Eric Cantona, la historia de «The King»

 

Eric Cantona, exjugador internacional francés de ascendencia sardocatalana, quizás sea la figura más compleja de analizar de entre todo el elenco de grandes estrellas del fútbol que alguna vez han iluminado el firmamento de su historia. Podríamos publicar centenares de artículos hablando sobre sus diferentes y apasionantes episodios de vida en múltiples facetas artísticas, sociales y filosóficas más allá de los terrenos de juego.

“The King” ha sido una figura irreverente y explosiva que a lo largo de su carrera deportiva ha trascendido lo social, mediático y hasta cinematográfico. Prueba de ello es que después de su retirada, ha destacado por desempeñar múltiples trabajos como actor y productor. Desde su debut en el cine en 1995 con un destacado papel en “La alegría está en el campo”, ha participado en títulos como “Elizabeth” (1998), “L’Outremangeur” (2003), “Buscando a Eric” (2009, dirigida por Ken Loach) o su última gran aparición estelar como protagonista de la serie “Recursos inhumanos” (Netflix, 2020).

Pese a sus graves problemas de conducta, que lo alejaron en todo momento de ser un futbolista modélico, ha sido la imagen publicitaria de Nike durante más de dos décadas erigiéndose en el protagonista absoluto ante la cámara de diferentes spots insuperables, incluso hasta cuándo participaba en pequeños cameos.

Silencio. A continuación os contamos la vida de un jugador de película. ¡Acción!

 


 

Familia de origen sardocatalán y víctima del fascismo

Eric Cantona nació en la ciudad de Marsella un 24 de mayo de 1966, hijo de la modista Leonor Raurich y del enfermero y pintor Albert Cantona. Sus orígenes familiares provienen de Italia y España, concretamente de Cerdeña y Cataluña. Mientras su abuelo por parte de padre había emigrado a Marsella desde la isla de Cerdeña huyendo del fascismo, sus abuelos maternos eran de Martorell, ciudad ubicada en la provincia de Barcelona. Estos eran Pere Raurich, de oficio albañil, y Paquita Farnós, payesa.

En 1938, mientras Pere luchaba contra los ejércitos del general Franco en la Guerra Civil española sufrió una grave lesión en el hígado, tuviendo que huir junto a su mujer dirección Francia para recibir tratamiento médico. Tras cruzar los Pirineos a pie, tuvieron la mala suerte de ser capturados por tropas fascistas y fueron internados en el campo de concentración de Argelers (Rosselló, Cataluña Norte) durante dos largos años. Una vez liberados se establecieron primero en Saint-Priest, una población ubicada en la región de Ródano-Alpes, y posteriormente en la ciudad de Saint-Étienne, donde nació Leonor Raurich Farnós, madre de Eric Cantona.

Los Cantona a mediados de los años 50 se mudaron a Marsella, en un principio para instalarse dentro de una cueva en las colinas del barrio marsellés de Les Caillols, que se rumorea que fue utilizada como puesto de vigilancia de la Wehrmacht hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. El pequeño Eric Cantona nació en 1966 en esta pequeña gruta llamada La Chambrette, aunque posteriormente crecería en una pequeña casa construida por el abuelo Pere. Eric fue el segundo hijo del matrimonio y tiene dos hermanos: Jean-Marie (1962), y Joël Cantona (1967), quien también fue futbolista profesional.

 

El recién nacido Eric en brazos de su orgullosa madre.

 

La ciudad de Marsella fomentó durante años una cultura del fútbol como en ningún otro lugar de Francia, y el amor de los hermanos Cantona por el juego fue alentado de todo corazón por su padre, portero amateur. Cogidos de su mano iban a ver los partidos del Olympique de Marseille. “Cuando era pequeño, lo que me hacía soñar era el Stade-Vélodrome. Y este amor nunca me dejará”, confesó Eric en una posterior entrevista.

 

Los primeros compases como futbolista en formación

Eric se inició como futbolista federado a los 6 años de edad en el modesto Sports Olympiques Caillolais de Marsella, equipo donde se formaron grandes jugadores como Roger Jouve, Jean Tigana o Christophe Galtier entre otros. Un club cantera de grandes clubes de Francia como el Olympique de Marseille o el OGC Nice. Originalmente Eric jugó de portero, como hacía su padre, pero sus instintos creativos comenzaron a alejarlo de los tres palos hasta que acabó como delantero en la mayoría de los 200 partidos que disputó, destapándose como un gran goleador.

 

 

En cumplir 14 años, edad en la que los clubes profesionales franceses pueden contratar a juveniles, Eric se comprometió con el Olympique Gymnaste Club de Nice-Côte d’Azur, para así estar cerca de su familia. Pero cuando cumplió los 15, en 1981, firmó un contrato con el Association de la Jeunesse Auxerroise, gracias a la confianza que le había prestado su nuevo técnico, el mítico Guy Roux. El Olympique de Marseille, pese a ojearlo, no sintió la suficiente atracción y seguridad como para certificar su fichaje. Su sueño de triunfar en casa debería aplazarse.

Eric dio el salto directamente al juvenil del Auxerre, pese a sus 14 años, y a sus 16 dio debutó con el filial que disputaba la liga de tercera división. Se iniciaba así una carrera meteórica en el club que incluso lo llevó a su debut internacional con la selección sub-17 de Francia en un amistoso contra Suiza. Sus increíbles registros goleadores, ímpetu y visión de juego animaron a Guy Roux a hacerle debutar con el primer equipo con 16 años en dos partidos de División 1 (actual Ligue 1) de la temporada 1983-84: el 5 de noviembre de 1983 contra el A.S. Nancy, y el 17 de diciembre frente al Racing Club de Lens, formando pareja de ataque con el polaco Andrzej Szarmach.

 

 

No obstante, Roux lo mandó al segundo equipo otra vez para que se acabara de formar físicamente. Allí conseguiría 20 goles importantes en la consecución del título amateur de Tercera, que obligarían a Guy Roux a volver a confiar en él ante la amenaza de perderlo. Y así fue, Roux le dio paso al primer equipo en una segunda etapa que tuvo lugar durante la 1984-1985, su primer gol llegó el 14 de mayo de 1985 frente al Football Club de Rouen en el estadio Robert-Diochon, y dos semanas después hizo un segundo contra el Racing Club de Strasbourg Alsace, el tanto que clasificó al Auxerre para la Copa de la UEFA. Además, ayudó al juvenil de la entidad de forma puntual al conquistar la Copa Gambardella de 1985 con un “hat-trick” en la final.

 

 

Aunque se esperaba que Cantona tuviera más oportunidades la temporada 1985-1986 porque Szarmach fue traspasado, el internacional Roger Boli le arrebató el puesto, y Eric fue cedido al Football Club de Martigues de División 1. Algo que lejos de disgustarle, le convencía extradeportivamente porque de esta forma estaría cerca de su novia y familia de Marsella. Lejos de su mentor, el delantero adquirió experiencia aunque solo marcó 4 goles en 15 partidos y empezó a flirtear con la idea de dejar el fútbol profesional, al no sentirse totalmente satisfecho. “Mantuve el espíritu del fútbol callejero… sin estrategia, sin táctica. Solo improvisación. Y placer” aseguraba el astro francés.

 

 

El 1 de febrero de 1986 Guy Roux al enterarse de que Eric podía abandonar el fútbol competitivo, decidió ofrecerle su primer contrato profesional con el Auxerre.

 

 

El inicio de su carrera profesional

Eric se consolidó como jugador habitual en las alineaciones del primer equipo del Auxerre en una plantilla donde destacaban canteranos como los hermanos Roger y Basile Boli, Pascal Vahirua, Daniel Dutuel, Bruno Martini y Christophe Cocard. Guy Roux apostó por él como delantero titular y este le devolvió la confianza con 13 goles en 36 partidos, convirtiéndose así en el máximo goleador del conjunto borgoñón, y manteniendo una racha de 9 partidos consecutivos marcando. Gracias a su dulce estado de forma incluso fue convocado por primera vez con la selección sub-21 de Francia.​

 

 

La siguiente temporada, concretamente un 12 de agosto de 1987, el director técnico francés Henri Michel le hizo debutar con la selección absoluta en un amistoso contra Alemania Occidental en el Estadio Olímpico de Berlín, siendo titular junto a Jean-Pierre Papin en la punta de ataque. Aunque Francia perdería por 2–1, Cantona marcó el único gol de Francia. Esa temporada 1987-1988 marcaría 8 goles en 32 partidos de liga y el Auxerre quedaría en noveno lugar.

Su emergente arrogancia le empezaría a pasar factura, y múltiples actos de indisciplina alertaron de sobremanera al cuerpo técnico, llegando el clímax el día que agredió a su compañero Bruno Martini en un entrenamiento. Pero ese no fue el único acto de locura, ya que el 5 de abril de 1988 fue sancionado tres meses por una brutal entrada con las dos piernas por delante a Michel Der Zakarian, del FC Nantes. Pese a todo, la prensa y los aficionados franceses se sintieron atraídos por ese carácter rebelde e indomable y la opinión pública le era totalmente favorable.

A nivel internacional, su consagración llegaría en las semifinales del Campeonato Europeo Sub-21 de 1988: el 27 de abril de 1988, contra Inglaterra en Highbury, fue autor de los dos goles que clasificaron a su país para la gran final. Fue justo en aquel entonces cuando supo que necesitaba un cambio de aires, y que merecía jugar en un equipo más exigente, así que se ofreció personalmente a diversos clubs, en una decisión de la que más tarde ha reconocido arrepentirse.

 

 

El caos final antes de la explosión

Nada más ser declarado transferible por su constante insubordinación, Cantona recibió ofertas de los cuatro clubes franceses con el mayor presupuesto de la época: Association Sportive Monaco Football Club, Paris Saint-Germain Football Club, Racing Club de France Football y Olympique de Marseille, y una a última hora del AC Milan.

Atraído por la posibilidad de triunfar en su ciudad natal y estar cerca de su familia, aceptó finalmente la propuesta del Olympique con un contrato por cinco temporadas para hacer realidad su sueño de jugar en el Stade-Vélodrome. El presidente, Bernard Tapie, aspiraba a construir un proyecto que dominase el fútbol francés con Jean-Pierre Papin, Klaus Allofs, Franck Sauzée y Karlheinz Förster, entre otros grandes nombres, y pagó lo que tenía que pagar para hacerse con los servicios del joven Eric, a pesar del riesgo conocido que suponía su inestable carácter. El Auxerre por su traspaso ingresó la friolera de 22 millones de francos (3,4 millones de euros), cifra récord en aquella época.

Los primeros meses de la nueva estrella marsellesa estuvieron marcados por una grave polémica con la selección de Francia, cuando Henri Michel no quiso convocarle en agosto de 1988 para un partido contra Checoslovaquia. Eric comparó su situación con el mundo de Hollywood, haciendo un símil entre su descarte de la selección francesa con el desaire al Oscar de Mickey Rourke ese año: “Acabo de leer lo que dijo Mickey Rourke sobre los Oscar: ‘La persona que está a cargo de ellos es una mierda’. No estoy lejos de pensar que Henri Michel también lo es” aseguro el joven Eric ante la prensa tras un encuentro con el propio Rourke.

 

 

Tras el revuelo el día siguiente, un Cantona visiblemente arrepentido ante la prensa culpó al pánico, y la mala autoexpresión, su despropósito del día anterior. La réplica de Henri Michel no se hizo esperar y prometió ante los medios que Eric Cantona no volvería a jugar nunca más con Francia mientras él fuese su seleccionador. Y eso no fue todo, ya que la Federación Francesa de Fútbol lo excluyó de cualquier convocatoria hasta el 30 de junio de 1989, dejándolo fuera de la final del Campeonato Europeo Sub-21 disputada el octubre de 1988.

En lo que respecta a su actuación en la Division 1, disputó con normalidad el primer tramo de la temporada 1988/89 al ser titular en 22 partidos y anotar 5 goles. Aunque su situación personal cambió por completo en enero de 1989, cuando enfadado porque su entrenador Gérard Gili lo iba a sustituir en un amistoso ante el Torpedo de Moscú para recaudar fondos para las víctimas de un devastador terremoto en Armenia, el jugador se quitó la camiseta y la tiró al suelo. Algo se la prensa francesa interpretó como una gran muestra de desprecio hacia el club. La directiva del Marsella decidió sancionarlo de oficio con un mes de suspensión, y el episodio terminó con una cesión al Girondins de Burdeos durante el resto del curso. Allí disputó 11 encuentros y marcó 6 goles, pero también fue muy criticado por un error personal en la Copa de Francia que supuso la eliminación de “Les Girondins”. Además, el Olympique de Marsella conquistó la liga francesa sin él, por lo que su continuidad en el club llegó a niveles insostenibles.

 

 

Una vez cumplida la sanción federativa, el nuevo seleccionador de Francia en aquel entonces, Michel Platini, volvió a convocarlo el 16 de agosto de 1989 además de mostrarle todo su apoyo para próximos compromisos. Solucionado su problema con la Federación Francesa solo le faltaba arreglar su enfrentamiento con el presidente Bernard Tapie, algo difícil que no se llegó a dar, y la temporada 1989-1990 volvió a salir cedido, esta vez en el mítico Montpellier Hérault dirigido por Michel Mézy.

El paso por el Stade de la Mosson también resultó muy controvertido, pues llegó a tirar las botas a la cara a su compañero Jean-Claude Lemoult después de una derrota. El lamentable incidente motivó la división del equipo, entre los que exigían su cese y quienes pedían su indulto (entre ellos, Laurent Blanc y Carlos “El Pibe” Valderrama). Al final, Mézy siguió contando con Cantona y este les ayudaría a ganar la Copa de Francia de 1990, con triunfo por 2-1 en la prórroga ante el Racing Paris de un joven David Ginola. Gracias a esa actuación, pudo regresar a Marsella, si bien se desveló el interés del AS Cannes en su inmediata contratación, aunque al final la operación no llegó a buen puerto.

De cara a la temporada 1990-1991, su último año en el Olympique, Eric gozó de la confianza del nuevo entrenador Franz Beckenbauer y fue alineado junto Papin en la delantera. Cuándo por fin parecía que todo empezaba a funcionar bien, su progresión se vio truncada por una grave lesión el 28 de octubre, en un partido frente al Stade Brestois, y por la posterior dimisión de Beckenbauer tras un enfrentamiento con Bernard Tapie. El nuevo entrenador, Raymond Goethals, cambió la táctica para jugar con un solo punta y Cantona quedó relegado a la suplencia. En total disputaría 18 partidos (8 goles) y su equipo ganó la liga sin que él se sintiese protagonista. Ni fue titular en la final de la Copa de Francia ni fue convocado para la finalísima de la Copa de Europa ante el Estrella Roja de Belgrado.

 

 

Cantona pidió a Bernard Tapie que le traspasara el verano de 1991. Si bien se hizo público el interés del PSG y del Olympique de Lyon, su destino final sería un club mucho más modesto, el recién ascendido Nîmes Olympique. El coste total fue de 10 millones de francos (1,5 millones de euros), con un salario de 280.000 francos mensuales. La contratación había sido una apuesta personal del alcalde Jean Bousquet, creador de la marca Cacharel y expresidente del equipo local.

A pesar de que Cantona llevó el brazalete de capitán y se le dio un rol protagonista, nunca se sintió cómodo en Nîmes. Durante la temporada 1991-1992 disputó 17 partidos y marcó 2 goles, insuficientes para resolver la mala racha del equipo que lo condujo a los puestos de descenso. Según la prensa, el futbolista se mostraba poco participativo y apático sobre el campo. Todo lo contrario en la selección absoluta francesa, donde Michel Platini lo seguía convocando y mimando para la fase de clasificación de la Eurocopa 1992.

 

 

Finalmente, el paso de Cantona por el Nîmes Olympique terminaría envuelto en la polémica: en el transcurso de un partido contra el AS Saint-Étienne, fue expulsado por pegar un balonazo al árbitro tras señalarle una falta. La Federación Francesa de Fútbol sancionó al delantero con cuatro partidos de suspensión y este respondió llamando «idiotas» a los miembros de la comisión de disciplina, que de inmediato aumentaron la pena a dos meses. Herido en su orgullo, Cantona anunció el 12 de diciembre de 1991 que se retiraría de una vez por todas del deporte profesional, con tan solo 25 años.

 

 

La decisión de Eric Cantona causó gran conmoción en el deporte francés… pero duró tan solo unas semanas. El seleccionador Michel Platini seguía contando con él para la Eurocopa 1992 y logró convencerle de que se marchara a Inglaterra para recuperar la ilusión perdida. En ese sentido, su asistente Gérard Houllier y el agente Dennis Roach intermediaron con los clubes británicos.

En enero de 1992 concertó una prueba con el Sheffield Wednesday de la Football League First Division (el año siguiente se iniciaría la actual Premier League), con el que tuvo la oportunidad de mostrar su talento solo en un partido de fútbol indoor… El técnico Trevor Francis consideraba que su incorporación era demasiada cara y le dejó escapar. Howard Wilkinson, técnico del Leeds United, consiguió convencerle en menos de una hora de que sería la pieza clave en su esquema. El Leeds tuvo que pagar 900.000 libras al Nîmes Olympique para que el fichaje se confirmara el 1 de febrero de 1992, mismo mes en el que se fundaba la Premier League. Se abría así un nuevo panorama para el jugador, y un borrón y cuenta nueva en su carrera.

Cantona debutó el 8 de febrero frente al Oldham Athletic y en total disputó 15 partidos del tramo final de la edición 1991-1992, muy importantes para que el Leeds United se proclamara campeón de la última Football League First Division. Más importante que sus 3 goles fueron las asistencias que servía al delantero titular, Lee Chapman, y su rápida asociación en el campo con los internacionales Gary McAllister y Gary Speed. Después de convertirse en el nuevo ídolo de Elland Road, fue convocado para la fase final de la Eurocopa 1992 tal y como Platini le había prometido previamente. Los franceses fueron la gran decepción del torneo, junto a Inglaterra, quedando terceros del grupo 1 con tan solo dos puntos. Fueron superados por los anfitriones suecos y la Dinamarca de Brian Laudrup que se acabaría coronando.

El punto de inflexión de Cantona en Inglaterra llegó en la Charity Shield, celebrada el 8 de agosto de 1992 en Wembley. El partido entre Leeds United y Liverpool F.C. se resolvió con victoria del Leeds por 4–3, y Eric tuvo una participación decisiva al marcar un hat-trick vital para remontar el marcador.​ Una semana más tarde llegó la apertura de la temporada 1992-1993 que daba inicio a la primera Premier League, y el francés volvió a conseguir un hat-trick frente al Tottenham Hotspur. No obstante, el estilo de juego vistoso del francés chocaba con las tácticas físicas de Wilkinson, algo que se reflejaba especialmente en los partidos fuera de casa, y la relación entre ambos fue empeorando, hasta el punto que Cantona fue declarado transferible en el mercado de invierno. Antes de aquel fatídico noviembre de 1992 en el que sería “traicionado” por el Leeds, había disputado un total de 20 partidos (13 de liga) y marcado 11 goles.

 

 

Y Ferguson llegó a su vida

Cuando el futuro de Eric en el mundo del fútbol parecía entrar otra vez en un callejón sin salida, tras agotar el crédito en Francia, y acabar en el mercado de transferibles practicamente después de haber llegado al fútbol inglés, la oportunidad de su vida llegó y lo cambió todo.

Miércoles 25 de noviembre. Ferguson, al borde del cese tras los últimos malos resultados, se reúne con su presidente, Martin Edwards. Bill Fotherby, director deportivo del Leeds, llama en ese mismo momento para preguntar por un posible traspaso de Denis Irwin. Ferguson le dice a su presidente que pregunte por Cantona y Fotherby le emplazó a ofrecer una respuesta en 24 horas. Una hora después, llama para confirmar que la operación estaba en marcha. El Leeds estaba dispuesto a venderlo a toda costa, incluso, a un precio irrisorio, entre un millón y un millón y medio de libras. Brian Kidd, ayudante de Ferguson, incluso preguntó en tono jocoso si el futbolista había perdido una pierna cuando se enteró de las ridículas cifras que se manejaban para el traspaso. El presidente Edwards no entendía como Alex Ferguson a pesar de estar en la cuerda floja, apostaba por un jugador así para redirigir la trayectoria del club. Era un auténtico suicidio, una catástrofe inminente. Pero en la cabeza de Alex todo estaba bien claro: el gran fichaje del verano, Dion Dublin, se había lesionado de gravedad, el intento por fichar a Alan Shearer o David Hirst había fracasado, y Gerard Houllier hablaba maravillas del crack francés. Era una apuesta personal, una última jugada maestra al todo o nada, y lo sabía perfectamente, pero no le importó. Confiaba ciegamente en su instinto.

Dos días después, el 27 de noviembre de 1992, Eric Cantona fue presentado con el United y la historia del club cambió para siempre. Aquel futbolista provocador y seguro de sí mismo, de mirada desafiante estaba a punto de liderar una época de leyenda cuándo los caminos de Alex y el suyo parecían tomar un destino totalmente diferente y opuesto.

 

 

La prensa y el entorno del United se tiraron literalmente encima de Ferguson, incluso perdiéndole el respeto tratándolo de loco. Se decía que Mark Hughes y Eric Cantona no podían jugar juntos de ninguna de las maneras…

Su debut en partido oficial llegaría el 6 de diciembre de 1992, al ingresar al terreno de juego en la segunda parte del derbi de Manchester frente al Manchester City. Hasta su llegada, los diablos rojos tenían problemas de cara a portería y se veían superados por equipos que habían hecho una gran inversión como el Aston Villa y el Blackburn Rovers. Alex Ferguson apostó por Cantona en punta de ataque junto al mítico Mark Hughes, con pasado en el FC Barcelona, y retrasó al otro atacante del plantel, Brian McClair, al centro del campo para encajar piezas. El cambio táctico resultó muy efectivo y el 19 de diciembre el marsellés marcaría su primer tanto ante el Chelsea FC.

 

 

Los números dieron la razón a Ferguson y Cantona y Hughes formaron una de las parejas más letales de la Premier League. Fergie convenció a los escépticos que acusaban al francés de irregularidad y poca competitividad. Cantona se convirtió en unos pocos meses en el ídolo absoluto de la afición, cada vez que tocaba un balón la grada se excitaba de sobremanera. Era pura magia, pura fantasía, verticalidad y genialidad. Para muchos, junto a George Best, Cantona fue lo mejor que se ha visto nunca sobre la hierba del teatro de los sueños. A Ferguson no le gustaba el lado oscuro del carácter de Cantona que le llevó a perderse numerosos partidos por su violencia en el terreno de juego. Aun así, se convirtió en el jugador más decisivo que ha pasado por la Premier, capaz de ganar él solo los partidos, un superclase antes que cualquier otro, un verdadero artista del balón. Un genio que llegaba a los entrenamientos en una Harley Davidson y que tenía una relación muy extraña con los compañeros de vestuario, que veían en él un líder a pesar de parecer vivir en otra dimensión debido a su alto nivel de introversión.

 

 

El Manchester United mostró su mejor momento de forma a lo largo de 1993 y terminó en primer lugar con una ventaja de 10 puntos sobre el Aston Villa, lo que significaba la primera liga después de 26 años. La era magnánima de Ferguson empezaba prácticamente al unísono de la era Cantona en Old Trafford, un hecho que forjó una relación excelente, un vínculo casi familiar, entre ambos. Eric disputó esa temporada un total de 22 partidos (9 goles) y sus propios compañeros le consideraron clave para la consecución del título.

 

 

En la edición 1993-94, Cantona conquistó su primer triplete con el Manchester United: Premier League, FA Cup y Charity Shield, y fue elegido Jugador del año por la Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA), con un récord personal de 18 goles en 34 partidos en Premier League. A pesar de que llegó a perderse cinco partidos en marzo por sanción, regresaría a tiempo para la final de la FA Cup contra el Chelsea F.C. (4-0) en la que marcó dos goles. Alex Ferguson había reforzado el plantel con la llegada de Roy Keane y permanecerían imbatidos desde septiembre hasta febrero de 1994, con una ventaja final de 12 puntos sobre el segundo. El único campeonato nacional que no pudo ganar aquel año fue la Copa de la Liga, perdida en la final contra el Aston Villa por 3–1. Esta fue la primera edición en la que se asignaron dorsales y Cantona eligió el 7, que mantendría hasta el final de su carrera. Sin embargo, en la Liga de Campeones de la UEFA aún no se había establecido la numeración fija, por lo que vestiría el 9 en las eliminatorias contra el Kispest Honvéd y el Galatasaray, equipo que dejó fuera a los ingleses en octavos de final.

Su mejor temporada no pasó desapercibida a ojos del resto del mundo, y en las votaciones al Balón de Oro de 1993 quedó en tercera posición con 34 puntos, solo por detrás del ganador Roberto Baggio y de Dennis Bergkamp. Eran grandes tiempos para el fútbol, y él una de sus principales estrellas, lo que desencadenó una avalancha de ofertas de clubes de prestigio como el Real Madrid y FC Barcelona, y su coronación dos años después como emperador de Nike Fútbol, pese a ser acusado por la prensa francesa como el gran culpable de la eliminación de Francia para la Copa del Mundo de Estados Unidos, al caer contra la Bulgaria de Stoichkov en el último partido de la fase clasificatoria.

 

 

De todos los clubes que se interesaron por Cantona en 1994, Eric escogió al Real Madrid de Jorge Valdano, aunque el Manchester se negó en rotundo negociar cualquier tipo de traspaso. Su estilo de juego, creativo y competitivo, pero también por su ímpetu, chulería y valentía díscola no hubieran encajado para nada con el sistema táctico del Barça de Cruyff. Algo que el jugador siempre tuvo claro.

 

La patada voladora que cerró el círculo antifascista

El único título que ganaría el Manchester United en 1994-95 fue la Charity Shield frente al Blackburn Rovers por 2-0, en la que Eric marcó el primer tanto de penalti.​ En la Premier League se encadenó una mala racha en octubre para después retomar la senda de los triunfos. Algunas de las actuaciones más memorables de Cantona se dieron en la victoria por 5–0 frente al Manchester City en el derbi local (10 de noviembre), y el triunfo por 1–0 sobre el sorprendente líder, el Blackburn Rovers de Alan Shearer, gracias a un gol suyo. En total había completado 21 partidos y marcado 12 goles, y se esperaba que formara una temible dupla de ataque con Andy Cole, recién fichado en el mercado de invierno.

Sin embargo, el 25 de enero de 1995 se produjo un hecho polémico que marcó para siempre la carrera profesional de Eric y que dividió la opinión pública internacional. En un partido contra el Crystal Palace en Selhurst Park, el francés había sido expulsado por cometer falta sobre un rival. Mientras se retiraba a los vestuarios, un espectador local se situó en el borde de la grada para insultarlo con gritos racistas y fascistas (según Eric). La reacción del futbolista fue correr hacia el aficionado saltando sobre él con una patada voladora que le impactó en el pecho, para después intentar golpearlo hasta que fue separado por los guardias de seguridad. La acción tuvo un enorme impacto entre la sociedad británica y se convirtió posiblemente en la imagen más mítica de la liga inglesa contemporánea, llegando incluso al Parlamento del Reino Unido. El Manchester United suspendió a Cantona para el resto de la temporada y le impuso una multa de 20.000 libras, mientras que la Asociación del Fútbol incrementó la sanción a ocho meses de inhabilitación. Después de que la FIFA la confirmase a nivel mundial, fue apartado de la selección francesa por decisión del técnico Aimé Jacquet. Cantona acabó siendo condenado en marzo de 1995 a dos semanas de cárcel, reducida después a 120 horas de servicios comunitarios que pudo cumplir en una escuela infantil de Manchester.

 

 

Por otra parte, al aficionado agredido se le prohibió la entrada a cualquier recinto deportivo durante un año. Tras confirmarse la sanción, Cantona declaró lo siguiente: “Cuando las gaviotas siguen al pesquero es porque piensan que les van a lanzar sardinas al mar”.

Cantona lejos de arrepentirse sobre su reacción, siempre ha defendido su acción definiéndola como el mejor momento de su carrera futbolística, alegando que “patear a un fascista no se saborea todos los días”. Por otra parte, Alex Ferguson defendió a su jugador al asegurar que “si Cantona se equivocó tuvo sus razones; fue insultado de forma intolerable y reaccionó instintivamente”. Con esta acción violenta o poética, depende de como se interprete, Eric cerraba de un modo u otro el círculo de agresiones fascistas sufridas por su familia.

 

 

Aquella temporada el Manchester United sin Eric sobre el campo no pudo revalidar el título de liga y quedó subcampeón, a un solo punto del Blackburn Rovers de Alan Shearer, que a final de temporada rechazó el interés del Manchester para fichar por el club de sus amores, el Newcastle.

Meses antes de que concluyera la temporada, se había filtrado a los medios de comunicación que Cantona pensaba marcharse de Inglaterra y que clubes como el Inter de Milán o el Valencia CF habían presentado ofertas irrechazables por él. Al final, Alex Ferguson logró convencer a la directiva y consiguió que Eric renovara por el Manchester con un salario de 1,7 millones de dólares por temporada.

 

 

Vuelta al ruedo

Cantona no regresó a los campos de fútbol hasta la octava jornada del campeonato de Premier League hasta el 1 de octubre de 1995, en el derbi del noroeste de Inglaterra contra el Liverpool FC. En aquel encuentro que finalizó en empate (2-2), fue determinante al servir una asistencia a Nicky Butt y marcar un tiro de penal. En los meses siguientes se centró en recuperar el estado de forma previo a la sanción, con el objetivo también de regresar a la selección francesa de inmediato para poder entrar en la lista definitiva de cara la Eurocopa de Inglaterra.

El Manchester United se encontraba en pleno relevo generacional. Las salidas de Mark Hughes, Paul Ince y Kanchelskis se cubrieron con jóvenes promesas procedentes del equipo reserva cuyo promedio de edad era de 24 años: los Fergie’s Fledgling. Aquel año gozaron de mayores oportunidades Paul Scholes, David Beckham, Nicky Butt y los hermanos Gary Neville y Phil Neville. La labor de Cantona en aquel rejuvenecido plantel era servirles de referencia, razón por la que fue nombrado segundo capitán por detrás de Steve Bruce. Si bien en el primer tramo de la temporada llegaron con una desventaja de 10 puntos sobre el líder de la liga, el Newcastle United (con Shearer), los «diablos rojos» supieron remontarla en la segunda vuelta para ganar la Premier League por tercera vez. El francés tuvo una actuación destacada con 14 goles en 30 partidos, gracias a la cual ganó el Premio FWA al futbolista del año de la Asociación de Periodistas, que seguían divididos por su patada voladora.

El 11 de mayo de 1996, día de la final de la FA Cup frente al Liverpool FC, fue nombrado capitán porque Steve Bruce estaba lesionado. En lo que resultó un partido muy igualado, el delantero hizo el único gol del partido en el minuto 86 que convirtió al Manchester United en el primer equipo en conquistar el doblete en dos ocasiones. Cantona era también el primer futbolista que ganaba el histórico trofeo como capitán sin haber nacido en las islas británicas. A pesar de que la Eurocopa 1996 se celebró en Inglaterra, el seleccionador francés Aimé Jacquet se mantuvo firme a su aversión por el delantero y finalmente no convocó a Eric Cantona, y Francia quedó eliminada en semifinales por la República Checa de Karel Poborsky y compañía, un talentoso jugador que compartiría vestuario con Eric la temporada siguiente.

 

 

El triste adiós de un mito

En su última temporada, la 1996-1997, Cantona ganó su cuarta Premier League antes de colgar las botas. Alex Ferguson lo había confirmado como capitán del equipo después de que Steve Bruce fuera traspasado al Birmingham City, y de rechazar el fichaje de un tal Zinedine Zidane del Girondins de Burdeos, para no incomodar a su estrella. El Manchester United pudo revalidar la Premier League, con una ventaja de 7 puntos sobre el Newcastle. Cantona marcaría el 21 de diciembre de 1996 el considerado mejor gol de su carrera: tras marcharse de dos jugadores del Sunderland A.F.C. con una finta, combinó con Brian McClair para quedarse solo frente al guardameta y batirle con un tiro bombeado por toda la escuadra. Tan icónico como ese chut resultaría la celebración, en la que el francés se limitó a observar en tono imperial a la afición de Old Trafford desde el punto donde había disparado. Sus cifras goleadoras se redujeron a 11 goles en 36 partidos; para aportar al equipo tuvo que retrasar su posición y servir asistencias a los arietes Ole Gunnar Solskjær y Andy Cole.

 

Imagen cortesía de Cultkits.com

 

En la Liga de Campeones de la UEFA 1996-97, el Manchester United llegó hasta semifinales, donde fue eliminado por el mítico Borussia Dortmund de Matthias Sammer, Andreas Möller o Stéphane Chapuisat.

Su último partido como profesional fue el 11 de mayo de 1997 contra el West Ham United en la última jornada de la Premier League. Una semana después, el 18 de mayo, anunció su retirada del fútbol cuando tenía tan solo 30 años y estaba en su mayor momento de popularidad. Alex Ferguson trató de convencerlo para que recapacitara, pero resultó imposible. El ya exfutbolista justificó su decisión asegurando que había perdido la ilusión por el deporte de competición: “He sido profesional durante 13 años, es demasiado tiempo. Me gustaría hacer otras cosas en mi vida. Siempre he meditado retirarme cuando estuviera en lo más alto, y con el Manchester United he llegado a la cima de mi carrera”. Años más tarde se supo que Cantona habría pospuesto un año su retirada si Aimé Jacquet hubiera contado con él para la Copa Mundial de Fútbol de 1998, algo imposible por la mala relación entre ambos. Y hasta tuvo sobre la mesa una oferta en firme del Real Zaragoza, antes de decidirse abandonar el mundo del fútbol, la cual aceptó si el Manchester accedía a negociar.

El 18 de agosto de 1998, el Manchester United le organizó un partido homenaje en Old Trafford entre los «diablos rojos» y un combinado de amigos de Cantona, que a su vez sirvió para recordar a los fallecidos por el desastre aéreo de Múnich en 1958. En el llamado «Team Cantona» estuvieron Pascal Olmeta, Pascal Vahirua, Laurent Blanc, Jean-Pierre Papin, Paul Gascoigne, Martin Dahlin, Mark Hughes y su hermano Joël Cantona.