Amokachi, un toro entre águilas verdes

 

Daniel Owefin Amokachi, apodado «El Toro» por su tremenda fuerza física y sus extraordinarias cualidades atléticas, fue una de las puntas de lanza de las Águilas Verdes que enamoraron al mundo durante los años 90. Primero durante su meritoria participación en el Mundial de Estados Unidos de 1994, dos años después ganando los Juegos Olímpicos de Atlanta, y en Francia 98.

 

 

Memorable su celebración (al igual que la de Yekini aferrándose a la red) después de marcar un golazo a base de capacidad física llevada al límite a la Bulgaria de Hristo Stoichkov en USA 94. Tras regatear los defensas búlgaros y batir a su portero Borislav Mihaylov, «El Toro» corrió hacia la banda, pero enseguida se frenó: abrió los brazos y se puso a bailar. Parecía poseído, dando vueltas sobre su propio eje y movía la cadera mientras sus compañeros se sumaban a la fiesta.

Amokachi fue convocado un total de 44 veces con Nigeria, marcando 13 goles, y ganando el premio al mejor futbolista africano del año en tres ocasiones. En su palmarés lucen la Copa Africana de Naciones de 1994 y una medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1996.

 

Un mito de la selección de Nigeria y del Everton

Amokachi irrumpió de la nada en la Copa Africana de Naciones de 1990, tras ser seleccionado sorprendentemente por el seleccionador Clemens Westerhof cuando aún jugaba en el Ranchers Bees nigeriano.

 

 

Entonces fue descubierto por ojeadores europeos y fichó por el Club Brugge KV, donde pasó cuatro años, de 1990 a 1994, ganó dos Botas de Ébano, premio que anualmente se otorga al mejor futbolista africano o de origen africano de la Primera División de Bélgica.

 

 

Además, también marcó, en 1992, el primer gol de la Liga de Campeones de la UEFA en su nuevo formato. Al mismo tiempo, se convirtió en un habitual de la selección nigeriana, formando un formidable trío con Rashidi Yekini y Emmanuel Amunike, que llevó a las Águilas Negras a su primera fase final del un Mundial.

Tras una espectacular actuación en el Mundial de Estados Unidos la Juventus parecía ser el destino para Amokachi, pero el Everton irrumpió a base de talonario apartando a los italianos, 3 millones de libras, una cantidad histórica para el club inglés. Amokachi no tardó en sufrir el peso de la cantidad astronómica pagada por su fichaje y tuvo un inicio de campaña desastroso para The Toffees, a pesar de marcar en su debut en casa. El Everton no ganó ni un solo partido de liga hasta noviembre. A pesar de ello el nigeriano se mantuvo dos temporadas ganándose el corazón de la afición aunque no por su regularidad, sino por su simpatía y un partido: la semifinal de la Copa de la FA contra el Tottenham en abril de 1995.

 

 

Hasta entonces «El Toro» solamente había marcado un gol en 12 partidos de la Premier League, entre lesiones y malas actuaciones, pero en una tarde salvaje en Elland Road se inscribió en la historia contemporánea del Everton.

 

 

El refrán dice que las cosas buenas llegan a los que esperan, pero es evidente que Amokachi no era un fanático de ese dicho. Porque cuando Paul Rideout se lesionó a falta de 20 minutos para el final del partido en Leeds, el nigeriano tomó cartas en el asunto. El Everton iba ganando 2-1 gracias a los goles de Matt Jackson y Graham Stuart, pero el penal cometido por Jurgen Klinsmann ocho minutos antes había propiciado un final apoteósico. Entonces, Rideout fue retirado en camilla y Amokachi vio la oportunidad de entrar en acción. Afortunadamente, para Royle, y sobre todo para Amokachi, todo salió bien, ya que el suplente remató de cabeza en el segundo palo un centro de Stuart para poner el 3-1 a falta de ocho minutos, y volvió a marcar tras un centro de Gary Ablett desde la izquierda a falta de un minuto. The Toffees acabarían ganando aquel 1995 la FA Cup ante el todopoderoso Manchester United de Alex Ferguson.

 

 

El Beşiktaş turco sería su siguiente destino para las 3 próximas temporadas. Tras una lesión de rodilla, Amokachi empezó a perder explosividad en su juego, hasta el punto que solo disputó 67 minutos en el Mundial de Francia de 1998, en el partido contra Bulgaria (1 gol a 0), una de sus últimas participaciones internacionales. A pesar de las dos operaciones sucesivas y del título honorífico de capitán de las Águilas Verdes, no recuperó nunca su nivel.

 

 

De hecho, poco después intentó volver a jugar fichando por el TSV Múnich 1860, pero su contrato fue cancelado tras no superar las pruebas médicas. Tras otros intentos infructuosos en el Créteil de la Ligue 2, en el Colorado Rapids, donde jugó junto al colombiano Carlos Valderrama, y en los Emiratos Árabes Unidos, se convirtió en jugador-entrenador y terminó segundo en la liga nigeriana en 2006 con el Nasarawa United. Entre 2008 y 2010, trabajó junto a Shaibu Amodu para intentar clasificar a Nigeria para el Mundial de 2010.