Copa Intercontinental de 1992, São Paulo FC contra FC Barcelona

 

La Copa Intercontinental de 1992, enfrentó el 13 de diciembre de 1992 en Tokio al Futbol Club Barcelona de Johan Cruyff contra el São Paulo Futebol Clube de Telê Santana. Sobre el terreno una constelación de mundialistas de los años 90 como Stoichkov, Raí, Koeman, Cafú, Laudrup, Toninho Cerezo, Guardiola, Müller, Zubizarreta o Zetti. Un reclamo suficiente como para agotar las 60.000 entradas en un tiempo récord de tan solo dos horas.

En los prolegómenos del partido nadie era capaz de aventurar cómo respondería el Barça tras caer eliminado de la Copa de Europa contra el CSKA de Moscú el 4 de noviembre de aquel año, y además preocupaba mucho el horario. «Hace más de 20 años que no jugamos a las 12 del mediodía», avisaba Johan Cruyff. «Es propio de un encuentro de juveniles», matizaba su ayudante Toni Bruins. «Nos chocará tener que levantarnos e ir directamente hacia el campo», terciaba Goikoetxea. Por su parte, Michael Laudrup, compartía sus dudas acerca a qué equipo animaría el público nipón, «hace 10 años aplaudían más los saques del portero del Liverpool que los remates de Zico, la estrella del Flamengo. En mayo comenzará su JLeague, y estoy seguro de que sentirán el calor del fútbol y ya no será frustrante jugar aquí, donde hoy interesa más el recital de Michael Jackson». Ronald Koeman, que no tuvo la suerte de Laudrup y perdió la Intercontinental con el PSV Eindhoven en 1988 pese a jugar junto a Romário, añadía otro factor: «Hay que mentalizarse de forma especial porque llegas a ella de golpe y porrazo».

 

 

Lo cierto es que los biorritmos de ambos contendientes sufrieron cambios desde agosto de 1992, pero el 4-1 infligido por el São Paulo al FC Barcelona en el trofeo coruñés Teresa Herrera sirvió de amenaza para el fútbol europeo, que solo conocía el triunfo en Tokio durante cuatro de los últimos cinco años. El São Paulo demostró que, técnicamente, era capaz de igualar, o superar, al FC Barcelona en los rondos que garantizaban la posesión de la pelota y, además, lo desarmó con toques cortos y balones largos.

 

 

La defensa brasileña, como la catalana, parecía vulnerable, pero se salvaba gracias a la facilidad goleadora de su potente ataque. Las exportaciones de Bernardo, Leonardo y Rocha abrieron las puertas a Antonio Carlos y Ronaldo como libre y marcador, mientras la vocación ofensiva del lateral Cafú dio muchas opciones en el carril derecho. En el centro del campo, junto al veterano, Toninho Cerezo, de 37, años; Adison y Pintado eran los guardaespaldas de Raí, de 27 y la pieza clave, en tanto que, Elivelton, de 21, prodigaba su zurda de oro por la banda e inquietaba por su velocidad. Müller, fracasado en el Torino FC, era fijo en la delantera y, cuando Macedo, Rinaldo e incluso Sidney parecían los más firmes candidatos para acompañarle, emergió Palhinha en el mejor momento de su carrera.

 

 

Duelo de estrellas, Stoichkov vs Raí

El delantero búlgaro del Barcelona había logrado aquel diciembre de 1992 desde que vestía la camiseta azulgrana dos Ligas y una Copa de Europa, convirtiéndose en el primer jugador de su país que lograba el máximo trofeo continental. Hristo Stoichkov no quería dejar pasar la oportunidad de sumar un nuevo título en su carrera y seguir ampliando su fama como mejor jugador búlgaro de todos los tiempos. Por esta razón, el «8» del Barcelona afirmaba que estaba super motivado para jugar la Copa Intercontinental. «Tengo muchas ganas de conquistar este título, ya que el equipo que lo gane será el mejor del mundo. Estoy fan motivado como cuando jugamos la final de la Copa de Europa en Wembley».

Stoichkov creía que no solamente él estaba muy concentrado para ganar este título. «Toda la plantilla tiene mucha ilusión en derrotar al São Paulo. Todos los jugadores del Barcelona valoramos mucho la Copa Intercontinental. Era un trofeo muy importante para todos desde que supimos que lo íbamos a jugar. Lo que ocurre, es que ahora, tras quedar fuera de la Copa de Europa (ante el CSKA en segunda ronda), tenemos aún si cabe más ganas de ganarlo. Puedo decir que actualmente los dos grandes objetivos del Barcelona de esta temporada son la Intercontinental y la tercera Liga consecutiva». Stoichkov pensaba que la Intercontinental «es un título de mucho prestigio en el mundo del fútbol, aunque la gente no lo suele valorar como otros. Además, es muy valioso que lo ganemos, ya que es el único trofeo que falta en las vitrinas del Barcelona. Nosotros ya hemos hecho historia conquistando por primera vez en la historia del club la Copa de Europa, pero no queremos detenernos ahí. Estamos dispuestos a continuar haciendo historia. Queremos que todos los aficionados recuerden a este equipo».

 

 

Respecto al São Paulo, Hristo Stoichkov consideraba que tenía un buen equipo. «Es un gran conjunto, en el que destacan algunas individualidades como Raí y Muller y que juega muy bien al ataque». Por último, el goleador del Barcelona estaba convencido de que el partido de Tokio no tendría nada que ver con el que disputaron Barça y São Paulo el pasado mes de agosto en el trofeo Teresa Herrera. «La final de la Copa Intercontinental no se parecerá en nada a aquel partido. En el Teresa Herrera, nosotros nos encontrábamos en una fase de preparación de la temporada y no habíamos cogido todavía la forma adecuada. En estos momentos estamos al cien por cien y jugando a un altísimo nivel. Los jugadores brasileños pueden estar seguros de que no nos van a meter cuatro goles como sucedió en La Coruña.

Por su parte, Raí declaraba semanas antes del encuentro que su equipo no era el favorito para ganar la Intercontinental. «El Barcelona tiene mejor conjunto, ya que lleva mucho tiempo jugando de la misma manera y con los mismos hombres. Tácticamente, es un equipo muy bien organizado, todos los jugadores conocen sus funciones y las realizan de manera coordinada. A nosotros nos falta eso. Tenemos más problemas para jugar como bloque porque en los últimos años hemos perdido a gente importante que hemos ido sustituyendo por jugadores jóvenes. Creo, sin embargo, que poco a poco nos vamos acercando más a juego de conjunto que todos queremos. Ellos son los favoritos porque al margen de su poderío como conjunto cuenta con grandes individualidades como Stoichkov, Laudrup y Koeman. Seremos un equipo agresivo, que nadie lo dude. No obstante, para que tengamos opciones deberemos mantener la concentración y el orden dentro del conjunto. Luego, si vemos que no nos salen las cosas tal y como esperamos, trataremos de que no nos creen peligro, aunque eso es muy difícil jugando ante el Barcelona».»Somos un equipo que tiene muchas opciones de ataque. Telê Santana es un entrenador que allá donde esté despliega un fútbol ofensivo y nos ha inculcado esa mentalidad. De todos modos, si la podemos llevar a cabo es porque tenemos una gran confianza en nuestra defensa, que nos da una gran tranquilidad».

 

 

El «Pacto Secreto» entre Santa y Cruyff antes del partido

La madrugada del 11 de diciembre de 1992, Telê Santana y Johan Cruyff organizaron una reunión para acordar el conocido como «Pacto Secreto» de la Copa Toyota de 1992 en el hotel donde ambos conjuntos se alojaban. Este consistía en sacar del campo a cualquier jugador que se descontrolara o no respondiera al cánon del respeto por el rival y el buen fútbol. Cafés, tabaco y gran camaradería entre ambos ambientaron aquel mágico momento. El testimonio de lujo de aquel encuentro fue el colegiado argentino Juan Carlos Lostau.

«Estaban convencidos de que perder jugando bien no es fracasar y de que en un partido leal, si se respetan los principios que los llevaron a esa instancia, no hay vencedores ni vencidos», declaró Loustau en una entrevista posterior. Por aquel entonces, era considerado el segundo mejor árbitro del mundo, había dirigido en el Mundial Italia de 1990, el partido inaugural y el de la final del Mundial sub’20 de 1987, así como la Copa América de 1989 y la de 1991.

 

 

“Lo más grande que me pasó a mí, el recuerdo más hermoso que me dejó el fútbol en más de cuatro décadas, fue dirigir la final de la Copa del Mundo de clubes en Japón, entre el FC Barcelona, que lo dirigía Johan Cruyff y el São Paulo de Telê Santana. Los dos equipos se alojaron en el mismo hotel y el árbitro también. Y como ambos hablaban perfecto el español, yo llegué dos días antes a Japón y ellos también. Telê Santana me conocía porque yo dirigía en Sudamérica. Una noche me vio pasar por el lobby, se levantó, me dio la mano y me dijo: “¿Cómo está Loustau? Venga que le voy a presentar a Johan Cruyff”. Ellos dos estaban tomando un café y a los dos días iban a jugar el partido final de la Copa del Mundo. ¿Se imagina hoy esa escena? Los dos mejores técnicos de aquel tiempo y el árbitro tomándose un café. Ellos eran muy compinches de cómo veían el juego y cómo lo ponían en práctica. Tenían la típica filosofía del buen juego. Yo compartí un café con ellos y aprendí una enormidad. Cruyff y Telê me preguntaban sobre el arbitraje y yo indagaba por qué a sus equipos los hacían jugar de esa manera. Para ellos era mal visto que un jugador pegue una patada o que no juegue un balón con el sentido de equipo. Ellos no querían nunca que la pelota se dividiera. Por eso salían jugando desde el arquero, cosa que ahora algunos equipos lo tienden a hacer. Zubizarreta era el arquero del Barcelona y Zetti del São Paulo. Y ya tenían la orden de salir jugando. Fue una tertulia de más de dos horas hablando de fútbol y más fútbol. Era imposible levantarse de esa mesa porque estaba maravillado por tantas cosas que hablaban Cruyff y Telê Santana. Y cuando ya eran como las tres de la mañana, yo tenía encima como 12 horas de diferencia, nos teníamos que ir a dormir. En ese momento Telê nos hizo poner la mano, una sobre otra, en medio de la mesa, para despedirnos, y desearnos lo mejor. Y Telê Santana le dice a Cruyff: “Hagamos un pacto: un jugador que pegue una patada, no dejemos que Loustau lo amoneste o lo eche. Lo sacamos nosotros”. “Trato hecho”, le dijo Cruyff. A dos días jugamos la final del mundo y no hubo una patada artera. Cumplieron y São Paulo ganó. Ese es el recuerdo más grande que me ha dejado el fútbol”.

Telê Santana falleció en 2006, a los 75 años; Cruyff con 69, en 2016.

 

 

El partido

La alineación por parte del FC Barcelona entrenado por Johan Cruyff fue: Zubizarreta; Ferrer, Koeman, Eusebio; Guardiola, Amor, Witschge, Bakero, Begiristain; Laudrup, y Stoichkov. En la segunda parte también participaron Goikoetxea y Nadal.

 

 

Por su parte, el São Paulo FC de Telê Santana formó con Zetti; Vítor, Ronaldão, Ronaldo Luiz, Adilson; Cafú, Pintado, Raí, Toninho Cerezo; Müller y Palhinha. En la segunda parte también participó Dinho.

 

 

El reloj del Estadio Nacional de Tokio marcaba las 12.02 horas cuando el FC Barcelona dio el pistoletazo de salida a la Intercontinental contra el São Paulo. Los hinchas japoneses ya habían dejado claro a lo largo de la mañana que apoyaban a la causa brasileña. De camino al Estadio Nacional de Tokio, el autobús del São Paulo recibió gritos de ánimo desde todos los rincones. ¡Kudassai! (buena suerte)», gritaban grupos de centenares de estudiantes con sus uniformes azul marino y banderas tricolores en las manos. A la llegada de los equipos al Estadio Nacional, mientras que el São Paulo fue recibido con una entusiasta ovación, el Barça solamente se ganó los aplausos del comité de recepción organizado por Toyota y un grupo muy reducido de aficionados nipones con las caras pintadas de blaugrana.

 

 

Aquella radical predilección del público japonés por el encanto brasileño se pudo vivir desde el primer al último minuto del partido. Bastó que el equipo español tocara el balón para que sonaran bocinas infernales en todo el estadio. Los brasileños, por el contrario, fueron aplaudidos. Pero fueron los catalanes quien marcaron primero, con un bellísimo gol de Stoichkov, a los 12 minutos. Hasta ese momento, los dos equipos se limitaban a estudiarse mutuamente.

 

 

En la segunda parte, los jugadores del São Paulo empezaron a desplegar un juego más ofensivo. En el minuto 18, Cafú disparó desde fuera del área, obligando a Andoni Zubizarreta a desviar el balón a córner. En el minuto 17, Raí coló el balón entre las piernas de Jose Mari Bakero y envió un centro raso y duro al área. Palhinha, libre en el punto de penalti, no pudo controlar y falló la ocasión. Sin embargo, Zubizarreta continuó la jugada, ya que el disparo traicionero de Ronaldo Luis fue desviado hacia su trayectoria. El portero español salvó el córner de su equipo con un gran esfuerzo.

 

 

Finalmente, en el minuto 27, Müller se escapó por la izquierda, regateó espectacularmente al «Xapi» Ferrer y centró a media altura. Raí, con su barriga, completó el gol. Una explosión de alegría en Tokio, una explosión de alegría en Brasil. Cruyff no cambió su táctica. El equipo brasileño, sin embargo, no cayó en la trampa. Plantado en su campo, siempre contraatacó con peligro, especialmente con Müller en la izquierda.

 

 

En el minuto 34, el delantero entró por detrás de la defensa española superó a Zubizarreta, pero Ferrer salvó en la línea de gol. Begiristain regateó a Vitor, Adilson y Zetti y cuándo parecía que llegaba el segundo de los blaugranas, el lateral Ronaldo Luis salió de la nada y también salvó en la línea.

 

 

Era un partido de muchos quilates entre gigantes obsesivos con el fútbol arte. Dos equipos conscientes y técnicos que buscan pacientemente el momento adecuado para hacer su jugada y decidir el título. «La calidad del São Paulo es el conjunto, pero hay jugadores, como Raí, que pueden decidir un partido», dijo el líbero Ronald Koeman al llegar a Tokio unos días antes. Era una frase profética. En el minuto 34 de la segunda parte, con un perfecto lanzamiento de falta a dos metros del área, Raí puso en ventaja al São Paulo. No había forma de evitarlo.

 

 

El Barcelona, por todo lo que había hecho en el campo hasta ese momento, no tendría fuerzas para reaccionar. Siguió jugando el balón de forma inocua, mientras el equipo brasileño era siempre más peligroso. Los aficionados brasileños ya hacían la fiesta en las gradas, cantando el tradicional «tá chegando a hora». Y cuando el árbitro argentino Juan Carlos Loustau pitó el final del partido, bastó para que decenas de aficionados y rostros japoneses pintados de negro, rojo y blanco inundaran el campo del Estadio Nacional. Por primera vez en la historia de la Copa Toyota, el estricto dispositivo de seguridad del recinto se vino abajo y los organizadores, atónitos, asistieron a un partido de fútbol legítimo.

 

 

La fiesta continuó en el vestuario, recorrió las calles de Tokio junto al jubiloso autobús de São Paulo y alcanzó su punto álgido en la mañana del martes 15, cuando los nuevos dueños del mundo aterrizaron en el aeropuerto internacional de Cumbica, en São Paulo. A partir de las 3 de la mañana, los primeros aficionados al fútbol llegaron al aeropuerto. Cuando el avión aterrizó, a las 7 de la mañana, la sala de llegadas ya estaba abarrotada con unos 5.000 mil hinchas paulistas. La copa estaba en manos de Constantino Curi, miembro de la junta directiva, y la fiesta se convirtió en una locura.

 

 

Una vez en el autobús, rodeado por la multitud que gritaba «É campeao», las estrellas no pudieron resistirse y se acercaron a la ventanilla. Primero Palhinha, siguiendo aún más fuerte el coro de la multitud. Poco a poco, todos los atletas hicieron lo mismo. Cafú tomó una enorme bandera de manos de los aficionados para promocionar su fiesta privada. A continuación, la plantilla comenzó a cantar con entusiasmo el himno del club allá donde fuera.

 

 

La euforia de las estrellas creó un auténtico carnaval tricolor hasta en el Ayuntamiento, donde Raí recibió la llave simbólica de la ciudad, y en el Palacio de Bandeirantes, donde el equipo fue homenajeado por el gobernador Luís Antônio Fleury Filho. Embriagados por la emoción y repitiendo con entusiasmo todos los gritos de guerra de la afición, los jugadores provocaron un emotivo comentario incluso del masajista Hélio Santos. «En 16 años en el Morumbi nunca he visto una fiesta como esta». La prueba de que el São Paulo de Telê Santana era una era diferente. Y el mejor equipo del planeta en 1993.

 

 

Raí, el jugador Toyota de la final

La afición paulista se había acostumbrado a los goles de Raí de Souza Vieira de Oliveira, hermanísimo de Sócrates, en los partidos decisivos. En el Campeonato Brasileño de 1991 no marcó en la final, pero fue el máximo goleador del equipo, con siete tantos. En el campeonato del Paulistão de aquel mismo año, demolió al Corinthians en el primer partido de la final, marcando tres goles al portero Ronaldo. Así se convirtió en el máximo goleador del Campeonato Paulista de 1991, con un total de 20 goles durante la campaña que dio el título al tricolor. En la Libertadores de 1992 año, fue su gol (de penalti) el que llevó el partido contra Newell’s Old Boys a la tanda de penaltis, donde volvió a dejar su impronta. Y en Tokio, Raí volvió a hacerlo, marcando los dos goles de la victoria.

El primero, un golpe de barriga; el segundo, una obra maestra de precisión en el tiro libre. Una semana antes ya había marcado tres de los cuatro goles con los que el São Paulo venció al Palmeiras por 4-2, en el primer partido decisivo del Campeonato Paulista de 1992, al igual que lo hizo contra el Corinthians en 1991. Con Raí en el campo, los tricolores nunca tuvieron dudas: el camino hacia la victoria era siempre bien conocido. Su talento y gran momento de forma le valieron para fichar por el PSG para la temporada 1993-1994, convertirse en el mejor jugador de su historia, y además ganar el Mundial de Estados Unidos de 1994 para su país.