Érase una vez en San Siro, el AC Milan

 

Si hablamos de la majestuosidad que deriva en la nación italiana, de alguna forma u otra debemos enlazarnos en el requisito que dictamina la moda en este lugar. El diseño en traje de gala, la ideología de Dolce o la competición de Versace son uno de los focos que intervienen en la lucidez de la capital, pero hay algo más…

La contribución del idioma futbol se manifiesta sin cesar en cada plaza del poblado, los ultras y la afición “rossoneri” son ese catálogo de distinción local, una popularidad que está abierta en masa y un poderío implacable por parte del club naciente. Estrategias deportivas, marketing y estándares sociales el abrebocas en este sentido, el protagonismo que transmite una ciudad y su puesta en escena.

 

 

“Eso no era futbol, era magia”, con esto presente nos dirigimos al impresionante año calendario que posicionó al AC Milan como uno de los clubes hazaña, y que además de eso lo impregnó en el amplio currículum del futbol europeo. Claro, aquella plantilla que fue sinónimo de supremacía tanto por sus dirigentes, en este caso el particular Silvio Berlusconi, hasta el icónico Carlo Ancelloti, posicionados como un club de triunfos a merced y totalidad ofensiva, con sincronización incluida, el palco del Giuseppe Meazza sintonizaba al ritmo de cada pisada, cada regate y cada toque de balón de sus figuras. ¿Te acuerdas de Kaká?, ¿Dida?, ¿Pirlo? ¿Shevchenko? y el interminable “Rino”, o como muchos lo denominaban… ¿el mítico Gennaro Gattuso?

 

 

Una locura tantos estelares en una sola pizarra, con ella te das cuenta que estamos hablando de uno de los clubes con mayor rentabilidad en el campo, su estilo de congruencia y presentación entre líneas reflejaba ese “ADN” que décadas atrás incursionó la selección holandesa de Cruyff y el equilibrio didáctico de Van Basten. Un equipo que su única excusa para satisfacer sentimientos de buen gozo para con sus hinchas se basaba en “Mantén la calma y siempre pelea”. Esto como principal unidad de vigor, esfuerzo y entrega.

Para ser exactos hubo un duelo que colapsó toda la audiencia, telecomunicaciones, espectadores y visualizadores, esa apoteósica final de Champions en el año 2004, manifestada por muchos como el “Milagro de Estambul”,  es aquí donde la relatividad manifiesta su sentido, este frenético encuentro culminó tres a tres, y en tandas de penaltis quien se llevó la portada del día después sería ese Liverpool de Rafa Benítez.

Sin embargo las delimitaciones por parte del plantel “rossonero” no llegaron a establecerse, y años más tarde ese espíritu de clemencia y calidad se posicionaría nuevamente en su escudo. Exacto, nos basamos en un nuevo capítulo de final en Champions League, pero ¿ya tres años más tarde y sabes algo?

 

 

Contra el mismo club inglés, Liverpool, sonaría a venganza por aquel fiasco en Turquía, pero no, los paneles e ítems de este producido club italiano iban más allá, pese al desequilibrio de algún u otro resultado. La esencia del AC Milan sería el producto de extensión fructífera, en la tierra del Olimpo y la Península Balcánica que se llevaría a cabo en el encuentro que marcaría una historia en el balompié moderno, el AC Milan se consagraría por séptima vez como Rey de Europa esta vez en el estadio olímpico de Atenas.

“Los dioses oyeron sus plegarias”, esta terminología fue adoptada por quienes presenciaron aquel sensacional partido… desde entonces la conglomeración posmoderna es influenciada por un común denominador, el estilo de exquisitez llevado a cabo por 22 estelares.

El histórico equipo del barrio de San Siro siempre será ley evidenciada de adoctrinamiento deportivo, de alguna u otra forma contribuirá a las filas de clubes históricos y afortunadamente fuiste testigo de esa inquebrantable obra, siéntete dichoso, viste jugar en su mejor etapa al poderoso AC Milan

 

 


Jesús David Beleño
@imjesusdavid