Canvi de porteria al Bernabeu

Anécdotas del fútbol Vol.3: La portería

Las porterías son un elemento trascendental en un partido: los palos, la red y la línea de gol. Muchos aficionados culés recordarán perfectamente la fatídica final de Berna de 1961 en que los palos cuadrados impidieron al FC Barcelona vencer al Benfica. Los alemanes, por su parte, aún recuerdan el balón que cayó sobre la línea de gol en Inglaterra’66 que dio la victoria a la selección local. Es obvio, que sin porterías no se puede jugar al fútbol competitivo. ¿Pero qué pasa cuando las porterías juegan una mala pasada?

El 1 de abril de 1998, en el partido de ida de semifinales de Champions, el Real Madrid recibía el temido Borussia de Dortmund (vigente campeón europeo). Mientras los dos equipos y los árbitros se colocaban en fila y escuchaban el himno de la Champions, los aficionados madridistas del gol sur se colgaron en las vallas de protección y el exceso de peso hizo que los postes de la portería, ligados a la valla, se rompieran.

Los operarios del Bernabéu probaron de calzar la portería con unos tacos de madera, pero era inútil. El árbitro del partido determinó que si en media hora no se arreglaba la portería, se debería suspender el partido. Agustín Herrerín (futuro delegado del campo del club) propuso ir a la antigua Ciudad Deportiva, a dos kilómetros del estadio, buscar otra portería. Acompañado por la policía, que le permitió un exceso de velocidad, cuando llegó a la ciudad deportiva se encontró con dos problemas: las porterías estaban en un almacén cerrado por un candado y no tenía las llaves y, peor aún, no tenían vehículo para transportarlas. El azar y la fortuna quisieron que en la Ciudad Deportiva se encontraran Cándido Gómez y su sobrino, que estaban montando un escenario. Cándido consiguió forzar la puerta del almacén con su camión. Con la ayuda de diez hombres cargaron la portería en el vehículo, en dirección al Bernabéu.

Ya habían pasado los treinta minutos de margen concedidos por el árbitro y los operarios tuvieron que hacer varias maniobras para poder entrar la portería en el campo. A las 22.00 h, setenta y cinco minutos después de la hora estipulada para el partido, la portería ya estaba lista. Los alemanes no querían jugar el encuentro, dado el tiempo que llevaban esperando, y alegaron que la portería era 1 cm más alta que la del fondo norte. La UEFA decidió jugar el partido. Agustín Herrerín, Cándido Gómez y Juan Manuel y el resto de operarios habían puesto la portería, mientras que Morientes y Karembeu pusieron los goles para acercar el Real Madrid a su séptima Copa de Europa (o primera Champions).

 

 

En el Mundial de Estados Unidos de 1994, en el partido de octavos entre la gran Bulgaria de Stoixkov y la México de Jorge Campos, el jugador mexicano Marcelino Bernal salvó un gol in extremis de esquina, pero al caer sobre la red cargar un poste lateral de la portería. Aunque los mexicanos quisieron ligar la red al palo que sostenía la cámara televisiva de atrás la portería, los organizadores sustituyeron rápidamente la portería dañada por una nueva que guardaban en el mismo estadio. Minutos más tarde, México perdería 3 a 1 en aquella portería en la tanda de penaltis.

 

El inconfundible Jorge Campos observando el cambio de portería

 

Quizás el momento más surrealista vivido bajo palos, fue en 1975 cuando en un partido entre los equipos irlandeses del Athlone Town y el San Patrick Athletic, el portero local Mick O’Brien -aburrido en su portería empezó a hacer payasadas hasta el punto de que la televisión decidió focalizar su atención en él. Aburrido como estaba, imitaba a un chimpancé y se había colgado del travesaño. Hasta que se sintió un fuerte ruido y al girar el árbitro la mirada, vio el portero tendido en el suelo y el travesaño roto. Consciente de que no había sido algo fortuito, expulsó al portero.

 

Estado de la portería caído el larguero.

 

Algo similar le pasaría a William Henry Fouke, apodado “Fatty” (gordito) porque era el portero más gordo en Inglaterra: su altura (más de un metro noventa) y sobre todo el sobrepeso (llegó a superar los 150 kilos) lo hicieron famoso a finales del siglo XIX y principios del XX. Impresionaba tanto su talla que cuando jugó en el Chelsea, incluso pusieron un par niños pequeños tras la portería para hacerlo más temible a los delanteros rivales. Los niños también aprovechaban para recoger las pelotas y quizás ahí nació la figura de los recoge pelotas. Al parecer, Fatty Foulke se colgó en un partido de un travesaño y lo partió en dos. En él, siempre convivieron realidad y leyenda.

 

Fatty Foulke en el centro de la imagen militó en el Sheffield United, Chelsea y Bradford City.

 

Quien no partió el travesaño, pero hubiera podido salir peor parado, fue el portero Quique Martín, del Valencia. El 20 de junio de 1954 (el mismo día que Hungría ganaba por 8 a 3 en Alemania en la fase regular, sin saber lo que le esperaría en la final del Mundial de Suiza), en España se disputó la final de la Copa del Generalísimo entre el Valencia y el Barça. El equipo che ganó claramente por 3 a 0, provocando la invasión del campo de sus aficionados. Mientras el capitán del equipo subía las escaleras para recoger el trofeo de manos de Franco, el portero Quique Martín -con la ayuda de un fotógrafo- decidió contemplar la escena sentado arriba del travesaño de la portería, alejado de los aficionados y con una visión clara de todo. Los fotógrafos inmortalizaron la escena. Después, Quique dio la vuelta al campo con sus compañeros para mostrar la copa a la afición che. Al día siguiente, el equipo fue recibido por Franco en El Pardo. Sólo entrar, el caudillo preguntó quién era ese jugador que le había robado tanto protagonismo en la entrega de la copa. Quique confesó que había sido él, mientras pensaba “Tierra trágame”. Franco le dijo que le había parecido algo muy simpático y Quique suspiró aliviado.

 

Quique Martín, portero del Valencia

 

La red

Si los postes de la portería son importantes, no lo es menos la red. Son varios los goles (una muestra en YouTube) anulados porqué aunque el balón entra, agujerea la red y crea el efecto óptico de no haber entrado. En 1995, Quique Setién marcó un extraordinario gol en El Molinón desde fuera del área. El balón entró a gol, pero colarse por algún agujero de la red. El árbitro Rubio Valdivieso, que tenía una visión frontal, corría hacia el medio campo, pero a instancias del linier anular un gol plenamente legal. Justo lo contrario sucedió en 2013, en un partido entre el Hoffenheim y el Bayer Leverkussen. Stefan Kiessling, del equipo de la aspirina, remató un córner que no entró a gol. Pero el balón se coló por un agujero lateral de la red y el árbitro concedió un gol que acabaría dando la victoria al equipo bávaro. El jugador fue muy criticado por falta de nobleza.

La línea de gol

El 9 de julio de 2006 se disputaba la final del Mundial de Alemania entre Italia y Francia de Zinedine Zidane, que se retiraba justo después de aquel partido. En el minuto 6, penal de Materazzi a Malouda y Zidane contra Buffon. El francés opta por patear al estilo Panenka, pero el balón toca el larguero, en el suelo, de nuevo en el larguero y sale fuera y la atrapa Buffon. Zidane lo celebra y el árbitro no duda en señalar gol. La repetición lo confirma. Por un momento, parecía que el francés había fallado, pero no.

Cuarenta años antes, el 30 de julio de 1966, se enfrentan ingleses (de rojo) contra alemanes (de blanco). Corría el minuto 101 de la prórroga, cuando Geoff Hurts (que acabaría marcando tres goles en aquella final) chuta el balón a un metro del área pequeña. El balón toca el larguero, en el suelo, sale y un defensa alemán lo envía a córner. Roger Hunt, delantero inglés, automáticamente, antes de que el balón salga fuera, se gira y levanta las manos celebrando el gol. El árbitro no lo tiene tan claro. Se acerca al juez de línea y acaba concediendo el gol, para muchos conocido como “el gol fantasma”, el más famoso de todos ellos. Aunque el mismo goleador afirmaba que no había entrado del todo el balón, en 2016 (cincuenta años más tarde), Sky Sports decidió utilizar la tecnología actual para demostrar que sí, que el balón había entrado del todo. El gol fantasma no era tal.

 

 

Momento en que el balón de Hurts – a tierra- entra a gol.

Por último, un par de anécdotas más.

Un aficionado se encadena a una portería

A enero de 2012, un espectador saltó al campo del Everton, el cual jugaba contra el Manchester City de Mancini. Corría el minuto 40 y el resultado era de 0 a 0. Se encadenó con unas esposas a uno de los postes de la portería de Joe Hart. No trascendió si era por algún motivo que quisiera denunciar, pero en la camiseta que llevaba destacaba claramente el nombre de una compañía aérea low cost. Quizás, tal como ocurrió en la última final de Champions entre Liverpool y Tottenham sólo quería hacer propaganda.

La niebla

Hace ya unos cuantos años, cuando yo era adolescente, me contaron un chiste sobre el equipo de fútbol de Lepe (entonces, estaban de moda los chistes sobre esta población andaluza). El equipo se iba a jugar un partido a Inglaterra y a medio partido, como la niebla era tan espesa, el árbitro lo suspendía. Los jugadores del Lepe F.C. se iban al vestuario, se duchaban e iban hacia el aeropuerto. Ya en el avión, se daban cuenta de que no había el portero del equipo. Vuelven al campo y, después de buscarlo mucho, lo encuentran en la portería. “¿Pero qué haces aquí? Hace rato que se ha suspendida el partido”, y el portero respondía “Ya me extrañaba a mí que dominarámos tanto y que no nos atacarán”.

Curiosamente, haciendo búsqueda de anecdotario de porteros, encontré que hubo un caso real como el del chiste. Sam Bartram, portero con más partidos en el Charlton Atlético, vivirlo el 25 de diciembre de 1937. El modesto Charlton había llegado a la máxima división y en un partido contra el Chelsea, en Stamford Bridge, comenzó a levantarse la niebla. El árbitro suspendió cautelarmente el partido y todos los jugadores fueron a los vestuarios. Excepto Sam. Hasta que un policía se le acercó a la portería para explicarle la situación. A él ya le extrañaba tanto dominio de juego de su equipo en campo contrario.

 

 

Sam Bartram no sólo es conocido por la anécdota de la niebla, sino por ser el jugador con más partidos en el Charlton (623).

 

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Jaume Clavé Escofet