El “Pato” Abbondanzieri y su legado en el Getafe CF

 

Solo dos temporadas sumaba el Getafe en la élite del fútbol español cuando el guardameta titular de la selección argentina, Roberto Carlos Abbondanzieri, llegaba al cuadro azulón para hacer historia en el club. Uno de los porteros más carismáticos que han pasado por La Liga, conocido internacionalmente por su gran palmarés y su catálogo de paradas que nos tenía acostumbrados a realizar. Se convirtió en el cerrojo de la época dorada del conjunto del sur de Madrid.

Sus inicios en Argentina empezaron en las categorías inferiores de Rosario Central. Aunque su proyección se hizo tardía hasta llegar a debutar en la temporada de 1994. El de Santa Fe, permaneció en el club tres temporadas haciendo méritos para que equipos grandes como Boca Juniors se fijaran en él y pagarán su ficha para jugar con ellos. Venía para sustituir a otro mito de la portería como lo fue el Mono Montoya. Eso ocurría en 1997 cuando el “Pato” tras una lesión de Óscar Córdoba, el portero titular de los “xeneizes”, se lesionó y Abbondanzieri ya no se quitó los guantes en toda su estada en el club.

En Boca es considerado una leyenda. Bajo palos consiguió cuatro torneos Apertura, destacada su actuación en el de 1998 siendo invicto en el torneo. Dos torneos Clausura, tres copas Libertadores, dos Intercontinentales, la primera del 2000 derrotando al Real Madrid y la segunda parando dos penaltis a Pirlo y Costacurta. Dos Sudamericanas y una Recopa sudamericana, con varios trofeos individuales como el de mejor portero sudamericano en 2003.

Sus buenas actuaciones y su magnífica proyección en el fútbol tiraron la puerta abajo de la AFA para hacerse con la titularidad en el mundial de Alemania en 2006. Cuajó numerosas y muy buenas actuaciones hasta llegar a cuartos de final enfrentándose a la anfitriona, partido del que tuvo que salir lesionado. En aquel mismo encuentro el combinado argentino cayó derrotado en la tanda de penaltis, en la que el decisivo “Pato” no pudo hacer nada.

 

 

Tras aquella cita mundialista Abbondanzieri firmó con el Getafe por 3 millones de euros para unirse a la aventura de la Liga española. Tras nueve años en Boca Juniors fichó por el Getafe, equipo en el que estuvo tres años siendo una pieza clave en una de las mejores etapas de la historia del club. Una operación excelente de Ángel Torres, el presidente del club, que supo moverse rápidamente en una ventana de fichajes como es un mundial de fútbol.

Por aquel entonces, el conjunto azulón, trataba de seguir su buena dinámica y proyección en el fútbol español en manos de Bernd Schuster, mítico exjugador. El equipo venía de una buena temporada con Quique Sánchez Flores en el cargo y querían mejorar su decimotercera plaza.

Con el Getafe, Abbondanzieri, fue artífice de los éxitos cosechados por el equipo, llegando a dos finales de la Copa del Rey por primera vez en su historia, y a la postre, conseguir la clasificación para participar en la Copa de la UEFA 07/08 competición en la que fueron eliminados en cuartos de final por el Bayern de Múnich.

En su primera temporada en el club del sur de Madrid, consiguió el trofeo Zamora. Un trofeo otorgado al portero menos goleado durante la competición doméstica. Un título muy significativo para el club, ya que era el primer cancerbero del club y el único portero en la categoría que no forma parte de equipos como: el FC Barcelona, Atlético de Madrid o Real Madrid en ganarlo. Nos dejó paradas de todos los colores, cazando todo tipo de balones: por arriba, por abajo, a media altura, de penalti, a mano cambiada, con el pie, uno contra uno, lo llegó a sacar todo. En los 36 partidos que disputó le llegaron a anotar únicamente 30 tantos, un promedio de 0,83 goles por partido.

 

 

Estos números ayudaron al “EuroGeta” de Schuster, primero, y  Laudrup después, a conseguir brillantes resultados. Aquel equipo que llegaba de instaurarse en primera división solo dos años atrás, en el 2004, fue capaz de llegar a su primera final de Copa con una facilidad pasmosa. Utilizo este término -facilidad pasmosa- porque dejó en la cuneta a rivales como el Valencia o el FC Barcelona. Los de Schuster remontaron los dos duelos de cuartos y semifinales a los respectivos equipos. Aunque finalmente, cayeron en la final ante el Sevilla por un tímido 1-0. En Liga terminaron en una novena posición muy bien disputada que con la posición en la copa consiguieron tener un billete para la copa de la UEFA.

Un conjunto como el Getafe con mucho menos presupuesto y mucha menos trayectoria que sus rivales, pero que con el trabajo de su técnico, el alemán Bernd Schuster, formó un equipo disciplinado y ordenado. Tras aquella buena campaña, muchos equipos se fijaron en ellos, llevándose a las piezas más importantes del proyecto. Empezando por el entrenador que fichó por el Madrid, Alexis al Valencia o Güiza al Mallorca. Pero todavía quedaba mucho por ver y el rápido movimiento y reestructuración de plantilla funcionó. Cambio de cromos en el banquillo en el que se sentaría Michael Laudrup, aquel joven danés inexperto en la caseta, que deslumbró como jugador en equipos como Madrid y Barcelona, cogería los mandos del equipo. Sus pupilos eran jóvenes promesas que ya asustaban como los: Granero, De la Red, Uche o Pablo Hernández y que mejoraron lo que ya había.

Su primera participación en la Copa de la UEFA es de aquellas que hacen afición y familia en el fútbol. El Getafe quedaría emparejado con equipos rocosos como el Tottenham o el Anderlecht. Aunque el conjunto español los pudo superar clasificándose para la siguiente ronda. En dieciseisavos fue el turno para el AEK Atenas a los que derrotaron con cierta ligereza. El rival en octavos fue el Benfica que se lo vapulearon entre De la Red y Pablo Hernández.

El pase a cuartos ya fue otra historia, en la que a día de hoy, seguro que todavía escuece a más de uno. Los azulones, sin embargo, pasaron de ser un equipo más en España a ser reconocidos internacionalmente. Se cruzaron con el Bayern de Múnich, que en aquella época caía por la Copa de la UEFA, una competición poco habitual para la historia del club alemán, que aspiraba más arriba. La ida en Baviera dejó la eliminatoria abierta para un Getafe que obtuvo la licencia para soñar.

El partido que se recuerda es el de la vuelta de aquella fatídica noche en el Coliseum. Los jugadores del Getafe mordieron el polvo después de tocar el cielo en una remontada sin precedentes. Los de Laudrup abrieron el marcador por medio de Contra, quién también marcó en la ida, y dejaron el partido muy bien encarrilado hasta las acaballas del partido. En el minuto 89’ Ribery consiguió llevar el partido a la prórroga, pero la casta y el orgullo del Getafe siguió intacta con los goles de Casquero y Braulio en la reanudación, que volvían a ponerles por delante en la eliminatoria. La alegría fue en vano, ya que como en los 90 minutos reglamentarios, el Bayern consiguió rebatirlos con dos goles en cinco minutos, en una mala noche para Abbondanzieri. Aunque el arquero argentino debía de estar orgulloso porque muchas de sus atajadas sirvieron para llegar hasta entonces y sostener al Getafe en otros grandes duelos.

En Múnich ese partido se recuerda como el “das wunder von Getafe (el milagro del Getafe). Pese a su eliminación todo el mundo se deshizo en elogios hacia el equipo de Laudrup. Ottmar Hitzfeld el técnico del Bayern asumió que les pudieron haber humillado “el Getafe mereció la victoria”, aseguró. Hasta Oliver Kahn también quedó asombrado: “He jugado 140 partidos de Copa de Europa, he estado en todas partes, pero lo de esta noche es increíble. No había vivido algo así en 40 años”.

 

El buen momento del Getafe CF era tal que trece días después se plantó de nuevo en otra final de copa por segundo año consecutivo. Ya había dejado atrás al Levante, Mallorca y Racing y su rival en la final era el Valencia, al que la temporada pasada lo habían eliminado. Aunque en aquella ocasión, el conjunto “ché” fue mejor a partido único y llevándose el título. Aquella temporada, acabó con un mal sabor de boca para el club del sur de Madrid, pero habían demostrado que no se les tenía que dar por muertos. Un equipo con cara y ojos que demostró tener mucha garra y hacer mucho daño a cualquiera.

Para Abbondanzieri, también empezaba a ser su despedida de la Liga española. En la siguiente temporada, la 2008/09, con alguna que otra lesión y sus 37 años pidió salir de nuevo al club de sus amores y regresar a Boca. Su marcha del club significó: dejar atrás un Zamora histórico, una participación en la Copa de la UEFA inolvidable y un final agridulce con su presidente que no le dejó marchar a cualquier precio sino al precio que él quiso.

Sus últimos años en el fútbol los disfrutó jugando en Boca y el Internacional de Porto Alegre. Allí siguió ganando títulos como la Copa Libertadores en 2010 y un tercer puesto en el Mundial de Clubes. Finalmente puso fin a su trayectoria deportiva con 16 temporadas compitiendo a un gran nivel y 38 años a sus espaldas.

 


Álvaro Ramírez