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Cuba en el Mundial de Francia de 1938

 

La Selección de fútbol de Cuba fue uno de los 15 equipos que participaron en el Mundial de 1938 celebrado en Francia. Cuba se convertía así en la primera selección caribeña en participar en una fase final de la Copa Mundial de Fútbol debido al boicot masivo de Estados Unidos, Costa Rica, México, El Salvador y Guayana Neerlandesa.

El gobierno cubano no podía pagar el viaje en barco de La Habana a Marsella, más los gastos de estancia en Francia, para una expedición de veinte personas. Ya era medio milagro estar allí: todas las demás selecciones centroamericanas y norteamericanas, incluidas México y Estados Unidos, habían tenido que renunciar por motivos económicos, y de las sudamericanas, molestas con la FIFA por romper la norma de alternar Europa-América del Sur para el país organizador, sólo Brasil había respondido a la convocatoria de aquella cita mundialista.

 

 

Fulgencio Batista, un sargento que en tiempos de revoluciones y golpes de Estado había ascendido rápidamente hasta convertirse en jefe del Estado Mayor, había tomado el control directo del gobierno sólo cuatro años antes, cuando Estados Unidos apoyó un golpe militar para derrocar al gobierno socialista de Ramón Grau San Martín. Asistir a la Copa del Mundo representando a todo el norte del continente era una buena oportunidad para propagar su régimen, pese a que el fútbol no gozaba de gran popularidad en un país donde el béisbol y el boxeo eran los deportes más populares.

No tenían precisamente los pronósticos de su lado cuando José Magriñá marcó en la increíble victoria sobre Rumanía, un equipo que jugaba su tercer Mundial de los tres que se habían organizado hasta aquel entonces. El partido en Toulouse terminó con un atrevido empate 3-3 tras la prórroga, y los europeos tuvieron que arañar un segundo tiempo. Luego, cuatro días más tarde y con más coraje en el cuerpo, Cuba archivó el expediente con una contundente remontada de 2-1 en el partido de desempate, y se ganó un lugar en los cuartos de final. El siguiente partido en el Stade du Font Carré, en Antibes, tercero en ocho días para los quince jugadores caribeños, bajo una lluvia implacable, les enfrentó a Suecia. Los escandinavos arrollaron a los cubanos por un contundente 8-0.

 

 

«Antes del partido nos considerábamos favoritos, por cómo habíamos actuado anteriormente. Pero no estábamos acostumbrados a jugar bajo la lluvia, nos resbalábamos todo el tiempo». Así lo explicó Juan Tuñas, conocido como Romperredes, el prolífico delantero centro del Deportivo Centro Gallego que acaba de ganar la liga y el título de máximo goleador en Cuba. Como si necesitaran una justificación: ningún equipo caribeño, ni antes ni después de ellos, lo ha hecho mejor en la Copa del Mundo (solamente ha habido otros dos cuartos de final de México, ambos en sus dos torneos en casa, y uno de Costa Rica en 2014 en Brasil); entre las selecciones norteamericanas, solamente Estados Unidos lo había hecho mejor, con la semifinal de 1930, pero lograda tras ganar un grupo de tres y no una ronda eliminatoria. Cuba había hecho historia, pero en ese momento todavía era demasiado pronto para que nadie se diera cuenta.

 

 

En 1941, Tuñas firmó un contrato con el Real Club España de Ciudad de México, convirtiéndose en el primer futbolista profesional cubano. También fue uno de los pocos: en 1959, la revolución comunista de Fidel Castro dio un vuelco al equilibrio geopolítico de la zona e impuso un régimen que ha mantenido al mundo del deporte en el amateurismo hasta hoy. Por lo tanto, la transición al profesionalismo en Cuba solamente siguió un camino: el de la deserción. Varios futbolistas, con el paso del tiempo, aprovecharon los retos y torneos en el extranjero para escaparse como Eduardo Sebrango, Maykel Galindo y Osvaldo Alonso yendo a probar suerte en el campeonato de Estados Unidos, aunque ninguno de ellos dejó su huella.

 


Aurelio Galindo