas después de haberse convertido en el futbolista más caro del mundo. Sigue participando en partidos benéficos y de exhibición con regularidad y sin interés en una carrera de entrenador; es su hijo Nicolás quien sigue llevando el nombre de Lentini a nivel profesional, como portero y no como extremo, como su padre.

 

 

Durante cuatro temporadas, Gianluigi Lentini atormentó semanalmente a las defensas rivales. Convertido en el futbolista más caro del mundo, todo le llegó un año antes de tiempo. Fue un fichaje que cambió el fútbol más de lo que se le atribuye. Era un futbolista brillante, pero ni de lejos era el mejor jugador del mundo. Sin embargo, un accidente de coche a alta velocidad le arrebató la oportunidad de demostrar que podía convertirse en ese jugador. Ese accidente de coche y ese precio de traspaso blindarán para siempre al jugador que fue y al que podría haber llegado a ser.