El día que el Albacete Balompié jugó con un camarero y un primo del delegado

 

No es habitual encontrar casos de personas ajenas al mundo del fútbol ejerciendo de futbolistas profesionales, espontáneos que saltan al césped de forma coordinada con el cuerpo técnico y jugadores de alguno de los equipos en liza. Espontáneos que nadie sabe que lo son, pues forman parte de la alineación inicial y juegan el partido completo haciendo el papel de un jugador ausente. Y tal cosa sucedió, fruto de la necesidad y la astucia de un delegado del Albacete Balompié a principio de los años cincuenta, Emilio Belmonte, el popular “Olime”, corresponsal del diario deportivo Marca en la capital albaceteña durante más de veinte años y reputado periodista en distintos periódicos de la región.

El Albacete Balompié sufrió distintas crisis económicas prácticamente desde su fundación, hasta tal punto de que en la temporada 1951-52 no salió a competir en Tercera División por falta de dinero para afrontar la competición. Tras una serie de negociaciones con la Federación Española de Fútbol, le autorizan a que no juegue esa temporada, guardando su plaza en la categoría para el año siguiente. El popular Alba, ante la gravedad de la situación, realizaba los desplazamientos fuera de casa con el mínimo de jugadores posibles. Los once titulares, el portero suplente, el entrenador y el delegado. Únicamente catorce expedicionarios para reducir gastos lo máximo posible. En una de esas primeras temporadas de la década sucedió un hecho inaudito hasta la fecha.

 

 

El Alba jugaba en la provincia de Alicante, viajaban los catorce expedicionarios en tren, el día previo a la disputa del partido, pero por un despiste, el portero suplente y otros dos jugadores se quedaron en la estación. Una vez los componentes del equipo restantes llegaron a Alicante, llamaron por teléfono para ver si era posible que viajaran en coche hasta la capital alicantina, donde les esperaban en el hotel donde pernoctaban: La Barceta. No fue posible, ya que no se pudo conseguir ningún vehículo ni forma de que los dos jugadores requeridos se desplazaran hasta Alicante, así que no le quedaría otra al conjunto manchego que saltar al campo con nueve jugadores y prepararse para recibir una más que previsible goleada.

Pero “Olime” tuvo una ocurrencia para salvar la situación: “me acordé de un primo mío que vivía en Alicante, pero todavía nos faltaba un jugador para completar el equipo. Así que le pedí un favor a un camarero del hotel, le pregunté a qué hora finalizaba el turno el domingo y que si querría venir con nosotros a jugar”. El camarero descansaba y aceptó, y con su primo Manuel se hicieron pasar por dos de los jugadores ausentes. El domingo viajaron en tren, junto con los otros componentes de equipo, hasta la localidad donde disputaban el encuentro. El árbitro no comprobó debidamente las fichas y pasaron absolutamente desapercibidos para todo el mundo. El Albacete perdió por la mínima y nadie se enteró de la treta para salvar la situación. El bueno de “Olime” y el resto de los jugadores se conjuraron para no decir de qué encuentro se trataba por miedo a sanciones a posteriori, aunque hoy es, para muchos, un secreto a voces. El resultado fue 1 a 0 y el rival, para no traicionar a don Emilio Belmonte, nos lo callaremos.

 


Frichu Yustas
@Fritzyustas