Adidas Tango taronja

Anécdotas de fútbol Vol. 2: La pelota

 

La pelota, el elemento esencial

“La pelota no se mancha” dijo Diego Armando Maradona en el partido homenaje de su retirada, en la Bombonera. En tan solo cinco palabras, el Pelusa resumía un claro mensaje: ni sus errores y excesos (u de otros jugadores) ni las ambiciones de los dirigentes del mundo del fútbol tenían que manchar un deporte, delicia de tantos y tantos aficionados.

Ciertamente, la pelota es el elemento imperturbable y esencial del fútbol, sin el cual no se podría practicar. Se puede jugar a fútbol sin terreno de juego, sin porterías, sin dos equipos de once contra once, pero no se puede jugar sin pelota (a pesar de que esta se puede hacer con muchos tipos de materiales). Incluso, los malabarismos freestyle -la mínima pero atractiva expresión del fútbol– necesitan de la pelota.

Cuando yo era pequeño, no era sencillo tener en casa una pelota de fútbol. En el patio de la escuela, teníamos una costumbre (creo que generalizada en todas partes) que quién la llevaba, a la vez definía las normas. Ante la ausencia del VAR, dos normas definían nuestros partidos: “Penalti y gol es gol” y, sobre todo, “¿Quien ha traído la pelota? ¿Yo, verdad? Pues si digo que es gol, es gol”. Nada más que decir; contradecir al amo de la pelota podía suponer quedarse sin jugar. Quién tenía una pelota era como un ídolo. Pero los tiempos han cambiado. ¡Demasiado! Juan Mata, el brillante jugador del Manchester United, comentaba de forma preocupante: “Antes, los niños querían una pelota para jugar; ahora, quieren unas botas y una camiseta para enseñar”. Entre todos y todas, tenemos que volver a hacer entender –sobre todo a la chiquillería- que la pelota es la esencia del fútbol; ni las botas, ni las camisetas ni los campos de césped.

Una pelota que evoluciona

La pelota ha evolucionado a lo largo de los años, modificando incluso la forma de jugar. La historia de los Mundiales de fútbol es un reflejo de la progresión de la pelota. En el primer Mundial, cada selección llevaba sus pelotas. En la final entre Uruguay y Argentina, se jugó la primera parte con el modelo argentino (Tiesto) y la segunda con el modelo uruguayo (T). Quizás la pelota tuvo algo a ver en el resultado final, puesto que la primera parte acabó 2 a 1 a favor de los argentinos y, en cambio, a la segunda parte Uruguay remontó con su pelota hasta el definitivo 4 a 2. El modelo de pelota de cuero duro y de color marrón duró hasta el Mundial 1938 de Francia, a pesar de que la pelota Allen de aquel Mundial mejoraba las prestaciones de la italiana Federale: tenía una válvula interior para hincharse y, sobre todo, ya no tenía el cordón de cuero que tantos dolores de cabeza (literales) daba a los jugadores hasta entonces. Con la pelota Allen empezaron a desaparecer las boinas del campo de fútbol.

“La boina fantasma”

Las primeras pelotas, de cuero, pesaban exageradamente cuando se mojaban o enfangaban y se deformaban tanto que se volvían incontrolables, con botes imprevisibles. Pero, por encima de todo, cuando los jugadores probaban de rematarla de cabeza, corrían el riesgo de impactar con el cordón de cuero, provocándose malas heridas. Para impedirlo, algunos jugadores optaron por jugar con boina (algunos, introduciendo incluso papel de periódico dentro).

En Argentina, amantes de poner sobrenombres a los jugadores, los históricos de Boca Juniors conocerán a Severino Varela como el “Boina Fantasma”. Severino era un delantero uruguayo que debutó con el River Plate de su país (no el argentino) en los años 30. Después de ocho años en Peñarol, fichó por el Boca Juniors argentino el 1943. El 26 de septiembre de aquel año, en el derbi argentino Boca-River, marcó de cabeza con una boina blanca que llevaba por convenio publicitario. De aquí el sobrenombre.

 

 

De la Super Duplo T a la Challenge

Severino no llegó a disputar el Mundial de Brasil de 1950 ni a patear la Super Duplo T, con cuero más suave y costuras interiores. La selección uruguaya ganó, por enorme sorpresa, contra Brasil. Había jugado dos Mundiales y ambos los había ganado (Uruguay 1930 y Brasil 1950).

La Swiss World Champion, balón oficial del Mundial de Suiza de 1954, destacaba por sus colores anaranjados. Cuatro años más tarde, en Suecia 1958, el balón se llamaba Top Star, casi haciendo honor a un joven brasileño que comenzó a hacerse famoso, Pelé. El crack del Santos no tuvo tanta participación -por lesión- en el Mundial de Chile donde la canarinha repitió título. El balón del Mundial se llamaba -precisamente- Crack y fue utilizada en la liga chilena hasta finales de los 70.

En 1966 era el turno de Inglaterra: la Challenge fue creada por una marca local. Como anécdota, todo el torneo se jugó con pelotas blancas, excepto en la final que se jugó con una pelota roja. Curiosamente -o no- la final la disputaron Inglaterra (de rojo) contra Alemania (de blanco), pasando a la historia el gol fantasma con la pelota roja.

La nueva era de los balones: Telstar, Tango, Azteca, Etrusco, Questra i Tricolore

La marca Adidas se convirtió en la proveedora de las pelotas del Mundial de México 1970, el primer mundial televisado (de ahí el nombre de la pelota). El diseño fue tan aplaudido que fue repetido en Alemania 74. En Argentina 78 apareció una de las pelotas más aplaudidas y versionadas, la Tango que repetiría modelo a Espanya82, cada vez más impermeable.

En México 86, el Azteca hizo lo mismo que el héroe del Mundial, Diego Armando Maradona: dio un salto (evolutivo, al ser el primer balón sintético de un Mundial) y se supo adaptar muy bien a la humedad y a la altitud. Desde el lado artístico, los dibujos del balón eran un homenaje al pasado cultural del país. Algo similar pasó con el Etrusco de Italia 90. Para muchos considerada una de las mejores pelotas de la historia, tanto por su diseño visual como por sus prestaciones, aunque desgraciadamente aquel Mundial no fue lo más llamativo. Quizá por eso se siguió jugando con ella en la Eurocopa del 92 y en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

La Questra de Estados Unidos recibió la queja de los porteros -como después pasaría con la Fevernova de Corea y Japón y, sobre todo, con la Jabulani de Sudàfrica- sus vuelos inesperados en el aire suponían un grave problema. Finalmente, la Tricolore (por los tres colores de la bandera francesa) cerraba una etapa de grandes pelotas.

La era moderna de las pelotas: Fevernova, Teamgeist, Jabulani, Brazuca y una nueva Telstar

El siglo XXI ha aportado innovadoras pelotas, pero no por eso mejores que las de su época precedente. La Fevernova y la Jabulani, por ejemplo, recibieron numerosas críticas. La nueva Telstar del Mundial de Rusia incorporaba un chip y su diseño pixelado era un homenaje al Mundial de México 70 (el primero televisado), pero a la vez hacía referencia a la nueva era digital.

Anecdotario pelotero

De anécdotas con pelotas no faltan. En el Francia-Suiza de la Eurocopa 2016 la pelota explotó literalmente en los pies de Griezmann y el jugador suizo Behrami. Más dudoso es si Hulk destrozó una pelota en un entrenamiento, como aparece por internet.

También fue muy anecdótico el día que Reina, en el Liverpool, paró un globo en vez de una pelota. Más divertida, pasado el tiempo, es la anécdota (con toques de leyenda) de un Boca-River de 1986. River ya era vencedor de la liga, además de la Libertadores y la Intercontinental. Pero el superderbi es el super derbi. Hugo Gatti, mítico portero de Boca, acordó con Adidas que la pelota del partido fuera de color naranja, cuando unos días antes recordaba un partido que Argentina había ganado en la URSS por 0 a 1 en un campo helado y él lo paró todo. El argumento de Gatti era que con tanto de papel de váter que caería al césped hacía falta un color destacado de la pelota si querían ganar a River. El partido combinó pelotas blancas y la naranja, pero para Gatti no tuvo el resultado que él esperaba, puesto que River ganó 0 a 2 y acabó haciendo la vuelta olímpica.

 

Pintura al óleo de Ricardo Martinez Gàlvez, “El *Beto *y la *pelota *naranja”.

 

Treinta años más tarde, en 2016, desde River quisieron hacer un homenaje a la victoria en la Bombonera con una camiseta naranja y con la Tango Naranja de protagonista en la banda derecha de la camiseta.

 

 

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Jaume Clavé