Jordi Puyalto col·leccionista RCD Espanyol

Adiós Jordi Puyaltó, historiador y coleccionista del RCD Espanyol

 

Era mi último año de carrera y un compañero y yo decidimos abordar un tema complejo: el fútbol catalán y la política. En forma de entrevista documental. Queríamos estudiar, desde las raíces, qué de cierto había en el catalanismo intrínseco que históricamente se le había atribuido al Barça como club y, en contrapartida, si era cierto el españolismo con el que se había alineado socialmente al Espanyol. Entre otros expertos en la materia, y gracias a Xavi Boró, quien me puso en contacto con él, acudimos a Jordi Puyaltó, historiador y coleccionista de referencia del club perico, el de sus amores.

El historiador vocacional y el coleccionista, que por definición es vocacional también, suele hablar con la serenidad de aquel que no necesita demostrarle nada a nadie. No busca razones, las encuentra y por este motivo no tiende a la grandilocuencia del espabilado, que, a fuerza de engrandecer su dialéctica, esconde la pequeñez de sus argumentos. Si has llegado al punto de dominar alguna cosa porque te apasiona y, además, no tienes la necesidad de convencer a nadie de estar en lo cierto, ya solo puedes continuar creciendo.

Es fácil conectar con quien comparte tus aficiones. Y más si compartes más de una y todas ellas están relacionadas. Pasa con los chavales que se encuentran en el instituto y descubren que juegan al mismo videojuego. O pasa con dos jóvenes que devoran la misma serie al mismo tiempo y sienten que, a diferencia de ellos, el mundo se está perdiendo algo grande ahí afuera.

Después de algunas charlas previas para poner la cosa en situación, nos citamos una mañana en la grada del RCDE Stadium para grabar una deliciosa conversación a dos bandas entre él mismo y Justo Conde, veterano periodista muy vinculado al propio Espanyol y al baloncesto catalán. Se habló de todo, de la fundación del club, de cómo se convirtió en «real», de los colores herencia de Roger de Llúria, de la eterna polémica en torno al nombre del club, etc. El coloquio acabó, aprobamos con buena nota la asignatura y, ya con todo bien editado y pasados un par de meses, quedé con Jordi para darle una copia del trabajo. En Plaza Catalunya. Fue la última vez que nos vimos. Tomamos una cerveza y comimos una tapa mientras charlábamos de nuestras cosas, las mismas que nos habían puesto en el mismo camino. Y lo continuamos haciendo por teléfono durante bastante tiempo, comentando trivialidades de nuestro equipo o hablando sobre cómo andaba su corazón, que ya le estaba incordiando entonces.

 

 

 

Creo que solo los pericos conocemos y le damos la debida importancia a todo el trabajo que hizo Jordi durante toda su vida para salvaguardar, como si de una reliquia se tratase, cualquier elemento relacionado con el club y con su historia. La inversión que debió hacer para conseguirlo (a todos los niveles) tuvo que ser enorme. De alguna manera, daba la sensación de que había adquirido una suerte de encargo divino para cuidar un tesoro que él mismo nos dejaría como legado a los demás. Y al mismo tiempo que lo custodiaba, lo compartía con todo aquel que quisiera conocer un poco más acerca de él. Con una generosidad con la que te ganaba desde el principio y para siempre.

Se nos ha ido de golpe y con él se ha ido el mejor guardián para cuidar de nuestro tesoro. Pero, por encima del legado historiográfico, me quedo con lo que me enseñó de primera mano, y es que pocas cosas en la vida tienen menos que ver entre sí que el precio y el valor.

Gracias por todo, Jordi. Descansa en paz.

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Carlos Caso
@KarlosRCDE