miércoles, noviembre 30, 2022

Fotbal Club Sheriff Tiraspol, la historia de una excepción

 

El Fotbal Club Sheriff Tiraspol es el actual dominador de la Divizia Naţională de Moldavia, una competición que ha ganado 19 veces en 21 años. Su estadio y oficinas se ubican en la capital de un estado escindido, Transnistria, que a pesar de no ser reconocido por la ONU tiene moneda propia, bandera, ejército y gobierno, e incluso aduana y oficina de migraciones.

El Fotbal Club Sheriff Tiraspol, desde su fundación en 1997, no solamente ha dominado la liga moldava, sino que ha conseguido 10 copas de Moldavia, siete Supercopas locales y 2 Copas de la CIS (que se disputan entre equipos de las exrepúblicas soviéticas).

Esta temporada 2021-2022 por primera vez se ha clasificado para una fase de grupos de la UEFA Champions League, tras dejar atrás a rivales de renombre europeo como el Dinamo Zagreb de Croacia o el campeón europeo de la 1990-1991, el Estrella Roja de Belgrado. Ahora, buscará dar un batacazo en el Giuseppe Meazza después de hacerlo en el Santiago Bernabéu. El primer aviso son las dos victorias en sus dos primeros encuentros en la competición.

 

 

¿Qué es Transnistria?

Transnistria fue territorio tártaro hasta que fue conquistada por el Imperio Ruso en 1792. Allí los rusos construyeron su asentamiento, creando lo que hoy en día es Tiraspol. Se mantuvo firme hasta que en 1941 sucumbió a la invasión nazi, que exterminó a gran parte de su población (de orígenes judíos), pasando a formar parte de Rumanía. En 1944 fue liberada por la URSS, pasando a ser parte de la República Soviética de Moldavia. Con la perestroika y la independencia moldava en 1989, emergió una oposición a esta en el territorio al este del Dniéster, mayoritariamente de habla rusa. Surgió un movimiento secesionista, que desembocó en la guerra civil de Transnistria de 1992, en la que perecieron unas diez mil personas (entre moldavos, transmistrios y cosacos del Don, de Kubán, de Orenburg y de Siberia, provenientes de la federación rusa). Transnistria se declaró entonces independiente, pero nadie la reconoció. Tras el alto al fuego, el ejército ruso se asentó en la zona, una garantía de seguridad para Tiraspol, una amenaza para Moldavia. En el 2006, se celebró un segundo referendo, ganando la opción independentista por un 97,2% de los votos.

En la actualidad, no ha cambiado demasiado la situación. Tras la anexión de Crimea en el 2014, el presidente del parlamento de Transnistria pidió unirse también a la Federación Rusa, pero no lo logró. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) está tratando de facilitar un acuerdo negociado al conflicto, pero, de momento, sin suerte. La organización no gubernamental estadounidense Freedom House califica a Transnistria como un territorio «no libre».

 

 

El origen de una singularidad en la élite europea

Actualmente el Fotbal Club Sheriff Tiraspol, junto a otros equipos de la región, aprovechan para competir dentro de los marcos de la UEFA que les ofrece la Federación de Fútbol de Moldavia. Fundado el 4 de abriil de 1997, el club tuvo un ascenso meteórico en el fútbol moldavo sobre las bases del Tiras Tiraspol en la segunda división de Moldavia. La compra del club por parte de Transnistria Sheriff, una empresa de seguridad iniciada por dos exagentes de la KGB (Viktor Gushan e Ilya Kazmaly), supuso un antes y un después en sus aspiraciones, en todos los aspectos. Esta empresa, hoy transformada en holding local, controla desde la distribución del gas ruso en la región y las telecomunicaciones hasta un canal de televisión y la licencia exclusiva de Mercedes-Benz en la región.

 

Transeuntes caminan junto al Casino Sheriff en Tiraspol, Moldavia.

A pesar de las acusaciones de corrupción vertidas sobre Transnistria Sheriff en el ámbito de los negocios, ha conseguido colar su club de fútbol en la élite europea. Financiado por la empresa, el equipo cuenta con instalaciones más parecidas a las de Inglaterra que a las de Europa del Este. El estadio del Sheriff es la flor y nata de Transnistria, y se encuentra junto a los cuidados campos de entrenamiento ¡y a un hotel de cinco estrellas! Tal es la calidad del estadio que la selección nacional de Moldavia lo utiliza ocasionalmente para disputar partidos internacionales.

 

 

Primero el negocio, segundo el sentir nacional

El actual Fotbal Club Sheriff Tiraspol prefiere reclutar a jugadores de fuera de Moldavia, y vive casi al margen de la cantera nacional. Y es que ha realizado estos últimos años una fuerte inversión en infraestructura y detección de talentos jóvenes en Latinoamérica y las zonas cercanas a Transnistria para luego tener capacidad de reventa. Su carta más fuerte es el colombiano Frank Castañeda. Capitán y goleador del equipo, marcó 33 goles en la pasada temporada y se metió en el top 50 de los delanteros más goleadores que confecciona cada año la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS). En el plantel conviven nacionalidades de las más diversas: colombianos, peruanos, brasileños, eslovenos, griegos y hasta representantes de Emiratos Árabes Unidos, Malaui y Luxemburgo.

El fútbol mantiene el diálogo entre Moldavia y Transnistria, pero también sirve para recordar sus diferencias. En el estadio del Sheriff, los cánticos de “¡Rusia! Rusia!”, resuenan con voracidad durante los encuentros con los clubes de Chisinau, mientras los jugadores moldavos son insultados con saña. Aunque el fútbol ha dado a Transnistria un reconocimiento más allá del mundo del mercado negro, también ha perpetuado la triste realidad del territorio escindido. Existe un potencial evidente, un aire de grandeza palpable en el club, alejado de la condición generalmente deplorable del fútbol moldavo. Sin embargo, existe para endiosar y reprimir, no para inspirar.

Pero a pesar de una rivalidad política que incluso llevó a las armas, la federación moldava de fútbol ayuda al FC Sheriff todo lo posible, ha ampliado el cupo de extranjeros que pueden jugar para que sea más competitivo internacionalmente, y aplaza sin problema sus partidos previos a jornadas europeos. El dinero es un argumento muy poderoso, y la presencia en la Champions va a reportar por lo menos veinte millones de euros que el club y las autoridades se van a repartir como buenos amigos. O enemigos.