De Billy Shankly a Johan Cruyff, los entrenadores que cambiaron el Liverpool y el FC Barcelona

 

Del mismo modo que parece vox populi entre los aficionados culés que hubo un antes y un después con la llegada al banquillo de Johan Cruyff, existe la misma creencia entre la afición “red” con respecto a la llegada de Billy Shankly en Liverpool. Shankly transformó el Liverpool, conviertiéndolo en un grande de Europa. Cruyff cogió un Barça que no era capaz de ganar más que competiciones domésticas o europeas de segundo orden, y lo llevó el 20 de mayo de 1992 a conseguir su primer título continental, ante la Sampdoria, con un gol del también holandés Koeman en la prórroga de una final inolvidable para los barcelonistas.

 

 

Es cierto que los dos técnicos han sido superados en éxitos por sus posteriores sucesores, pero ninguno ha igualado el carisma que tuvieron para sus aficionados, ni tampoco la influencia que ejercieron en sus pupilos. Se convirtieron en dos símbolos de sus respectivos clubes.

La llegada de Shankly en Liverpool, en 1959, se produjo con el equipo compitiendo en Segunda División, y con tan solo cinco ligas en el palmarés de los “reds”. Convirtió el Liverpool, conjuntamente con sus ayudantes (que luego serían grandes entrenadores de club, Ian Pasley y Joe Fagan), en un grupo de jugadores sin complejos, que competía con los más grandes y consiguió tres Ligas, dos Copas de la Liga y una Copa de la UEFA. Lo cambió todo.

En 1962 el Liverpool consiguió su ansiado ascenso, contratando a grandes jugadores como los internacionales escoceses Ron Yeats o Ian Saint John, ambos fichajes gestionados personalmente por el mismo Shankly, para llevar, años más tarde, a otros futbolistas de enorme nivel como Kevin Keegan o John Benjamin Toshack. Cambió la mentalidad de club, pasando de la mediocridad a la grandeza. Modificó el uniforme del Liverpool, hasta ese entonces vistiendo con camiseta roja y pantalones y medias blancas, y convenció a la directiva para vestir completamente de rojo, dejando atrás los pantalones blancos, que habían lucido desde 1894.

 

 

Según su teoría, la nueva vestimenta “intimidaba al rival”. Sea por el uniforme o no, lo cierto es que nació un nuevo equipo que comenzó a hacerse con la élite europea y él fue el padre de todo esto. Shankly se convirtió, además, en un ídolo para la afición, uno de estos entrenadores carismáticos, capaz de llegar como pocos en el corazón de una afición tan apasionada como la del Liverpool, única en Europa.

Y dejó, por supuesto, frases para la historia, algunas dedicadas a sus más acérrimos rivales del Everton: “Si el Everton jugara en el jardín de mi casa, correría las cortinas para no verlos”, “la ciudad tiene dos grandes equipos, el Liverpool y el equipo reserva (filial) del Liverpool“,”cuando me aburro, miro la clasificación por debajo para ver por donde va el Everton “. Y, por supuesto, para otros rivales europeos, “¿qué alineación sacaré contra el Milan? No pienso decirlo, si fuera por mí, procuraría que no se enteraran ni de la hora del partido”; sobre aficionados, “si no puedes apoyarnos cuando perdemos o empatamos no hace falta que vengas cuando ganamos”; o sobre el fútbol en general, “algunos creen que el fútbol no es una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso”.

Bill Shankly fue un tipo genial que puso los cimientos de lo que sería el mejor Liverpool de la historia, el de las Copas de Europa, el de Kenny Dalglish, Sammy Lee o Greame Sounness.

 


Frichu Yustas