Andrea Pirlo, epítome de la elegancia en el fútbol

 

“Hay que ser una obra de arte o llevar una encima”, expresó alguna vez el dramaturgo británico Oscar Wilde y en esa medida, Pirlo cumplía las dos facetas dentro y fuera del campo de juego.

Cuando a Andrea le llegaba la pelota a los pies, lo podías acompañar con unas notas de Mozart y en el momento que disponía a tirar un pase, era como ver servir el vino más añejo por un clásico burgués, prestancia pura. Este volante italiano es sinónimo de la tan alabada elegancia de su país, caracterizada por la dosis de audacia y un gusto exquisito por el detalle, aquel detalle que inmortalizó en su pegada.

Hablar de Andrea Pirlo es hablar del buen fútbol, aquel que no se ve reflejado en las portadas de los grandes periódicos deportivos, pero del cual el gran Johan Cruyff glorificó con declaraciones de esta índole “Pirlo puede hacer que sus pies hagan lo que sea”. Y es que estaba lleno de magia, el deporte rey lo disfrutó en su máxima expresión cuando defendía la casaca del Milan, donde ganó dos Champions League, al lado de otros cracks, por supuesto. Kaká, Shevchenko o Maldini son algunos de los genios que componían a “I rossoneri” de la temporada 2005/2006.

Esa plantilla dio fruto a grandes referentes del título de la ‘Squadra Azzurra’ en tierras alemanas, contra la grandiosa selección de Francia. Pero su historia no comienza en la ciudad de Milán, su paso está marcado por el Brescia y el Inter de Milan, en este último no tuvo tanta importancia.

 

 

Pero volvamos atrás, como decía Jaime Garzón, enfocándonos en lo que la elegancia del ‘Metrónomo’ del fútbol  provocaba; respeto, admiración o en palabras más explícitas, un orgasmo colectivo, causado por la filosofía de juego de este señor, que si le buscamos nombre, la podemos asociar con el epicureísmo. Quienes lo vimos jugar, podemos decir que ningún fanático del balompié mundial lo odiaba, no había manera de parar el sortilegio que causaba su mística y tranquilidad que invadió cada círculo central que pisó y del cual se hacía dueño, rompiendo barreras sin importar credo, raza o nacionalidad.

Cuánto te extraña la caprichosa, aquella que sedujiste y la trataste de la mejor manera, dejando claro la inédita frase de Diego Armando Maradona “la pelota no se mancha”, pero que si se mancha, que sea en los pies del mayor arquitecto que parió este amado deporte.

 

 


Duvan Felipe Jaimes Torrado