La final de la Copa América 2004, paso al «Emperador» Adriano

 

La final de la Copa América de 2004 tuvo como gran protagonista a Adriano y se llevó a cabo el 25 de julio de 2004 en el Estadio Nacional del Perú de la capital, Lima. Brasil y Argentina habían demostrado un gran nivel durante toda la competición, solamente perdiendo un partido cada uno en la fase de grupos. Aquel encuentro fue la segunda final sudamericana donde se dio un clásico Brasil-Argentina, ya que la primera vez tuvo lugar en 1937, y Argentina ganó 2 a 0.

Durante el partido de 2004 Argentina estuvo dos veces arriba en el marcador, incluso poco antes de terminar, pero sus errores defensivos condicionaron el encuentro, y Brasil empató al finalizar el primer tiempo y en el último minuto del partido. En los penales los brasileños fueron certeros, a diferencia de Argentina, cuyos lanzadores fallaron los dos primeros tiros. Brasil ganó por 4 a 2, obteniendo así su séptimo título sudamericano.

 

 

Uno de los grandes protagonistas de aquella gran tarde de fútbol fue el «Emperador» Adriano que marcó sobre el cierre del partido el gol que forzó la definición por penales, un momento que jamás olvidará: “Es una película. Es una canción. No sé qué es, pero no es la realidad. La pelota entró flotando en el área. Confusión. Cuerpos. Codos. ¡No podía ver una mierda! Si miras el video, de hecho levanto mi codo para golpear a alguien. Pero entonces, de repente, la pelota estaba en mis pies. Un regalo del cielo. Pensé, ¡oh! ¡Ven aquí, hermosa hija de puta! Te estaría mintiendo si dijera que sé hacia dónde apunté. La golpeé con la izquierda, tan fuerte como pude. Un beso del «Gordo» a los argentinos. Golpeó el fondo de la red y no puedo describir la sensación. Increíble.”

 

 

Ese gol solamente significó el 2-2, pero según cuenta Adriano, ya sabía que serían los ganadores del torneo. “Solamente habíamos empatado el juego, pero sabíamos lo que pasaría en los penaltis y así fue. Éramos los campeones. Y Argentina no lo fue. Ganar así a Argentina, para mi país, con mi familia mirando… probablemente fue el día más feliz de mi vida. El chico de las malditas favelas, hombre. ¿Cómo no pensar que Dios había bajado su mano del cielo para tocar mi vida? Y esa es una lección para todos. Porque no importa quién eres, puedes estar en la cima del mundo, puedes ser el Emperador”, relató.